CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR (JOE & ANTHONY RUSSO, 2016)


Peleas entre superhéroes. ¿Puede haber algo mejor? Marvel Studios inaugura su tercera fase de películas -y series- con una entrega tremendamente entretenida -si te van los supertíos en mallas- que hace pensar que al invento le queda mucho futuro por delante. Lo primero que hay que decir es que no estamos ante una película con identidad propia, sino al equivalente cinematográfico de un episodio de una serie de televisión. Capitán América: Civil War es la continuación directa de Vengadores: La era de Ultrón (2015), pero obviamente es también la tercera parte de las aventuras del héroe del título, interpretado por Chris Evans: en un momento clave, el personaje repite el leitmotiv de Capitán América: El primer Vengador (2011). También es muy importante la presencia del Soldado de Invierno (Sebastian Stan), personaje principal de la secuela del mismo nombre. Eso sin contar el fichaje de Ant-Man (Paul Rudd) -divertidísimo- que tuvo su propio largometraje en 2015. La cohesión del llamado Universo Cinematográfico Marvel es tal, que también aparece Peggy Carter (Hayley Atwell), protagonista se su propia serie, Agent Carter. Incluso se recupera al General Ross -ahora secretario de Estado- que interpretara William Hurt en El increíble Hulk (2008), aventura fallida del gigante verde protagonizada por Edward Norton. ¿Alguien se acordaba?. Obviamente no es necesario haber visto ninguno de estos títulos para entender Civil War. Pero desde luego, un conocimiento previo aumentará el disfrute. Por eso mi consejo es ver estas películas como parte de una serie y nunca como obras completas. Se han acabado los tiempos en que se estrenaba un film y si tenía éxito se inventaban las secuelas. Aquí hay un plan establecido de antemano y solo podemos suponer que si alguna de estas cintas fracasa, los ejecutivos se plantearían cancelar las continuaciones: véase los ejemplos de Cuatro Fantásticos (2015) o Terminator: Génesis (2015).


Por si fuera poco, esta película podría ser, además, Iron-man 4. Tony Stark (Robert Downey Jr.) -en las tres películas sobre el personaje y en La era de Ultrón- se había mostrado siempre díscolo ante la autoridad. Por eso, para justificar aquí su enfrentamiento con el Capitán América -cualquiera diría que la cosa tenía que ser al revés- se recupera otra trama importante, la de los problemas de Tony con el legado de su padre. Para ello, volvemos a ver mediante flashbacks a John Slattery -de Mad Men- interpretando a Howard Stark -ya lo hizo en Iron-Man 2- y descubrimos a la madre, María (Hope Davis). Encima, se menciona también al Howard Stark joven de Capitán América: El primer Vengador, interpretado por Dominic Cooper en aquella y en la serie Agent Carter. ¿Puede haber más cohesión en este universo? No lo creo.


En una entrevista reciente, los hermanos Joe y Anthony Russo confesaron que Marvel Studios había dado luz verde a Civil War tras enterarse de que DC Entertainment estaba preparando Batman v Superman (2016). Pero no nos engañemos. Mientras en el ADN de los héroes Marvel está el pegarse entre ellos, lo del caballero oscuro y el hombre de acero es mucho más forzado. Lo normal es que los héroes DC clásicos sean colegas inmediatamente: entre los años 40 y 70 ambos personajes eran boy scouts sin ningún motivo para disentir. En cambio, Los Vengadores nunca se fiarán de Hulk. La pelea cinematográfica entre Bruce Wayne y Clark Kent proviene del cómic El regreso del caballero oscuro (1986) de Frank Miller, que cimentó esa visión tan oscura que asociamos ahora con Batman, personaje que mientras tuvo a un Robin pegado siempre fue incluso más infantil que Superman. Pero además, el director Zack Snyder ha convertido al kryptoniano en un tío tan oscuro, que su película ni siquiera se beneficia del contraste con su adversario encapuchado. En cambio, amigos, está película es divertida.


La serie de cómics titulada Civil War, con guión de Mark Millar -autor de The Ultimates, Wanted, Kick Ass y Kingsman- fue publicada entre 2006 y 2007. Millar suele partir de una idea potente, y esta lo era: adaptar a los superhéroes la Ley Patriota -Patriot Act- aprobada justo después del 11-S. Si en la vida real el objetivo era controlar a cualquier posible terrorista saltándose los derechos civiles, aquí los superhéroes estarían obligados a registrarse en un censo desvelando sus identidades secretas y sus habilidades. Así comienza esta película que, sin embargo, rebaja el tono de los tebeos. Millar propuso un choque entre dos formas de pensar, mientras que aquí el conflicto se diluye por la presencia de un villano cuyo plan es enfrentar a los héroes. Paradójicamente, el cómic es más adulto que el cine.


Civil War tiene una primera parte que es heredera directa de El Soldado de Invierno (2014) con un tono realista más propio de una película de espías, algo simplificada, y un conflicto muy claro e interesante. Y mucha acción. Pero es cuando los superhéroes comienzan a pegarse que esta película brilla y nos recuerda los mejores momentos de Los Vengadores (2012) o de esos tebeos Marvel que en los años 60 y 70 enfrentaban a sus héroes a tortas. Nos recuerda a los mejores momentos de nuestra infancia. En esta pelea destacan, sobre todo, Ant-Man -pendiente de una secuela con la Avispa- y por supuesto Spider-Man (Tom Holland) que aquí se presenta -por tercera vez- en una pantalla de cine. El hombre araña es probablemente lo mejor de la película, tiene un carisma bestial y la decisión más acertada del mundo ha sido convertirle en un -auténtico- adolescente. Creo que este es el Spider-Man más Spider-Man que he visto. Y eso que su tía May (Marisa Tomei) está buenísima. Espero con ansias su nueva película. Otro personaje que se presenta aquí es Pantera Negra (Chadwick Boseman) que luce muy bien en las peleas pero algo peor en su identidad secreta. Estrena su propia película en 2018. Luego, el desenlace del film recupera el tono sombrío del principio para que tenga lugar el enfrentamiento final entre el Capitán América y Iron Man. Aquí encontramos otra similitud con Batman v Superman, la de la ausencia del padre como una de las taras más recurrentes en los superhéroes. Supongo que eso está en el ADN de todos.