MICHAEL -LARGA VIDA AL REY


Hay más cine en la mayoría de los videoclips de Michael Jackson que en la película
Michael (2026). El rey del pop, un tipo visionario, colaboró nada menos que con Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, John Landis, Spike Lee, David Fincher o John Singleton en un puñado de videoclips fantásticos y revolucionarios. Sin embargo, el competente Antoine Fuqua fracasa en este biopic intrascendente, plano, sin enjundia dramática y con números musicales que ni siquiera son demasiado espectaculares. No hay prácticamente vida ni verdad, ni ninguna idea interesante, en el relato biográfico de Michael Jackson, interpretado, primero, por el carismático Juliano Krue Valdi, y luego por el sobrino del cantante en la vida real, Jaafar Jackson. El primero consigue dar vida a su personaje y transmitir el inmenso carisma de la estrella infantil, pero el segundo solo consigue una imitación del cantante, cosa nada fácil, sin caer en la caricatura. El problema es que los personajes de la película apenas están dibujados, son como meros bocetos sin peso dramático. Si en la estupenda Un completo desconocido (2024) se apostaba por dejar en el misterio la figura de Bob Dylan, y en la estimable Deliver Me From Nowhere (2025) se intentaba profundizar en la psicología de Bruce Springsteen, Michael se parece más a la recreación superficial de la nefasta Bohemian Rhapsody (2018) y acaba convirtiéndose en una suerte de concierto homenaje con un estupendo imitador haciendo gala de tres canciones ¡íntegras! para abultar su renqueante metraje. Es imposible saber qué fue del guión original de John Logan, pero aquí nos encontramos con una película que tiene un solo conflicto, el de Michael con su padre, al que da vida un siempre estupendo Colman Domingo, inexplicablemente sepultado bajo un innecesario maquillaje, y auténtico villano de la función, como lo es Tom Hanks en Elvis (2022), seguramente el mejor biopic musical de la última hornada -de la quema tampoco se salva Rocketman (2019)-. Estamos, por tanto, ante un film fallido, sin gracia, que solo se apoya en el poder de la música de Michael Jackson, que sigue vigente. El artista y su leyenda siguen siendo enormes, a pesar de las turbias acusaciones de supuesta pedofilia y pederastia, ausentes en el metraje, lo que, la verdad, no me molestaría especialmente si se tratase de una decisión artística. Habría que preguntarse si realmente Michael Jackson, siendo un pederasta en la mente de muchos, podría ser sin embargo objeto de una película tan exitosa en taquilla como esta. ¿Dónde está la supuesta dictadura de la cancelación? En todo caso, Michael, es la razón por la que las películas podrían acabar siendo realizadas por una Inteligencia Artificial.

YO SIEMPRE A VECES -ENSAYO Y ERROR


Lo más difícil de asumir en la vida son, primero, nuestras contradicciones y después, las de los demás. Yo siempre a veces (2026) es una serie sobre una mujer real: con defectos, que comete errores, que casi nunca acierta y que tendrá que asumir sus contradicciones una y otra vez. La relativa originalidad del guión de Marta Bassols -a la que veremos también como actriz- y Marta Loza es proponer como protagonista a un personaje femenino muy lejos de estar idealizado. Laura, interpretada por Ana Boga, que me parece una revelación, es una joven normal, no especialmente brillante, con un físico no normativo, que fuma, bebe alcohol y se droga, que le gusta estar de fiesta y se enamora ingenuamente de un tipo tan imperfecto como ella, Rubén (David Menéndez), un 'hijo de mamá' egoísta e inmaduro. Es esta pareja la que se nos presenta en el primer capítulo de la serie y, aunque intuyo que el espectador de la misma generación puede sentirse identificado, la idea es que nos parezcan dos descerebrados. Intuición que se confirma cuando Laura se queda embarazada y se convierte en una madre a la fuerza. Los siguientes episodios nos muestran cómo Laura debe lidiar con su nueva situación, lo que la aleja del camino que tenía trazado en su vida -vivía y trabajaba en Berlín- y la devuelve a Barcelona donde se enfrenta al problema de la vivienda, al trabajo precario y a la misión imposible que es la conciliación familiar en España. No solo eso, Laura debe lidiar también con sus padres -Paco Tous y Belén Ponce de León-, con sus compañeros de trabajo y con sus amigues. Todos le dirán a Laura cómo vivir su vida y algunos intentarán ayudarla con escaso éxito. En este proceso vital de Laura, de convertirse en madre, veremos el coming of age de una treintañera, que a pesar de su edad y su independencia seguía siendo una adolescente. Ahora no le quedará más remedio que asumir que sus nuevas responsabilidades limitan su libertad, sus deseos e incluso sus oportunidades de ser feliz, o al menos, de alcanzar lo que ella pensaba que era la felicidad. Todo esto se cuenta en cinco episodios -tras el prólogo- que nunca intentan dar lecciones morales ni criticar esas problemáticas que todos conocemos, sino contar la historia de este personaje, las cosa que le pasan, los problemas en los que se mete, con mucho amor y más de una digresión que se sale de la posible agenda de temas sensibles, lo que se agradece. El guión es francamente inteligente y la producción corre a cargo de los Javis, lo que sigue siendo sinónimo de calidad, frescura e incluso algo de riesgo -y de una serie de temas progresistas-. Detrás de la cámara encontramos a las dos Martas, y a realizadoras como Claudia Costafreda y Ginesta Guindal, que imprimen ese estilo de cine indie que vemos en muchas series de los Javis, que resulta estéticamente atractivo, intimista y emotivo y que juega con el montaje y la música de una forma original. Un empaque atractivo para seguir las aventuras y desventuras de Laura. Si la dramaturgia convencional exige que los personajes aprendan de sus errores y cambien, a ella la veremos madurar para luego equivocarse otra vez. Como en la vida real.

