Si algo no se le puede negar a la directora de Emerald Fennell es su voluntad de riesgo. Nada era más fácil que adaptar un clásico como Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë, apegándose a la letra, apelando a dos estrellas como Margot Robbie y Jacob Elordi para realizar una lujosa película de época, asegurándose -casi- el éxito en taquilla. Pero en Cumbres borrascosas (2026), Fennell opta por seguir los pasos de Sofía Coppola en María Antonieta (2006) -y de la exitosa y petarda Los Bridgerton (2020)- para recrear un siglo XIX anacrónico, con música moderna de Charli XCX y una estética entre lo dickensiano, el cuento de hadas y una película expresionista alemana. La famosa y turbulenta historia de amor entre Catherine y Heathcliff se cuenta aquí con la estética de un videoclip o de un lujoso anuncio de perfume, sin diálogos pomposos, con un ritmo acelerado y un tono de comedia contemporánea y casi paródica. Fennell no tiene problemas en mezclar la perfidia de los personajes de Las amistades peligrosas (1988) con el rojo intenso de Gritos y susurros (1972) de Ingmar Bergman, y algo de la crueldad de Lánthimos. El espectador que haya leído la novela o que haya visto adaptaciones previas no se va a sentar en la butaca sabiendo lo que le viene, ya que Fennell le ha dado la vuelta a la forma de contar la venganza, llena de rencor social, de Heatlcliff, al que da vida un Jacob Elordi que explota a conciencia su atractivo masculino para enloquecer a su legión de fans -y reírse un poco de sí mismo-. La película es tan irregular como fascinante, y está destinada a ser malinterpretada. El centro del relato es Catherine -Margot Robbie aparece también como productora detrás del proyecto- y la narración elude centrarse demasiado en que el motor argumental es la venganza de Heathcliff. El tema nuclear de esta versión de Cumbres borrascosas es el matrimonio visto como una institución machista a la que la mujer accede por cuestiones económicas antes que por amor -lo que conecta esta cinta con la descarnada Lady Macbeth (2016)-, una idea que puede parecer cosa del pasado hasta que pensamos en los hijos, la hipoteca y la conciliación familiar actuales. Catherine pide a su criada (Hong Chau) que apriete más su corsé en vísperas de su boda, en una clara metáfora de lo que va a suponer para ella el enlace con Edgar Linton (Shazad Latif). Catherine podría ser feliz con un buen marido, el problema es que su verdadero amor es otro hombre y esto, lejos de llevarla a rebelarse, la hace sentir culpable y esclava de una relación tóxica, clandestina y de alto voltaje sexual. El tramo final de la película, en el que la directora adopta la estética de la portada de una novela romántica de aeropuerto, es toda una declaración de intenciones. Fennell lanza su mensaje llevando el melodrama al extremo en escenas que favorecen el alarde interpretativo intensificado por la música arrebatada de Anthony Willis. En la superficie, el final de Cumbres borrascosas le da al espectador su anhelada ración de emociones románticas, mientras esconde la verdadera tragedia de una mujer que no pudo ser feliz porque tuvo que sacrificarse para sobrevivir.
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