X-MEN: APOCALIPSIS (BRYAN SINGER, 2016)



Cuando Bryan Singer dirigió la seminal X-Men (1999) el cine de superhéroes estaba en pañales. Quizás por eso se contuvo en aquella película, dotándola de un tono de ciencia ficción low cost y evitando todo lo posible los disfraces chillones. En 2016 hemos visto a Chris Evans vestir un traje con los colores de la bandera de Estados Unidos y Marvel Studios ha puesto muy alto el listón con sus films: pueden ser mejores o peores, pero todos son muy entretenidos. En X-Men: Apocalipsis, Singer decide ir contracorriente manteniendo la frialdad y la contención de aquellas primeras entregas firmadas por él. Hay poca acción en este nuevo capítulo de abultado metraje que reincide en los trajes negros y sobrios para los héroes, a pesar de que su villano luzca un aparatoso maquillaje azul. Singer alarga demasiado su trama, que no tiene ningún ritmo y solo en el tercio final regala un poco de espectáculo. El problema quizás es que la plantilla de personajes es demasiado extensa. Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender) han perdido el protagonismo que tuvieron en X-Men: Primera Generación (2011) -que sigue siendo la mejor de una franquicia que se compone ya de 9 entregas- aunque el guionista Simon Kinberg tenga la necesidad de convertir de nuevo a este último en víctima de un régimen totalitario, antes del nazismo y ahora del comunismo detrás del telón de acero. Mística tampoco tiene demasiado desarrollo, interpretada por una Jennifer Lawrence que parece aburrida. Por un lado se reintroducen personajes como Cíclope, Jean Grey o Tormenta para conectar con la trilogía original, pero al mismo tiempo aparecen otros como Rondador Nocturno o el Ángel que contradicen lo visto en aquellas. Por último, creo que Olivia Munn no dice ni una sola palabra en su papel de Psylocke. Por lo tanto, no hay acción, pero tampoco se profundiza en los personajes y, de hecho, Singer recurre a flashbacks de escenas de las películas anteriores para extraer algo de la emoción perdida de aquellas.


Aún así, X-Men: Apocalipsis tiene numerosos aciertos. Singer hace bien en mezclar géneros. El peplum, en el prólogo en el antiguo Egipto; el terror, en los momentos protagonizados por Apocalipsis, un villano cercano a Drácula o a la Momia; el cine de catástrofes, en un espectacular tercio final que tiene acción y efectos especiales como no se habían visto nunca en una película de esta franquicia. Rondador Nocturno (Kodi Smith-McPhee) es un claro homenaje a Michael Jackson y protagoniza momentos que nos hacen recordar lo mejor de X-Men 2 (2003); Mercurio (Evan Peters) vuelve a robarse el show como en X-Men: Días del futuro pasado (2014) y no puedo olvidar la fantástica aparición de Arma-X. Eso sí, Singer se permite la chulería de hacer salir a sus personajes de un pase de El retorno del Jedi (1983) y hacerles decir que las terceras partes siempre son las peores. El dardo no solo va contra los ewoks, sino contra X-Men: La decisión final (2006) tercera y desastrosa entrega dirigida por Brett Ratner cuando Singer decidió dirigir Superman Returns (2006), otro fiasco, por cierto. Alguien debería recordarle al director de Sospechosos Habituales (1995) que X-Men: Apocalipsis se puede considerar también la tercera parte de una nueva saga.


Apocalipsis, creado en los cómics en 1986 por el matrimonio de artistas Louise y Walter Simonson, es un poderoso y antiguo mutante que cree que debe poner a prueba a la Humanidad con catástrofes periódicas para asegurar la supervivencia del más fuerte -los mutantes- una idea que ahora puede tener otra lectura: se trata de una metáfora del capitalismo y sus cíclicas crisis. Pero encontramos otra visión posible en esta película ¿No es Apocalipsis (Oscar Isaac) un fundamentalista de Oriente Medio con el objetivo de destruir el mundo por “decadente”? Por último, la historia se sitúa en 1983, un período de fuerte recesión económica mundial y con el incidente conocido como Able Archer 83, "considerado por muchos historiadores como el más cercano a una guerra nuclear mundial, desde la Crisis de los misiles en Cuba de 1962", que ya vimos en X-Men: Primera Generación (2011).