LA MOMIA DE LEE CRONIN -POSESIÓN EGIPCIA INFERNAL


Una de las escenas más perturbadoras de la historia del cine de terror es soprendentemente sencilla: cuando Cheryl clava un lápiz en el tobillo de Linda en Posesión infernal (1981). Es imposible ver esa escena sin encogerse y retorcerse en la butaca del cine y de ello parece haber tomado buena nota el director irlandés Lee Cronin para marcar el tono y fabricar varios momentos muy desagradables en su versión de La momia (2026). Este monstruo clásico ha tenido ya los rasgos de Boris Karloff en la fantástica película expresionista dirigida por el checo Karl Freund para la Universal en 1932; los del altísimo Christopher Lee en la preciosa película de colores saturados de Terence Fisher para Hammer en 1959; y los de Arnold Vosloo en la aventurera aproximación de Stephen Sommers de 1999. Pero esta nueva momia no es un gigante vendado de andares pesados e impulsos asesinos. Cronin apuesta por un planteamiento novedoso que nos sitúa en la actualidad en Egipto y que comienza con el misterioso rapto de una niña, Katie (Emily Mitchell), en un prólogo con ecos de El hombre que sabía demasiado (1956). Tras esto, la historia se desarrolla en el interior de una vivienda familiar y se convierte en una película de casa encantada y sobre todo en una historia de posesiones diabólicas. Porque bajo las vendas de esta nueva versión de la momia se esconde una secuela apócrifa de la ya mencionada Posesión infernal, saga creada por Sam Raimi, a la que Cronin ya aportó la inquietante Posesión infernal: el despertar (2023), que tiene muchísimos puntos en común con esta. Cronin propone a la familia como blanco de un mal contagioso y el hogar como el escenario del terror. En su película, los lazos familiares son la trampa por la que los Cannon serán víctimas de situaciones de terror extremo. Lideran el reparto nuestra Laia Costa, Jack Reynor, Shylo Molina, Billie Roy, Carmen Santiago y una poseída Natalie Grace. Porque Posesión infernal no dejaba de ser un exploit hiperactivo de El exorcista (1973) y aquí se sigue notando esa influencia. Los escenarios egipcios remiten, además, a los paisajes africanos de Exorcista II: El hereje (1977) o de El exorcista: el comienzo (2004). Cronin mezcla todo esto y, si bien poco hay de momia en el resultado y se nota demasiado la sombra de Evil Dead, el festival de momentos sangrientos, body horror, y situaciones extremas -incluyendo un sentido del humor muy retorcido- compensa de sobra su carácter derivativo. Con una historia que busca ser oscura, violenta y de una crueldad muy física, en la línea de las recientes Cuando acecha la maldad (2023) o Devuélvemela (2025), La momia de Lee Cronin es terror puro y extremo sin coartadas, una película con cierta ambición, redonda, que no defraudará al fan de las emociones fuertes.

