El terror o el thriller psicológico se apoyan en una premisa básica: los espectadores no sabemos si lo que vemos en la pantalla de cine está ocurriendo objetivamente o si solo existe en la mente del protagonista, cuyo punto de vista contamina la narración. Calcinación (2026), del director y guionista Luis Navarrete, es un viaje alucinado al fondo de una mente, la de Álvaro (Javier Hernández), un joven que atraviesa una crisis existencial y que parece acosado por misteriosos personajes. Pero ¿Qué está en su cabeza y qué le persigue realmente? El interés argumental de la película reside, sobre todo, en desentrañar qué está ocurriendo y cuál es ese mal que aqueja al protagonista, cuya vida parece marcada por la oscuridad y la desesperación. Es entonces cuando aparece un posible rayo de luz, el amor, en la forma de la luminosa Diana (Vanessa Pámpano), que podría cambiarle la vida a Álvaro. Al mismo tiempo, aparece en la trama un personaje oscuro y sórdido, que no necesita nombre, interpretado por Antonia San Juan, actriz capaz de transfigurarse en una máscara aterradora ¿Por qué persigue a Álvaro? El espectador tendrá que resolver el puzle, pero la película mantiene el interés, sobre todo, por sus imágenes, bien construidas para crear una atmósfera inquietante, casi onírica, gracias a la fotografía expresionista de Alex Arteaga, que se conjuga estupendamente con la música de Ramón Grau. Poco a poco se irán desvelando las cartas, aunque la película, afortunadamente, mantiene siempre cierta ambigüedad mientras la cinta se va haciendo progresivamente más terrorífica, con momentos de cine fantástico bastante conseguidos que llevan a un clímax infernal, en el que toda la contención anterior estalla en la pantalla. Bien dirigida, con un acabado visual que contradice su modestia presupuestaria, sólidamente interpretada, Calcinación esconde bajo sus imágenes el tema de la salud mental, la depresión y la ansiedad, y consigue expresar en la pantalla los demonios de la mente, sean reales, o no.
Hablamos con Luis Navarrete, director y guionista que estrena Calcinación, su segunda película tras la comedia musical El fantasma de la sauna (2021), que supone un estimulante cambio de registro al thriller psicológico y de la que también hablamos en Indienauta.
* ¿Cómo surge la idea de Calcinación y cómo es el proceso de escribir un guión que tiene el reto de dosificar la información sin que el argumento se atasque?
- El proceso de crear Calcinación fue bastante intuitivo, porque se fue construyendo a partir de sentimientos aleatorios. En aquel momento estaba pasando por un episodio depresivo, y solo era capaz de escribir frases sobre cómo me sentía, mayormente inconexas. Hasta que al final se fueron acumulando y crearon un mapa que eran un reflejo de los síntomas de ese estado. Luego ya sí fui haciendo muchas revisiones para intentar hacerlo más limpio y ordenado, pero intentando respetar ese "mapa". Intenté ser perfeccionista pero, sobre todo, sin expectativas, ni remordimientos.
* ¿Cómo has manejado la dirección de actores? ¿Pudiste tener ensayos con ellos?
- Sí, esta vez sí pudimos ensayar bastante. Fue una asignatura pendiente en mi primera peli, que por la falta de recursos me daba mucho palo freír a los actores a ensayos, y al final fuimos muy verdes. Pero con Calcinación, aunque los recursos han sido iguales, hemos acordado entre todos volcarnos en construir los personajes y practicar lo máximo posible. El elenco estaba entregadísimo y yo estoy super agradecido por ello.
* ¿Qué referencias tuviste para Calcinación? Hay momentos que recuerdan a un Brian de Palma más grave y serio
- Pues me flipa Brian de Palma de hecho, y me parece un honor que te venga a la mente. En mi primera peli sí te sabría contestar mucho mejor a esto, porque era un homenaje al cine que me había acompañado desde pequeño, pero en esta ocasión, al ser un volcado tan intuitivo, me cuesta más. Habrá mil referencias, porque al final yo soy lo que he visto previamente, pero no te las sabría señalar conscientemente.
* ¿Cómo afrontas el look visual de la película? ¿Cómo fue la colaboración con tu director de fotografía, Álex Arteaga?
- Fue un viaje muy bonito, y también un pedazo de reto, pero he tenido la enorme suerte de tener a Álex a mi lado. En el guion yo ya fui cauto de no plantear cosas fuera de nuestro alcance, pero aún así la imaginación vuela y los dos teníamos cosas muy locas en la cabeza. Fue tras el primer scouting cuando nos dimos cuenta que no teníamos los medios para generar todo el universo que teníamos en mente; aunque ahí viene también lo divertido, que es estrujarse los sesos. Y al final creo que conseguimos expresar lo que queríamos.
* La música me parece muy importante para establecer el tono de la película ¿Qué le pediste al compositor Ramón Grau?
- Con Ramón es que son ya 10 años de conexión artística y amistad, y estamos llegando a un punto que casi me lee la mente. Este proyecto fue un reto grande de todos modos, porque yo sentía por dentro cómo quería que se expresara musicalmente cada estado de la depresión, pero no sabía darle referencias exactas. Por ejemplo, la pieza que hace más referencia a la apatía, fueron varios meses de ensayo y error, hasta que nos fuimos aproximando y un día le dije "Así, así se siente". O así la siento yo, al menos.
* En Calcinación hay momentos muy inquietantes ¿Te gusta el género? ¿Te has planteado afrontar una historia todavía más terrorífica?
- Creo que el thriller psicológico es mi género favorito. De calle. Hay otros que me encantan, pero este es el que sé que no falla. Y voy a tirar mucho por ahí de aquí en adelante porque lo disfruto una barbaridad y va en sintonía con las cosas que necesito desahogar. En cuanto a una historia más terrorífica, para el siguiente guion que estoy moviendo, no sé si usaría esa palabra, pero sin duda es muchísimo más salvaje y descarnado. Creo que se me ha ido completamente la olla y no sé si será mejor o peor, pero va a ser una explosión, una liberación. Estoy deseando.
* ¿Cómo se puede ser director de cine en España sin morir en el intento?
- Pues creo que se muere varias veces en el intento (risas). Es una cuesta arriba y cuando crees que has superado varios muros, te encuentras con 100 más. Lo único que está en tu mano y lo que yo recomendaría es trabajar en tu salud mental, no dejando que el cine o las expectativas se conviertan en una cosa agónica que absorba todo, y dar pasos solo cuando los disfrutes. Lo importante cuidarte, y cuidar y disfrutar de los tuyos.
* ¿Cuál es la película que te hizo querer ser director?
- Eduardo Manostijeras (1990). Muchas más, claro, pero esa la voy a respirar siempre. En El Fantasma de la Sauna me salía por los poros y veo las referencias más claras, pero aunque en Calcinación no sean tan evidentes, sé que las tiene que haber porque es que esa película me ha configurado como creador. La amo.

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