Las tres primeras películas de Toy Story constituyen un hito cinematográfico indiscutible. La primera cinta, dirigida por John Lasseter en 1995, fue el primer largometraje animado por ordenador de la historia, pero además, fue la presentación de unos personajes que se han convertido en iconos de la cultura pop. Si la segunda entrega era una apuesta por ofrecer un entretenimiento espectacular, la tercera película cerraba la historia del protagonista humano, Andy, convirtiéndolo en un joven que ha dejado de jugar con sus juguetes, en una metáfora del transcurso de la vida y de cómo inevitablemente vamos dejando cosas atrás. Una trilogía perfecta. Si lo lógico habría sido dar por concluida esta historia, el gran éxito de la serie -y la pésima salud del cine en salas- hizo que Pixar/Disney hayan seguido produciendo películas de Toy Story. Son nuevos capítulos casi independientes que dan por terminado el relato original protagonizado por Woody (Tom Hanks) y Buzz (Tim Allen) pero que proponen algo así como una serie de epílogos o apéndices. Así, Toy Story 4 (2019) presentaba a nuevos personajes pero en el fondo estaba dedicada a jubilar a Woody, en una cinta estupenda, aunque algo oscura. Luego llegaría una auténtica rareza, Lightyear (2022), que contaba el origen de Buzz como si este hubiera sido un verdadero héroe galáctico y no un juguete. Ahora, Toy Story 5 (2026) llega a las salas para ofrecer una aventura infantil de entretenimiento puro. Vuelven los personajes de siempre, pero el protagonismo recae ahora en la vaquera Jessie (Joan Cusack), que tendrá que enfrentarse a un enemigo que los padres de hoy conocemos muy bien: las pantallas. La película nos muestra -de forma divertida, sin profundizar y sin dar lecciones- cómo un mundo de tablets, smartphones y ordenadores personales ha dejado obsoletos a los juguetes y está haciendo que los niños crezcan demasiado rápido e impidiendo que desarrollen su imaginación. Todo esto alrededor de la niña Bonnie (Scarlett Spears), que debe decidir si deja a un lado sus queridos juguetes para integrarse en ese grupo de niñas que ya solo juegan online. Lo que en manos de cualquier otro equipo creativo habría sido un tostón, en manos del talento de Pixar -dirigen y escriben Andrew Stanton y McKenna Harris- se convierte en una película impecable formalmente. Un guión redondo, que cuida a los personajes y que tiene constantes golpes de humor, con una narrativa eficaz y dinámica, que en algunos momentos alcanza un ritmo trepidante y destellos de brillantez visual. Mi personaje favorito es un juguete electrónico llamado Buen Rollito al que pone voz Conan O'Brien en la versión original. Y aunque Woody y Buzz pasan aquí a un segundo plano, hay que decir que el astronauta de juguete es el protagonista -en cierta forma- de una subtrama innecesaria pero visualmente muy atractiva que da pie a un prólogo mudo que es pura narrativa visual. Toy Story 5 no es la mejor película se la serie, pero sí una excelente secuela y un entretenimiento familiar de lujo.

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