EL SONIDO DE LA CAÍDA -CUATRO MUJERES


Una granja durante casi un siglo. La directora alemana Mascha Schilinski se muestra ambiciosa artísticamente en la monumental El sonido de la caída (2026), ganadora del Premio del Jurado en Cannes y que exige a sus espectadores que estén a la altura de sus pretensiones. La película se divide en cuatro historias sobre cuatro chicas que viven en otras tantas épocas diferentes: poco antes de la Primera Guerra Mundial, en plena Segunda Guerra Mundial, en los años 80 durante el comunismo y en la actualidad. Todos esos tiempos y la vida de esas cuatro jóvenes se van cruzando sin avisar, obligando al espectador a resituarse constantemente. La cámara de Schilinski se asoma a cada una de estás etapas de la historia de un país como testigo mudo de acontecimientos íntimos. Alma (Hanna Heckt), Erika (Lea Drinda), Angelika (Lena Urzendowsky) y Nelly (Zoë Baier) son las niñas y jóvenes a las que conoceremos, cada una con sus conflictos y con sus familias, madres, padres y hermanas. Es fácil perderse en la enredada trama y en los continuos saltos temporales. Es complejo extraer un sentido argumental y un mensaje de todo lo que se presenta al espectador. Y seguramente es mejor dejarse llevar por el flujo narrativo -resalta el laborioso montaje de Evelyn Rack- sin prestar demasiada atención a los detalles, dejando que nos arrastre una corriente dramática de momentos emocionantes, trágicos, poéticos. La película tiene la fuerza del amplio reparto, sobre todo de actrices jóvenes, y de la recreación de cada época en sus decorados y vestuario. Las imágenes son subyugantes, con una estupenda fotografía -a destacar las escenas nocturnas, con apenas iluminación- de Fabian Gamper. Con un metraje que supera las dos horas y media, Schilinski nos exige paciencia mientras las vidas de las cuatro chicas coinciden, resuenan, se reflejan como ecos en la historia alemana. La película habla del papel de la mujer a través de las décadas, de discriminación y abusos, de incomprensión e incomunicación, de la inocencia y del despertar sexual, de la pérdida y la familia, de la vida y la muerte, de la necesidad de escapar, de huir a la otra Alemania, o de quitarse la vida -y Schilinski hace un bonito homenaje a la muy pertinente Mouchette (1967) del maestro Robert Bresson-. Un río, las anguilas que nadan en sus aguas, un granero, una pierna amputada, las moscas que buscan bocas, son algunos de los motivos poéticos que Schilinski encuentra con su cámara y que se van repitiendo de historia en historia como versos que resuenan en un poema épico que vuela muy alto y que supone la puesta de largo de una directora joven y prometedora.

MARACUDA -AVENTURA PREHISTÓRICA


Con una visión de la prehistoria cercana a los Picapiedra llega la divertida Maracuda (2026), cinta de animación destinada a los más pequeños y una estupenda ocasión para llevar a los niños al cine. El protagonista es Maracuda, un joven torpe y con déficit de atención pero de buen corazón que decepciona una y otra vez a su padre, el jefe del clan. En la línea de Los Croods (2013) o Cavernícola (2018) la película genera humor mostrándonos la vida en una prehistoria con aspectos realistas -la dificultad de hacer fuego, la vida nómada, la búsqueda constante de comida- pero también colorida y fantasiosa para asegurar la diversión. El mejor ejemplo es el personaje de Tink, un pájaro extraterrestre mágico con el extraño poder de evolucionar y transformar a los seres vivos, lo que da muchísimo juego durante la película. Dirigida por el ruso Viktor Glukhushin, especializado en animación, la trama tiene un ritmo estupendo, encadenando situaciones de aventura, acción y humor -además de algunos momentos emotivos- y aunque estamos ante una producción independiente, la película cumple con una imagen bonita y una narrativa clara. Hay un montón de personajes divertidos: además de Tink, Maracuda y su padre, está su hermana, la mejor cazadora del clan, además de una divertida abuela y el bruto y velludo Aha; por no hablar de todo tipo de animales extraños, incluyendo un despistado dinosaurio. Maracuda ofrece todo esto y, además, mensajes positivos sobre las relaciones entre padres e hijos, la amistad y el aprender a asumir responsabilidades. Una película recomendada para esa primera experiencia en una sala de cine de los más pequeños.

