
En este episodio, descubrimos el pasado de Malick -para ello rescatan brevemente al malvado Whitehall (Reed Diamond)- y su pecado original: el sacrificio de su hermano para hacerse con el poder de HYDRA. El título del capítulo, Paraíso Perdido, confirma que esta organización no es solo un grupo terrorista o una agencia de espionaje, sino también una secta "satánica" en la que el equivalente a Lucifer es Hive, un parásito que ahora es huésped en el cuerpo del traidor Grant Ward (Brett Dalton). Tradicionalmente. el Diablo nos pone en contacto con nuestro lado oscuro y aquí esto es evidente: la culpa de Malick por haber sacrificado a su hermano a ese mismo demonio; los remordimientos de Phil Coulson (Clark Gregg) por haber matado a Ward; incluso el pasado alcohólico y violento de Lincoln (Luke Mitchell). Todo esto es más que sugerente, pero además hay estupendas ideas como la forma en la que Daisy (Chloe Bennet) desactiva las minas que protegen a su objetivo; o la vibrante pelea entre May (Ming-Na Wen) y un villano con poderes muy interesantes, utilizados de una forma muy inteligente, Giyera (Mark Dacascos). Estamos ante otro estupendo episodio de la serie, que últimamente no falla.
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