LA TUTORÍA


El director noruego Halfdan Ullmann Tondel es nada menos que nieto de Ingmar Bergman y Liv Ullmann, y se estrena en el largometraje con La tutoría (2025), incómoda cinta que lleva al escenario escolar las tensiones y miedos de la sociedad occidental actual. Temas como la imposibilidad de ponerse de acuerdo sobre una realidad objetiva cuando hay versiones encontradas; el miedo a la cancelación ante la posibilidad de traspasar unos límites que no siempre son claros; las dudas de una generación sobre cómo criar a sus hijos para que no cometan los mismos errores, se escenifican en el encorsetado y políticamente correcto escenario de un colegio. Una madre (Renate Reinsve) es citada por una profesora (Thea Lambrechts Vaulen) y el director del centro (Oystein Roger) para una tutoría cuando se acusa a su hijo de seis años de conducta inadecuada con otro niño, cuyos padres (Ellen Dorrit Petersen y Endre Hellestveit) también acuden a la reunión. La tensión es máxima entre padres y profesorado mientras la historia -conviene saber lo menos posible- se va desarrollando a través de revelaciones sobre la identidad de los niños y las relaciones previas de sus padres, que tienen un pasado más bien convulso. 
Ullmann Tondel narra todo esto con buen pulso, en principio su aproximación a la historia es realista, pero pronto veremos que este director se atreve con interesantes fugas expresivas que rompen la narración objetiva. Ullmann Tondel no tiene problemas en adoptar fórmulas propias del cine de terror -esos pasillos solitarios del colegio que parecen albergar una amenaza desconocida-, o incluir un número musical con coreografía incluida, o esa lluvia que parece providencial y que empapa completamente al personaje de Reinsve, como purificándola. Pero, sobre todo, La tutoría es un recital interpretativo de la magnífica Renate Reinsve, con momentos muy intensos en los que la cámara permite que la actriz acapare la atención: no solo en la lúdica secuencia de baile ya mencionada, sino en los diferentes estados de ánimo que abarcan todo el espectro emocional -miedo, rabia, culpa, deseo sexual-, que podemos resumir en la catártica secuencia del incontrolable ataque de risa en la que Reinsve se deja llevar, hipnotizando a la cámara, al director, y al espectador.

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