LA MOMIA DE LEE CRONIN -POSESIÓN EGIPCIA INFERNAL


Una de las escenas más perturbadoras de la historia del cine de terror es soprendentemente sencilla: cuando Cheryl clava un lápiz en el tobillo de Linda en Posesión infernal (1981). Es imposible ver esa escena sin encogerse y retorcerse en la butaca del cine y de ello parece haber tomado buena nota el director irlandés Lee Cronin para marcar el tono y fabricar varios momentos muy desagradables en su versión de La momia (2026). Este monstruo clásico ha tenido ya los rasgos de Boris Karloff en la fantástica película expresionista dirigida por el checo Karl Freund para la Universal en 1932; los del altísimo Christopher Lee en la preciosa película de colores saturados de Terence Fisher para Hammer en 1959; y los de Arnold Vosloo en la aventurera aproximación de Stephen Sommers de 1999. Pero esta nueva momia no es un gigante vendado de andares pesados e impulsos asesinos. Cronin apuesta por un planteamiento novedoso que nos sitúa en la actualidad en Egipto y que comienza con el misterioso rapto de una niña, Katie (Emily Mitchell), en un prólogo con ecos de El hombre que sabía demasiado (1956). Tras esto, la historia se desarrolla en el interior de una vivienda familiar y se convierte en una película de casa encantada y sobre todo en una historia de posesiones diabólicas. Porque bajo las vendas de esta nueva versión de la momia se esconde una secuela apócrifa de la ya mencionada Posesión infernal, saga creada por Sam Raimi, a la que Cronin ya aportó la inquietante Posesión infernal: el despertar (2023), que tiene muchísimos puntos en común con esta. Cronin propone a la familia como blanco de un mal contagioso y el hogar como el escenario del terror. En su película, los lazos familiares son la trampa por la que los Cannon serán víctimas de situaciones de terror extremo. Lideran el reparto nuestra Laia Costa, Jack Reynor, Shylo Molina, Billie Roy, Carmen Santiago y una poseída Natalie Grace. Porque Posesión infernal no dejaba de ser un exploit hiperactivo de El exorcista (1973) y aquí se sigue notando esa influencia. Los escenarios egipcios remiten, además, a los paisajes africanos de Exorcista II: El hereje (1977) o de El exorcista: el comienzo (2004). Cronin mezcla todo esto y, si bien poco hay de momia en el resultado y se nota demasiado la sombra de Evil Dead, el festival de momentos sangrientos, body horror, y situaciones extremas -incluyendo un sentido del humor muy retorcido- compensa de sobra su carácter derivativo. Con una historia que busca ser oscura, violenta y de una crueldad muy física, en la línea de las recientes Cuando acecha la maldad (2023) o Devuélvemela (2025), La momia de Lee Cronin es terror puro y extremo sin coartadas, una película con cierta ambición, redonda, que no defraudará al fan de las emociones fuertes.

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