INCONTROLABLE -EN BOCA CERRADA


¡Cuidado con lo que dices! La discreción y la prudencia, más que expresiones de buena educación, son actualmente puro instinto de supervivencia. Un comentario ofensivo, una manifestación política o un simple chiste pueden dinamitar rápidamente con nuestra vida social. ¿Quién no ha metido la pata alguna vez por decir lo que no debía? En este ambiente opresivo hay que imaginar el sufrimiento del protagonista de Incontrolable (2026), John Davidson, que sufre el síndrome de Tourette, lo que le lleva a soltar espontáneamente, en los peores momentos, esas palabras o ideas que nunca se deben decir en público. Una historia real -amplificada por lo ocurrido en los premios Bafta- que conoceremos en esta estupenda película escrita y dirigida por Kirk Jones. Este biopic modélico tiene los rasgos de identidad de la comedia social británica de los últimas dos décadas, que nos cuenta un conflicto o un problema dramático con una mirada humanista y mucho humor. Bien escrita y dirigida, esta cinta goza además de estupendos intérpretes, empezando por el galardonado Robert Aramayo, que resulta completamente verosímil en un personaje que le exige todo tipo de tics, gritos e improperios que deben parecer involuntarios. Le acompaña un reparto entrañable formando por Scott Ellis -quien interpreta al Davidson adolescente-; una estupenda y maternal Maxine Peake, además de Shirley Henderson -la única 'villana' de la función- y un fantástico Peter Mullan que nos hace recuperar la fe en el ser humano. No se le puede pedir mucho más a una película que una historia bien contada, bien fotografiada y mejor interpretada, encima, sobre una historia verídica de superación que reboza optimismo. Pero es verdad que Incontrolable es, quizás, demasiado convencional y demasiado neutral: evita cualquier reflexión sobre la sociedad en la que vivimos, sobre la hipocresía de lo políticamente correcto y eso que llega a la conclusión de que el problema no está en tener el síndrome de Tourette, sino en la falta de educación de la sociedad, una idea estimulante que daba para mucho más.

UN POETA -VERSOS DEL SUBDESARROLLO


Hay películas que son la vida y Un poeta (2026) me parece una de ellas. La cinta del colombiano Simón Mesa Soto es una comedia triste anclada en la realidad, sin renunciar por ello a un humor casi surrealista por la vía de lo grotesco. El planteamiento es sencillo: un poeta fracasado, Óscar (Ubeimar Ríos), vive con su madre sin ninguna esperanza de futuro hasta que descubre a una adolescente, Yurlady (Rebeca Andrade), con un prometedor talento natural para la poesía, lo que lo lleva a intentar convertirse en su mentor. Esta sinopsis hace pensar en una historia de superación y redención, siguiendo un esquema argumental -el encuentro de dos personajes en momentos vitales muy diferentes- que remite al cine indie estadounidense más convencional -y exitoso-, pero la mirada de Mesa Soto impregna el relato de humor negro, de sátira, provocando en el espectador una risa hiriente. Un reparto de actores naturales con un físico no normativo sirve para representar en pantalla a personas reales con sus defectos, e incluso se nota una cierta querencia por el rasgo físico peculiar. La estética de la película, el vestuario y los escenarios, es feísta, e incluso kitsch, lo que convierte a este director en el pariente colombiano de Jared Hess -Napoleon Dynamite (2004)-. Estamos ante la historia de un perdedor, cuyas desgracias se acumulan una detrás de otra -para hacernos reír- y con ello Simón Mesa dibuja una despiadada caricatura social: la marginación del inadaptado; la fragilidad de la vocación artística y la hipocresía del mundo de la alta cultura; la ridiculez de los que viven de las apariencias y la miseria de las clases desfavorecidas convertidas en supervivientes a los que no les interesa la moral ni el arte. En Un poeta encontramos acertadas y afiladas metáforas sobre la sociedad actual y sus defectos más universales, pero si vamos a lo concreto nos encontramos con un retrato de Colombia como país y, por extension, de la realidad de Latinoamérica, donde los países parecen condenados a vivir en una absurda imitación de los modelos capitalistas, pero sin recursos, desde la miseria, sin perspectiva de progreso y siempre con la nostalgia de los sueños revolucionarios frustrados. Un poeta es una comedia que nos hace reír con un humor esperpéntico que esconde sin embargo una mirada humanista y la tierna historia del amor -imposible- entre un padre irresponsable y una hija con sentimientos de abandono. Una de las películas del año.