¿Estamos realmente preparados para el amor? Nos pasamos la vida soñando con historias románticas, idealizadas, en literatura, cine y televisión, que son pura ficción. Pero ¿Cómo amamos en la vida real? Seguramente no seguimos los dictados de nuestro corazón -quizás para bien- y preferimos atender primero a cuestiones prácticas como la cercanía, la posición económica, la pura costumbre, la hipoteca, los hijos, para elegir o mantener una relación antes que dejarnos llevar por un flechazo, que, sospechamos, tampoco iba a durar demasiado. En la vida real amar significa arriesgar, abrirse a otra persona, mostrarse vulnerable y exponerse a que el otro no atienda nuestros deseos al dedillo, que nos rechace o nos deje directamente colgados. La película Pillion (2026) -que significa 'ir de paquete' en una moto- hace un maravilloso análisis de todo esto al contarnos la historia de dos hombres, el tímido y apocado Colin -un magnífico Harry Melling- y el misterioso y guapísimo Ray -un apolíneo Alexander Skarsgard con mirada rompecorazones- afín a la ropa de cuero y que encima es motero. Dos personajes que pueden parecer disímiles pero que acaban formando pareja, o algo así, porque la trama se desarrolla en el submundo del sadomasoquismo: Ray es el amo, Colin su siervo. La estupenda ópera prima del británico Harry Lighton adapta la una obra de la serie literaria Box Hill de Adam Mars-Jones y nos mete de lleno en un mundo de hombres homosexuales y moteros sadomasoquistas. Un mundo fascinante con sus propias reglas y su estética de cuero y cadenas, que sirve de metáfora para entender cualquier relación sentimental humana. En una pareja, los amantes deben estar dispuestos a entregarse completamente, o de lo contrario el vínculo acabará rompiéndose. Aquí, Colin decide seguir las reglas que le impone Ray, enfrentándose a sus entrañables padres (Lesley Sharp y Douglas Hodge) y dejando a un lado su forma de entender la vida -y el amor- para satisfacer a Ray. Todo esto está contado de forma brillante, con mucho humor, humanidad y emoción, a través de interpretaciones brillantes y varias escenas de sexo que, lejos de ser gratuitas, ayudan a contar esta historia. Y la pregunta que plantea este maravilloso film es la misma que se plantea en algún momento en cualquier relación de pareja ¿Están los dos dispuestos a entregarse completamente?
PILLION -LA EXTRAÑA PAREJA
¿Estamos realmente preparados para el amor? Nos pasamos la vida soñando con historias románticas, idealizadas, en literatura, cine y televisión, que son pura ficción. Pero ¿Cómo amamos en la vida real? Seguramente no seguimos los dictados de nuestro corazón -quizás para bien- y preferimos atender primero a cuestiones prácticas como la cercanía, la posición económica, la pura costumbre, la hipoteca, los hijos, para elegir o mantener una relación antes que dejarnos llevar por un flechazo, que, sospechamos, tampoco iba a durar demasiado. En la vida real amar significa arriesgar, abrirse a otra persona, mostrarse vulnerable y exponerse a que el otro no atienda nuestros deseos al dedillo, que nos rechace o nos deje directamente colgados. La película Pillion (2026) -que significa 'ir de paquete' en una moto- hace un maravilloso análisis de todo esto al contarnos la historia de dos hombres, el tímido y apocado Colin -un magnífico Harry Melling- y el misterioso y guapísimo Ray -un apolíneo Alexander Skarsgard con mirada rompecorazones- afín a la ropa de cuero y que encima es motero. Dos personajes que pueden parecer disímiles pero que acaban formando pareja, o algo así, porque la trama se desarrolla en el submundo del sadomasoquismo: Ray es el amo, Colin su siervo. La estupenda ópera prima del británico Harry Lighton adapta la una obra de la serie literaria Box Hill de Adam Mars-Jones y nos mete de lleno en un mundo de hombres homosexuales y moteros sadomasoquistas. Un mundo fascinante con sus propias reglas y su estética de cuero y cadenas, que sirve de metáfora para entender cualquier relación sentimental humana. En una pareja, los amantes deben estar dispuestos a entregarse completamente, o de lo contrario el vínculo acabará rompiéndose. Aquí, Colin decide seguir las reglas que le impone Ray, enfrentándose a sus entrañables padres (Lesley Sharp y Douglas Hodge) y dejando a un lado su forma de entender la vida -y el amor- para satisfacer a Ray. Todo esto está contado de forma brillante, con mucho humor, humanidad y emoción, a través de interpretaciones brillantes y varias escenas de sexo que, lejos de ser gratuitas, ayudan a contar esta historia. Y la pregunta que plantea este maravilloso film es la misma que se plantea en algún momento en cualquier relación de pareja ¿Están los dos dispuestos a entregarse completamente?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario