Lo mejor que se puede decir de Rondallas (2026) de Daniel Sánchez Arévalo es que recuerda a estupendas comedias sociales británicas como Billy Elliot (2000) o Pride (2014), por citar solo mis favoritas. Los vecinos de un pequeño pueblo gallego viven prácticamente de luto tras un naufragio en el que murieron varios pescadores. Dos años después de la tragedia, deciden recuperar la ilusión reorganizando su rondalla, una agrupación musical tradicional con la que participarán en un concurso contra otros municipios. Esta sencilla trama sirve a Sánchez Arévalo para fijarse en varios personajes del pueblo, como Luis (Javier Guitiérrez), implicado directamente en el naufragio -y en las rondallas-; la viuda del capitán del barco naufragado, Carmen (María Vázquez) y sus hijas, Andrea (Judith Fernández); otro superviviente, Yayo (Carlos Blanco); un policía municipal, Xoel (Tamar Novas) con una relación algo dependiente de su hermano; o un joven que vuelve al pueblo tras haberse ido a estudiar al extranjero, Elías (Fer Fraga). Cada uno de estos personajes tiene su propio conflicto personal -tambiñen romántico- e incluso encarna problemas sociales como la salud mental, la discapacidad, y el trabajo precario, de forma más bien sutil. Y Sánchez Arévalo hace que estos personajes se embarquen en la creación y ensayos de la rondalla como una forma de superar los sinsabores de la vida y los problemas a través del esfuerzo, la dedidación, la solidaridad, la música y el baile. Rondallas es una película de buenos sentimientos, una feel good movie en toda regla, perfecta para ver en familia, en la que el director hace gala de una mirada humanista que no juzga a sus personajes, los presenta con sus fallos y defectos, los perdona y consigue que el espectador se identifique y sienta cariño por ellos. Todo narrado eficazmente, con buenas interpretaciones -los actores se mezclan con rondalleros reales-, una fotografía cálida -Rafa García- y un estupendo montaje -Miguel Sanz Esteso- que convierte as actuaciones de las rondallas en emocionantes ejercicios de tensión.
RONDALLAS -FEEL GOOD MOVIE
Lo mejor que se puede decir de Rondallas (2026) de Daniel Sánchez Arévalo es que recuerda a estupendas comedias sociales británicas como Billy Elliot (2000) o Pride (2014), por citar solo mis favoritas. Los vecinos de un pequeño pueblo gallego viven prácticamente de luto tras un naufragio en el que murieron varios pescadores. Dos años después de la tragedia, deciden recuperar la ilusión reorganizando su rondalla, una agrupación musical tradicional con la que participarán en un concurso contra otros municipios. Esta sencilla trama sirve a Sánchez Arévalo para fijarse en varios personajes del pueblo, como Luis (Javier Guitiérrez), implicado directamente en el naufragio -y en las rondallas-; la viuda del capitán del barco naufragado, Carmen (María Vázquez) y sus hijas, Andrea (Judith Fernández); otro superviviente, Yayo (Carlos Blanco); un policía municipal, Xoel (Tamar Novas) con una relación algo dependiente de su hermano; o un joven que vuelve al pueblo tras haberse ido a estudiar al extranjero, Elías (Fer Fraga). Cada uno de estos personajes tiene su propio conflicto personal -tambiñen romántico- e incluso encarna problemas sociales como la salud mental, la discapacidad, y el trabajo precario, de forma más bien sutil. Y Sánchez Arévalo hace que estos personajes se embarquen en la creación y ensayos de la rondalla como una forma de superar los sinsabores de la vida y los problemas a través del esfuerzo, la dedidación, la solidaridad, la música y el baile. Rondallas es una película de buenos sentimientos, una feel good movie en toda regla, perfecta para ver en familia, en la que el director hace gala de una mirada humanista que no juzga a sus personajes, los presenta con sus fallos y defectos, los perdona y consigue que el espectador se identifique y sienta cariño por ellos. Todo narrado eficazmente, con buenas interpretaciones -los actores se mezclan con rondalleros reales-, una fotografía cálida -Rafa García- y un estupendo montaje -Miguel Sanz Esteso- que convierte as actuaciones de las rondallas en emocionantes ejercicios de tensión.
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