A nadie se le ocurriría hablar de ciertos temas -el cáncer, la violencia machista, la muerte- desde la comedia, pero es precisamente eso lo que hace Sorry, Baby (2026), el estupendo debut cinematográfico de la directora y actriz Eva Victor. No todo el humor es inteligente, desde luego, pero está claro que una mirada inteligente acaba llegando casi siempre al humor. Esta sencilla película es la historia de dos amigas, Agnes -la propia Victor- y Lydie (Naomi Ackie), dos universitarias que llevan vidas paralelas pero muy diferentes. Lydie ha dejado atrás la pequeña ciudad universitaria de Nueva Inglaterra en la que vivían ambas para irse a Nueva York; la vida de Agnes se ha petrificado por un suceso traumático que le impide, incluso visualizar su futuro. El inteligentísimo guión de Victor -premiado en el Festival de Sundance- explora el dolor, la culpa, la soledad y la incomprensión que sufre la protagonista como víctima, desarrollando un discurso sobre una terrible lacra social desde una óptica feminista que evita convertir en monstruo al agresor y victimizar a la protagonista. Y Eva Victor hace todo esto desde el humor y desde una mirada humanista. Hay que destacar su talento para crear personajes entrañables. La protagonista, Agnes, es inteligente, sensible y divertida -un poco en la línea de Fleabag (2016)- y su amistad con Lydie es tierna y cariñosa, lo que ayuda a meternos de lleno en la historia. Pero Agnes y Lydie no están solas. Sorry, Baby está habitada por personajes secundarios maravillosos: el vecino (Lucas Hedges), la excéntrica y psicópata compañera de carrera (Kelly McCormack); y hasta un personaje menor, episódico, el dueño de una cafetería (John Carroll Lynch), protagoniza una secuencia memorable y llena de humanidad. Con estos personajes, la directora crea un pequeño mundo de hermosos paisajes rurales lánguidos -la fotografía es de Mia Cioffi Henry-, de pequeñas casas acogedoras, de personajes que leen libros o ven viejas películas en blanco y negro. Un pequeño mundo en el que te gustaría vivir, aunque no sea perfecto. Ver Sorry, Baby es tener la sensación de asistir al descubrimiento de una autora talentosa, divertida e inteligente, a la que apetece seguir la pista en sus próximas películas.
SORRY, BABY -DOS AMIGAS
A nadie se le ocurriría hablar de ciertos temas -el cáncer, la violencia machista, la muerte- desde la comedia, pero es precisamente eso lo que hace Sorry, Baby (2026), el estupendo debut cinematográfico de la directora y actriz Eva Victor. No todo el humor es inteligente, desde luego, pero está claro que una mirada inteligente acaba llegando casi siempre al humor. Esta sencilla película es la historia de dos amigas, Agnes -la propia Victor- y Lydie (Naomi Ackie), dos universitarias que llevan vidas paralelas pero muy diferentes. Lydie ha dejado atrás la pequeña ciudad universitaria de Nueva Inglaterra en la que vivían ambas para irse a Nueva York; la vida de Agnes se ha petrificado por un suceso traumático que le impide, incluso visualizar su futuro. El inteligentísimo guión de Victor -premiado en el Festival de Sundance- explora el dolor, la culpa, la soledad y la incomprensión que sufre la protagonista como víctima, desarrollando un discurso sobre una terrible lacra social desde una óptica feminista que evita convertir en monstruo al agresor y victimizar a la protagonista. Y Eva Victor hace todo esto desde el humor y desde una mirada humanista. Hay que destacar su talento para crear personajes entrañables. La protagonista, Agnes, es inteligente, sensible y divertida -un poco en la línea de Fleabag (2016)- y su amistad con Lydie es tierna y cariñosa, lo que ayuda a meternos de lleno en la historia. Pero Agnes y Lydie no están solas. Sorry, Baby está habitada por personajes secundarios maravillosos: el vecino (Lucas Hedges), la excéntrica y psicópata compañera de carrera (Kelly McCormack); y hasta un personaje menor, episódico, el dueño de una cafetería (John Carroll Lynch), protagoniza una secuencia memorable y llena de humanidad. Con estos personajes, la directora crea un pequeño mundo de hermosos paisajes rurales lánguidos -la fotografía es de Mia Cioffi Henry-, de pequeñas casas acogedoras, de personajes que leen libros o ven viejas películas en blanco y negro. Un pequeño mundo en el que te gustaría vivir, aunque no sea perfecto. Ver Sorry, Baby es tener la sensación de asistir al descubrimiento de una autora talentosa, divertida e inteligente, a la que apetece seguir la pista en sus próximas películas.
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