Nominada a la mejor película en los premios Óscar, Sueños de trenes (2025) no hace más que narrar la vida de un hombre. Robert Grainier (Joel Edgerton) es un trabajador dedicado a la construcción de las vías del ferrocarril, cuya vida coincide, más o menos, con el siglo XX. La película dirigida por Clint Bentley está nominada también al Óscar por adaptar una novela de Denis Johnson, y quizás por eso tiene la capacidad de ser literaria y cinematográfica al mismo tiempo. Su omnipresente voz en off narrativa (Will Patton) y su argumento en forma de sucesión de hechos vitales, como capítulos o como un río que no se detiene prácticamente en ningún núcleo dramático, nos hace sentir que estamos leyendo una novela. Esta estructura dramática tiene su sentido: el protagonista, más que enfrentarse a un hecho concreto, busca el sentido de su existencia, mientras va cumpliendo años de vida y le van ocurriendo cosas, felices y trágicas, como a todo el mundo. Así, sus circunstancias van cambiando y diferentes personajes aparecen en su viaje, interpretados por actores y actrices tan solventes como Felicity Jones, William H. Macy, o Kerry Condon. Pero si Sueños de trenes es también cinematográfica es por la importancia que le da a sus imágenes, capaces no solo de contar la historia, sino de transmitir emociones y de crear estados de ánimo que añaden capas de significado al relato que no necesariamente están en los diálogos. Sueños de trenes es una cinta de imágenes poderosas, con una fotografía preciosista de Adolpho Veloso -nominado por la Academia de Hollywood- que hace que el visionado sea deslumbrante -una pena que no haya podido ser en una pantalla de cine-. Y esas imágenes se conjugan con la estupenda música de Bryce Dessner, que eleva muchos de los momentos más arrebatadores de la película. El montaje de Parker Laramie es vital para que esta cinta encuentre su ritmo, que fluye un poco como los pensamientos, o, más bien, como la memoria. Película seguramente influida por Terrence Malick, Sueños de trenes está, además, soberbiamente interpretada por ese actor adictivo que es Edgerton. ¿Se puede pedir más? Pues la cinta culmina en una preciosa canción de Dessner, interpretada por Nick Cave, también nominada al Óscar.

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