Hay películas que son la vida y Un poeta (2026) me parece una de ellas. La cinta del colombiano Simón Mesa Soto es una comedia triste anclada en la realidad, sin renunciar por ello a un humor casi surrealista por la vía de lo grotesco. El planteamiento es sencillo: un poeta fracasado, Óscar (Ubeimar Ríos), vive con su madre sin ninguna esperanza de futuro hasta que descubre a una adolescente, Yurlady (Rebeca Andrade), con un prometedor talento natural para la poesía, lo que lo lleva a intentar convertirse en su mentor. Esta sinopsis hace pensar en una historia de superación y redención, siguiendo un esquema argumental -el encuentro de dos personajes en momentos vitales muy diferentes- que remite al cine indie estadounidense más convencional -y exitoso-, pero la mirada de Mesa Soto impregna el relato de humor negro, de sátira, provocando en el espectador una risa hiriente. Un reparto de actores naturales con un físico no normativo sirve para representar en pantalla a personas reales con sus defectos, e incluso se nota una cierta querencia por el rasgo físico peculiar. La estética de la película, el vestuario y los escenarios, es feísta, e incluso kitsch, lo que convierte a este director en el pariente colombiano de Jared Hess -Napoleon Dynamite (2004)-. Estamos ante la historia de un perdedor, cuyas desgracias se acumulan una detrás de otra -para hacernos reír- y con ello Simón Mesa dibuja una despiadada caricatura social: la marginación del inadaptado; la fragilidad de la vocación artística y la hipocresía del mundo de la alta cultura; la ridiculez de los que viven de las apariencias y la miseria de las clases desfavorecidas convertidas en supervivientes a los que no les interesa la moral ni el arte. En Un poeta encontramos acertadas y afiladas metáforas sobre la sociedad actual y sus defectos más universales, pero si vamos a lo concreto nos encontramos con un retrato de Colombia como país y, por extension, de la realidad de Latinoamérica, donde los países parecen condenados a vivir en una absurda imitación de los modelos capitalistas, pero sin recursos, desde la miseria, sin perspectiva de progreso y siempre con la nostalgia de los sueños revolucionarios frustrados. Un poeta es una comedia que nos hace reír con un humor esperpéntico que esconde sin embargo una mirada humanista y la tierna historia del amor -imposible- entre un padre irresponsable y una hija con sentimientos de abandono. Una de las películas del año.
UN POETA -VERSOS DEL SUBDESARROLLO
Hay películas que son la vida y Un poeta (2026) me parece una de ellas. La cinta del colombiano Simón Mesa Soto es una comedia triste anclada en la realidad, sin renunciar por ello a un humor casi surrealista por la vía de lo grotesco. El planteamiento es sencillo: un poeta fracasado, Óscar (Ubeimar Ríos), vive con su madre sin ninguna esperanza de futuro hasta que descubre a una adolescente, Yurlady (Rebeca Andrade), con un prometedor talento natural para la poesía, lo que lo lleva a intentar convertirse en su mentor. Esta sinopsis hace pensar en una historia de superación y redención, siguiendo un esquema argumental -el encuentro de dos personajes en momentos vitales muy diferentes- que remite al cine indie estadounidense más convencional -y exitoso-, pero la mirada de Mesa Soto impregna el relato de humor negro, de sátira, provocando en el espectador una risa hiriente. Un reparto de actores naturales con un físico no normativo sirve para representar en pantalla a personas reales con sus defectos, e incluso se nota una cierta querencia por el rasgo físico peculiar. La estética de la película, el vestuario y los escenarios, es feísta, e incluso kitsch, lo que convierte a este director en el pariente colombiano de Jared Hess -Napoleon Dynamite (2004)-. Estamos ante la historia de un perdedor, cuyas desgracias se acumulan una detrás de otra -para hacernos reír- y con ello Simón Mesa dibuja una despiadada caricatura social: la marginación del inadaptado; la fragilidad de la vocación artística y la hipocresía del mundo de la alta cultura; la ridiculez de los que viven de las apariencias y la miseria de las clases desfavorecidas convertidas en supervivientes a los que no les interesa la moral ni el arte. En Un poeta encontramos acertadas y afiladas metáforas sobre la sociedad actual y sus defectos más universales, pero si vamos a lo concreto nos encontramos con un retrato de Colombia como país y, por extension, de la realidad de Latinoamérica, donde los países parecen condenados a vivir en una absurda imitación de los modelos capitalistas, pero sin recursos, desde la miseria, sin perspectiva de progreso y siempre con la nostalgia de los sueños revolucionarios frustrados. Un poeta es una comedia que nos hace reír con un humor esperpéntico que esconde sin embargo una mirada humanista y la tierna historia del amor -imposible- entre un padre irresponsable y una hija con sentimientos de abandono. Una de las películas del año.
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