NO HAY OTRA OPCIÓN -LA LEY DEL MÁS FUERTE


La calidad del cine del surcoreano Park Chan-Wook está directamente relacionada con la exigencia que supone para el espectador ver sus películas. Un buen ejemplo es No hay otra opción (2025) estupenda cinta, inclasificable, en la que el director de Oldboy (2003) despliega un arsenal de recursos narrativos, visuales y estilísticos para contar su historia. El planteamiento es delirante, aunque no necesariamente inverosímil: un desempleado de la industria del papel, Man-su (Lee Byung-hun), decide eliminar a sus rivales profesionales para recuperar su antiguo trabajo en un intento desesperado por mantener su estatus económico, social y familiar. El guión adapta una novela de Donald E. Westlake, The Ax (1997), que ya fue llevada al cine por Costa-Gavras, y si bien la linea argumental puede parecer lineal, la puesta en escena de Park Chan-Wook se encarga de dinamitar un desarrollo narrativo clásico para convertir cada secuencia, escena y casi cada plano en un sugerente tour de force. Ningún encuadre ha sido dado por sentado por el director, que utiliza todos los recursos cinematográficos para deslumbrarnos: movimientos de cámara serpenteantes y un potente uso del zoom; fotografía expresionista para resaltar las emociones de los personajes -que firma Kim Woo-hyung-; interpretaciones extremas entre el melodrama, la comedia y el terror; un diseño de producción que hace de cada escenario la viñeta de un cómic; y un montaje preciosista, que asocia acciones paralelas y funde imágenes de forma poética, superponiendo diálogos que se convierten en voces en off. Y sobre todo, Park Chan-Wook hace un uso magistral del sonido que consigue que sus películas, que pueden llegar a resultar frías, sean tremendamente sensoriales, haciéndonos partícipes del tacto de las caricias entre los personajes, de los tejidos de la ropa que usan, del sabor de la comida y la bebida que consumen, y sobe todo del dolor de las torturas extremas que son ya seña de estilo del autor surcoreano. Todos estos elementos, unidos al uso de la música -la banda sonora la firma Cho Young-wuk- sirven para convertir cada película de Park Chan-Wook en una maravilla -incluso cuando son fallidas-, que requiere, eso sí, de toda nuestra atención para no perdernos nada. No hay otra opción parece formar parte de una nueva etapa en la filmografía del director iniciada con Decision to Leave (2022) y podría ser prima hermana de Parásitos (2019). La película es una sátira sobre el estado actual de las cosas: la fragilidad de la clase media, la precariedad laboral y la amenaza del desempleo por la llegada de la inteligencia artificial, todo desde una mirada desencantada del ser humano, presentado aquí como egoísta y moralmente débil. Hay algo de Hitchcock en la propuesta, en la idea de presentar el lado oscuro de las personas corrientes, pero también hay algo de Shakespeare en este drama de bajas pasiones y ambiciones, en la figura de la mujer de Man-su, una estupenda Son Ye-jin, una Lady Macbeth pasivo-agresiva. Y luego está el sello personal de Park Chan-Wook, un director histérico, que hace que sus personajes chillen como locos porque la música está muy alta para disimular el sonido de un disparo.

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