PARQUE JURÁSICO (STEVEN SPIELBERG, 1993)


Era Jurassic Park un sueño hecho realidad. Steven Spielberg haciendo "una de dinosaurios". ¿Qué podía ser mejor? Nuestros animales prehistóricos preferidos, por fin, en una película de gran presupuesto. Ray Harryhausen siempre se había movido en la Serie B y el King Kong (John Guillermin, 1976) de Dino De Laurentis nos había escatimado a los "lagartos terribles" al apostar por un actor disfrazado para dar vida a la octava maravilla del mundo. Parque Jurásico prometía mucho y solo puede haber decepcionado a los cínicos. A los tristes.



En el trasfondo argumental de la película está el síndrome de Frankenstein, un arquetipo de la ciencia ficción que narra el castigo a un científico loco -en este caso el capitalista John Hammond (Richard Attenborough)- que "juega a ser Dios" intentando crear vida: aquí la de los dinosaurios clonados. La película adapta una novela de Michael Chrichton (1942-2008) que tiene un precedente claro en una obra anterior del escritor, Almas de metal (Michael Chrichton, 1973) en la que los robots de un parque temático acaban "rebelándose". Pero hay precedentes más conocidos: las perversas consecuencias del uso irresponsable de la ciencia es también el tema principal de Godzilla (Ishiro Honda, 1954). Las fuerzas de la naturaleza desatadas están también presentes en la deliciosa Gremlins (Joe Dante, 1984) que Spielberg produjo con el mismo tono de serie B.


Decía Steven Spielberg, en una entrevista con motivo de la edición en vídeo doméstico de Parque Jurásico, que había hecho un gran esfuerzo para que su película no fuera "una de monstruos". Yo creo que no lo consiguió, aunque haya logrado que los dinosaurios se comporten como animales reales y no como criaturas diabólicas. Pero hay referencias explícitas en su película a monstruos clásicos: cuando el doctor Ian Malcolm (Jeff Goldblum) ve la puerta de entrada al parque, cita King Kong (Ernest B. Shoedsack y Merian C. Cooper, 1933). Pero sobre todo ese primer ataque del Tyrannosaurus Rex, que se hace esperar en una escena cargada de tensión, remite a Tiburón (Steven Spielberg, 1975), al igual que los intentos de Hammond de mantener abierto el parque recuerdan a los del alcalde de Amity Island.


Esta entrega inicial establece las reglas de lo que debe ser una película de Parque Jurásico. La primera es que deben aparecer niños. Porque es la historia de un parque temático -de un zoológico prehistórico- y estos están dirigidos a un público familiar. La presencia de los niños tiene que ver, además, con el núcleo temático de cada película de la saga, con el trasfondo humano de la serie -y de gran parte de la filmografía de Spielberg- que siempre tiene a la familia como un valor primordial: ahí está la de Brody (Roy Scheider) en Tiburón, la ausencia del padre en E.T., el extraterrestre (1982) o los hijos de Tom Cruise en La Guerra de los Mundos (2005). Aquí, el doctor Alan Grant (Sam Neil) un personaje en la línea de un "Indiana Jones" jubilado- y Ellie (Laura Dern) son una pareja con posibilidades de formar una familia en el futuro. Pero Grant no está preparado para tener hijos. La aventura servirá para que el paleontólogo madure -al tener que cuidar de los nietos de Hammond- y al final nos quedamos con la idea de que será un buen padre. Parque Jurásico III (Joe Johnston, 2001) revela que esto no será así. Pero lo cierto es que esta familia forzosa no es demasiado diferente de la que forman Indiana Jones (Harrison Ford), Willie Scott (Kate Capshaw) y "Tapón" (Jonathan Ke Quan) en Indiana Jones y el Templo Maldito (Steven Spielberg, 1984).



La segunda regla jurásica es que un ser humano no puede matar a un dinosaurio. Lo dice el propio Spielberg: los dinosaurios son animales, no monstruos. Eso explica el final de esta película -un deux et machina en toda regla- en el que el Tiranosaurus Rex aparece de la nada para comerse a los velocirraptores salvando a los protagonistas en el último segundo. Un dinosaurio sí puede comerse a otro.


En Parque Jurásico, Spielberg está muy en forma y demuestra un amplio repertorio de ideas que se han convertido en momentos icónicos: el "Bienvenidos a Jurassic Park" de John Hammond; el sense of wonder en la expresión de los paleontólogos al descubrir a los dinosaurios por primera vez; las vibraciones en el vaso de agua que anuncian la aproximación del T-Rex; la pata del mismo depredador que se posa pesadamente sobre el barro; sin contar la emblemática música de John Williams. Es curioso pensar que la película trata sobre un parque de atracciones y adopta la forma -cinematográfica- de uno, convirtiéndose en una sucesión de set pieces: la persecución del T-Rex; la caída de un coche de un gigantesco árbol; la escalada de la alambrada eléctrica; el ataque de los velocirraptores. La estructura narrativa de la película también se puede comparar con las fases de un videojuego y ha marcado probablemente a los blockbusters posteriores.



Por último, es inevitable decir que los efectos especiales de Parque Jurásico fueron el comienzo de una nueva era en el cine. Pero también el final. Esta película tiene el papel algo triste de haber acabado con las monster movies tal como las conocíamos hasta entonces. Los excelentes efectos especiales digitales creados -por primera vez- por Dennis Muren, confirmaron la muerte del stop motion artesanal en el que estaba trabajando Phil Tippet, que había participado en impresionantes logros como el del tauntaun y los AT-AT de El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) o el del rancor de El regreso del Jedi (Richard Marquand,1983). Se acababa así la era de los grandes animadores que habían seguido la estela de Willis O´Brien -The Lost World (Harry O. Hoyt, 1925)- como el legendario Ray Harryhausen -El valle de Gwangi (Jim O´Connolly, 1969)- o incluso Jim Danforth, autor de los animales prehistóricos de Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (Val Guest, 1970), película a cuyo título se hace referencia en el último plano que muestra al Tyrannosaurus Rex en Parque Jurásico.