ÚLTIMA NOCHE EN EL SOHO -CIUDAD DE FANTASMAS


Hay dos elementos que valoro especialmente en el cine de Edgar Wright: su esfuerzo y su amor por el cine. Las películas de Wright -desde Zombies Party (2004) hasta Baby Driver (2017)- están cuidadosamente construidas desde el guión, meticulosamente planificadas y cuidadas en cada detalle. Y cada película del director británico demuestra su amor por el cine: prácticamente ha dedicado cada una de sus obras a un (sub)género cinematográfico diferente: los zombies, las buddy movies, las películas de invasiones, de atracos o las adaptaciones de cómics, como quien va seleccionando golosamente diferentes sabores de una caja de bombones. Las películas de Wright son pequeñas obras perfectas, aunque hasta ahora ninguna de sus películas sea considerada una obra maestra. Ni falta que hace. Digo esto porque Última noche en el Soho tampoco decepciona, de hecho, demuestra que el director está en lo más alto de su oficio. Estamos ante una de las películas del año. Una muy original y fresca aproximación hacia una historia de fantasmas, aunque las referencias de Wright se puedan intuir: la fotografía teñida de rojos y azules de Mario Bava o que sea la protagonista la que se sumerja en un mundo fantasmal que se confunde con la realidad, como en El resplandor (1980), y hay guiños claros a Repulsión (1965). En prácticamente todas sus películas, Wrigth presenta a un protagonista enfrentado al tránsito hacia la madurez: en este caso, por primera vez, una joven será la heroína, Eloise -estupenda Thomasin McKenzie-, una chica que sueña con ser diseñadora y se muda a Londres para comenzar sus estudios. Una ciudad hostil -la de Jack el destripador- que llevará a la soñadora -y algo más- Eloise a viajar en el tiempo, a los años 60, década a la que Wright rinde un nostálgico homenaje: a su cine -ahí está el cartel de Operación Trueno (1965)- a su moda, y sobre todo, a su música. La película está atiborrada de temas pop interpretados por artistas como The Who, The Kinks, la John Barry Orchestra y muchos otros, por no mencionar lo bien que canta la propia Anya Taylor-Joy. Esta última encarna un personaje misterioso en una interpretación deslumbrante en la que utiliza sobre todo sus enormes ojos para hipnotizarnos. La acompaña otro rostro peculiar, el de Matt Smith, capaz de ser un príncipe seductor y un verdadero monstruo en la misma película. Mencionemos también a los míticos Terence Stamp y Diana Riggs -a ella está dedicada la cinta- que conectan el film directamente con ese cine pop de los 60. Última noche en el Soho es un prodigioso relato audiovisual que nos transporta hacia otro mundo, guiados por la mano maestra de Wright, algo completamente esperado. Pero además sorprende que el guión que firman Wright y Krysty Wilson-Cairns se sirva de un tema muy presente en los tiempos que corren: el de los miedos femeninos. Eloise mira con desconfianza a todos los hombres que se cruzan en su camino en la imponente ciudad de Londres -la de Jack el destripador- y (casi) todos los varones que aparecen en la película parecen depredadores dispuestos a aprovecharse de ella. La película tiene momentos terroríficos y estupendas ideas para representar esos miedos (y también otros). El giro final parece pensado para buscar la reflexión sobre la violencia masculina ejercida sobre la mujer conectando con la revenge movie. Última noche en el Soho haría una estupenda doble sesión con la estimable Promising Young Woman (2020).

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