ÈREM UNA GRAN FAMILIA -METRAJE ENCONTRADO


Una fotografía es un momento congelado en el tiempo. Y una película es el tiempo inmortalizado. Hay algo mágico en el acto de coger una cámara y captar un momento de la vida y arrancarlo de la fugacidad del presente. Esa magia, quizás, ha perdido hoy parte de su poder: vivimos rodeados de cámaras, fabricamos imágenes continuamente con nuestros teléfonos móviles, hemos convertido las redes sociales en una galería de las imágenes de nuestras vidas. El documental 
Èrem una gran família (2026) de la directora debutante Cristina Rosselló, que se presenta en el D'A Festival Cinema, recupera el poder primitivo de las imágenes del cine en sus inicios, ese que en 1896 sorprendía a los espectadores con la llegada de un tren a la estación. Rosselló rescata las películas caseras de una familia de Vic, los Riera Fiter, entre los años 1942 y 1999, mucho antes de la omnipresencia de los mencionados móviles. La directora nos cuenta así la historia de una familia, a la que vamos descubriendo poco a poco de forma asombrosa. Van pasando los años y delante de nuestros ojos vemos a estas personas crecer, madurar y casarse, tener hijos y envejecer. Esto es, de por sí, muy valioso. Roselló devuelve la importancia a las imágenes por su valor intrínseco como documento histórico y como testimonio de estas vidas, pero además las realza valiéndose del montaje y de la música, con técnicas de videoarte, que imprimen evocadoras atmósferas al relato y que nos hacen anticipar cómo va a evolucionar la vida de estas personas. No hay necesidad de narraciones en off, ni de textos -más allá de los que marcan la cronología- ya que las imágenes de los retratados dicen mucho sobre su estilo de vida, sobre la época en la que viven, sobre la personalidad de cada uno. Para complementar lo que vemos, Roselló entrevista a los miembros de esta familia, cuyas voces aparecen explicando -subjetivamente, claro- quién es quién en el árbol genealógico que aparece en la pantalla. Pero hay más. Un recurso especialmente afortunado es el que hace Roselló de los noticiarios de cada época, concretamente de sus locuciones, que utiliza para explicar las películas caseras rodadas por la propia familia. Y aunque esos textos hablados estaban pensados para acompañar otras imágenes, por coincidencia y por contraste sirven aquí para contextualizar lo que vemos. Con ello se consigue contar también la historia de España y de Cataluña en el último tramo del siglo XX, siempre desde el microcosmos de una familia concreta con sus peculiaridades. Las relaciones de un matrimonio, las dinámicas entre padres e hijos, las cosas que pasan entre los hermanos, se suman a cómo fue la dictadura franquista para una familia burguesa y afín al régimen, a la que conocemos en su esplendor pero también en su decadencia, en un retrato real nada lejos de la satírica La escopeta nacional (1978) de Berlanga. La familia vista como ese grupo fundamental en el que vivimos los momentos más felices, pero también en el que aparecen los celos, el rencor, la frustración y esas penas que arrastramos durante toda una existencia. Èrem una gran família está llena de imágenes poderosas, de ideas que invitan a la reflexión y, claro, de nostalgia por un tiempo rescatado del olvido que acaba siendo el de todos.

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