AIR -EL MEJOR DE TODOS LOS TIEMPOS


Vi jugar a Michael Jordan desde 1992 -año en el que conquistó su segundo anillo de la NBA- hasta su segunda retirada -temporal- del baloncesto en 1998, tras haber conquistado seis campeonatos y convertirse en el mejor jugador de la historia del baloncesto. No quiero saber cuántas horas puedo haber pasado viendo cientos de partidos delante del televisor, admirando a la estrella de los Chicago Bulls. Tenía entonces Jordan un aura de invencibilidad que no he vuelto a ver en otros deportistas. Esa mística es la que Ben Affleck intenta replicar en Air, película estrenada en Amazon Prime Video tras su paso por los cines. En ella nos cuentan la historia -real- de Sonny Vaccaro (Matt Damon), un empleado de la compañía Nike y un friki del baloncesto que supo ver lo que os acabo de contar, antes de que ocurriera. La historia de Vaccaro es la del sueño americano: un individuo que tiene una idea y lucha por hacerla realidad cuando todo el sistema se opone. Affleck nos cuenta esta gesta en una película de despachos, de llamadas telefónicas, de reuniones de trabajo, sirviéndose de un reparto apañado: Jason Bateman, Chris Messina, Chris Tucker, Marlon Wayans, el propio Affleck y, sobre todo, la gran Viola Davis. No os voy a engañar: Ben Affleck me parece un director y un actor mediocre. Su única virtud es entender sus limitaciones y hacer películas efectivas, sencillas y directas en un estilo 'clásico'. Como un Clint Eastwood de saldo. Air está contada exclusivamente a través de diálogos, casi siempre explicativos y poco naturales, con una puesta en escena funcional, televisiva en el peor sentido del término. El mejor plano que compone Ben Affleck puede ser cuando el personaje de Matt Damon contempla a los trabajadores de las oficinas de Nike: la imagen contrapone la ambición de éxito individual del protagonista con lo que está en juego, el puesto de trabajo de los empleados de la sección de baloncesto de la marca, y el sustento de sus familias. ¿Valía la pena ese riesgo? Esos trabajadores anónimos, encarnados por figurantes, lo único que podían conseguir, si todo salía bien, era mantener sus empleos. Probablemente no participaron de los beneficios del éxito y sus nombres no pasaron a la 'historia'. Y esa puede ser la gran contradicción de la película. El argumento de Air, en todo caso, es relativamente interesante, pero habría que plantearse si comulgamos con esta exaltación del sueño americano a través de la supuesta revolución del mercado de las zapatillas deportivas. La figura de Michael Jordan sí fue revolucionaria para la NBA, para el baloncesto, y seguramente para la cultura afroamericana -aunque Jordan no es conocido por meterse en asuntos sociales ni políticos-, pero esta película no habla de nada de eso, sino que pone el acento en un señor de mediana edad y en pésima forma, de raza blanca, que supo cómo sacar provecho al potencial de ese gran jugador afroamericano. Que cada quién saque sus conclusiones. En mi oponión, Air no funciona demasiado bien salvo en dos momentos, en los que las interpretaciones de Matt Damon y Viola Davis elevan el nivel de lo que nos están contando. Centrarse en estos dos personajes, quizás, habría conseguido que esta película fuera memorable.

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