SONIC -LA PELÍCULA



En 1991 cuando siendo un crío jugaba a Sonic The Hedghog en la consola Sega Megadrive -en realidad la mía respondía al nombre americano de Genesis-, jamás me habría imaginado que aquello podría convertirse en una película. En aquellos tiempos los videojuegos eran algo infantil y minoritario. Pero es que, además, los que jugábamos con la consola de Sega estábamos claramente superados por la competidora de Nintendo, cuya 'mascota' oficial, Mario, era mucho más popular. Casi 30 años más tarde, tenemos una filmografía espantosa pero nutrida de películas basadas en videojuegos -incluida la denostada Super Mario Bros. (1993)- y no sorprende a nadie que aparezca otro título inspirado en una franquicia de la industria del 'ocio electrónico'. En 2020 estamos cansados de escuchar que los videojuegos generan más beneficios que el cine y la música, y nadie se escandaliza si se compara la narrativa de una película 'seria' como 1917, con el Call of Duty. Dicho todo esto, nadie esperaba nada de Sonic: La película. Se trata de un juego de plataformas en el que la velocidad es el ingrediente principal, con un argumento mínimo, que, sin embargo, habría sido ampliado en secuelas y series de dibujos animados infantiles. Para terminar de desactivar cualquier hype sobre esta película, recordemos el polémico rediseño del personaje principal tras las quejas de los fans. Eso por no hablar de la presencia de Jim Carrey en el papel de gran villano -el doctor Robotnik-. Carrey me parece un estupendo actor -que actualmente brilla en la serie Kidding- pero sus días como reclamo que asegura la taquilla, se acabaron hace mucho. Con estos ingredientes, lo suyo era alejarse de una película como Sonic. Pues bien, resulta que no está nada mal. Sobre todo teniendo en cuenta que el cine actual ofrece pocas opciones a los que tenemos hijos, más allá de Disney y Pixar. Sonic funciona, básicamente, porque no inventa nada. El planteamiento es tan sencillo como convertir al erizo azul -con la voz de Ben Schwartz- en el equivalente al visitante de E.T. El extraterrestre (1982), eso sí, con los superpoderes de Flash. Sin ninguna pretensión, la película se convierte en una aventura, con mucho humor -no demasiado brillante- que consigue lo imposible: que un personaje que solo funciona como píxeles, resulte creíble en su interacción con su compañero humano, Tom (James Marsden). La película no destaca en nada, pero tiene, ciertamente, corazón y va a favor de la corriente, sin forzar ninguna de las situaciones que plantea. Su estructura, como suele ocurrir en Hollywood, sigue el llamado 'viaje del héroe' de Joseph Campbell: primero veremos al protagonista en su ambiente natural, luego encontrará obstáculos, aliados, enemigos, parecerá morir y resucitará más poderoso que nunca. Si os suena esto es porque lo habéis visto ya en Star Wars (1977), Matrix (1999) o en la ya mencionada película de Steven Spielberg. Sin tomarse nada demasiado en serio, y con tres secuencias espectaculares basadas en la supervelocidad de Sonic -ya vistas, por ejemplo, en X-Men: Días Días del futuro pasado (2014) (en la que por cierto también aparece Marsden como Cíclope)- Sonic es una estupenda opción para pasar un rato divertido de palomitas con los niños.

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