EL PRODIGIO -CIENCIA Y RELIGIÓN


En El prodigio, el chileno Sebastián Lelio nos muestra a su protagonista, la extraordinaria Florence Pugh, comiendo una y otra vez. La contemplamos sin decir palabra, sentada en una mesa, en una imagen que se repite varias veces durante el metraje de esta estupenda película disponible en Netflix. Esa imagen funciona incluso para generar un ritmo 
-pausado-, para marcar los tiempos de la historia y para mostrarnos en pantalla un orden natural -necesitamos comer para vivir- que, veremos luego, ha sido quebrantado. La enfermera Lib Wright que encarna Pugh hace pausas para comer mientras intenta llevar a cabo su peculiar misión: desentrañar el misterio de una niña -en la Irlanda de 1862- que asegura ser objeto de un hecho milagroso. Dicho misterio sostiene gran parte de la película, porque el director consigue imprimir una atmósfera primitiva y casi fantástica en este relato de época -enmarcado por un prólogo y un epílogo que nos recuerdan que lo que vemos es ficción- que permite la duda sobre si son posibles los milagros. Lelio nos pide que pensemos en las dos imágenes que marcan el relato: a la ya mencionada de la enfermera tomando alimentos debemos contraponer la de la niña, Anna (Kila Lord Cassidy), rezando. ¿Es posible alimentarse de fe? Lib Wright representa, claro, la ciencia y el progreso, en un ambiente, el de la familia de la pequeña, de cerrado fanatismo religioso. Incluso el médico que encarna el siempre excelente Toby Jones busca soluciones fantásticas al misterio. La enfermera Lib Wright es una más de las heroínas de la filmografía de Lelio, formada por mujeres que se enfrentan a los prejuicios y la discriminación de una sociedad con respecto a diferentes aspectos femeninos: la madurez -en Gloria (2013) y Gloria Bell (2018)-, la transexualidad -en Una mujer fantástica (2017)- o la orientación sexual -en Disobedience (2017). Ese 'jurado' de hombres ante el que la enfermera debe rendir cuentas representa, claro, al patriarcado y Florence Pugh presta su fuerza como actriz para imprimir la necesaria rebeldía que debe tener la protagonista, un personaje roto por una pérdida que busca, a su manera -científica- el éxtasis espiritual que no encuentra en la fe -irracional-. Lelio utiliza de forma expresiva los espectaculares paisajes irlandeses -fotografiados por Ari Wegner- para mostrar la soledad y el aislamiento de su heroína en una película notable y emocionante.

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