ENORME -PADRE Y MADRE
UNO PARA TODOS -PEDAGOGÍA
Ganadora del premio José María Forqué en la categoría de Cine y Educación en Valores, Uno para todos reincide en un esquema que resulta familiar, el de un docente poco ortodoxo, enfrentado a una clase con alumnos problemáticos, cuyos conflictos nadie más había podido resolver. El héroe llega de fuera, arregla el entuerto y, en el más puro estilo del western, sigue su camino, tan solitario como antes. Uno para todos, dirigida por David Ilundain -B, la película (2015)-, descansa sobre los hombros del nominado al Goya David Verdaguer, excelente en su papel de profesor suplente, hastiado del sistema educativo y de sus funcionarios con plaza, pero dispuesto a llegar más lejos que nadie para ayudar a sus alumnos. La película toca varios de los problemas que pueden vivir los adolescentes: cáncer, acoso escolar, la integración de los inmigrantes, pero sobre todo pone el acento en cómo un profesor con mano izquierda, interés y algo de imaginación puede motivar a los jóvenes más allá de los planes educativos. Creo, sin embargo, que la película no encuentra el equilibrio adecuado entre ser un drama social sobre las deficiencias del sistema educativo público -subgénero cinematográfico en el que se han especializado los franceses tras La clase (2008) de Laurent Cantet- y un estudio del personaje principal, opción que creo más interesante y novedosa, que hubiera aprovechado todavía más las prestaciones de Verdaguer.
30 MONEDAS -FANTATERROR EN SERIE
TRES DEL INFIERNO -ASESINOS NATOS
EL ARTE DE VOLVER -NO CONFUNDIR CON UN MELODRAMA
Pedro Collantes escribe y dirige El arte de volver, estupendo film apoyado en una perfecta Macarena García. La protagonista de la historia es Noemí, una aspirante a actriz que vuelve a Madrid tras probar suerte en Nueva York. A su regreso vivirá una serie de reencuentros que la harán darse cuenta de todas las cosas que se ha perdido. Lo primero que hay que alabar del trabajo de Collantes, es que la premisa planteada se prestaba para un melodrama lacrimógeno repleto de frases profundas sobre la vida y las oportunidades perdidas. Pero el guión sortea con inteligencia este escollo, con una serie de elementos que me parecen inteligentes. El primero es el humor: cada escena, en la que la protagonista se enfrenta a un conflicto, tiene un elemento cómico desestabilizador: el incómodo error en el regalo a la hermana; la ironía del personaje que interpreta un eficaz Nacho Sánchez; el gato de la suerte chino que desencadena el drama con una vieja amiga (Ingrid García Jonsson); la idea de mentirle al pobre conductor rumano (Luka Perôs). Todos estos elementos permiten que el drama y la comedia convivan, y evitan que los conflictos de Noemí se conviertan en tragedias que no son tales. Ese empeño voluntario en alejarse de la lágrima fácil se hace explícito en la subtrama de metaficción que propone una serie de televisión -folletinesca a todas luces- que Noemí podría protagonizar como actriz. Titulada, precisamente, El arte de volver, los personajes cuestionan la 'cursilería' de dicho título, de forma autoconsciente. Luego está la manera en la que Collantes evita tropezar con la inevitable trama amorosa -tema recurrente y manido- dejando al interés romántico de Noemí siempre fuera de campo. Por último, la gran escena dramática de la película, es presentada de una forma seca, cotidiana, sin el más mínimo exceso. Todos estos elementos alejan la historia del melodrama facilón. El arte de volver, por cierto, no nos habla de emigrar -tema sí presente en el personaje del conductor rumano- sino de la vida entendida como una serie de caminos que se van cerrando hasta que no nos quedan más desvíos que esa recta final que el entrañable personaje del abuelo (Celso Bugallo) encara con humor -esos montajes que hace cuando descubre cómo utilizar un smartphone-. Que Noemí se haya ido lejos, es solo una excusa dramática para hablarnos del paso del tiempo y de cómo la vida sigue, aunque intentemos huir de ella. Noemí se niega a madurar, aunque tenga que enfrentarse a personas, oportunidades y situaciones que inevitablemente se han quedado atrás. Y la demostración de que Collantes no busca dar lecciones es ese final abierto, con el objetivo de la cámara fijo sobre el rostro vulnerable y frágil de Macarena García.
LA REINA DE LOS LAGARTOS -SPACE OPERA DE ANDAR POR CASA
Lo mejor que se puede decir que una propuesta como La reina de los lagartos es que es extraña. No solo por su argumento peculiar, sobre una extraña pareja formada por una madre soltera -o separada- terrestre, Bruna Cusí, y un extraterrestre venido de otro planeta, interpretado por el gran monstruo -literal- del cine español e internacional, Javier Botet. Dirigida por el dúo Burnin' Percebes -Fernando Martínez y Juan González- la extrañeza de la película se expresa también en su formato, rodada en cine Súper 8, lo que influye seguramente en la narrativa: el formato es cuadrado, la fotografía tiene grano, los encuadres suelen ser abiertos -predomina el plano general- y los movimientos de cámara, son mínimos. Una estética interesante, vintage, underground, que obliga a contar esta pequeña historia en breves episodios de corte costumbrista, que apelan a lo cañí, pero evocando la ciencia ficción de una space opera a través de los diálogos, lo que nos obliga a imaginar un planeta habitado por lagartos inteligentes que ha decidido visitar nuestro planeta. El humor del film está en que esta desquiciada propuesta es asumida por todos los personajes de una forma absolutamente natural. Excepto por el cura (Roger Coma), claro.






