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WESTWORLD: MIRADAS (11)

 
(11) Teatro dentro del teatro. En uno de los momentos más intensos e inquietantes de esta primera temporada de Westworld, uno de los robots -el primer "padre" de Dolores- comienza a recitar a Shakespeare. La explicación de su extraña e inquietante conducta, ajena a su programación, es que el androide está "recordando" una "vida" anterior, un papel previo para el que fue utilizado en el parque. "Los placeres violentos tienen finales violentos", le dice el robot defectuoso a su "hija", Dolores (Evan Rachel Wood), adquiriendo así, quizás, la consciencia de sí misma. De nuevo, un fallo podría estar provocando la evolución hacia la humanidad de un androide, pero, además, el poder del arte, de la ficción, de una frase del bardo, estaría consiguiendo despertar a la robótica Dolores. Toda Westworld se puede interpretar como una metáfora de la ficción narrativa, en la que Robert Ford (Anthony Hopkins) ejerce de show runner, de autor atrapado en el laberinto de sus propias fantasías, algo así como el Guido (Marcello Mastroianni) de Fellini ocho y medio (1963). Ford se presenta como un convencido de que todo, la vida misma, es una fabulación: "El ego es una ficción, una historia que nos contamos" dice hacia el final de la temporada. Ford es un personaje complejo, que ha reconstruido su infancia, creando robots de sus padres y su hermanos; y que quizás ha escrito el guión de su propia muerte. El filósofo Slavoj Zizek dice en su Guía perversa de la ideología (2012) que para existir como individuos tenemos la necesidad de crear la ficción del "gran Otro", alguien que registre lo que nos pasa, alguien con quien confesarnos. Solo cuando relatamos la cosas que nos ocurren, estas experiencias parecen hacerse realidad. Ese "otro" inventado puede ser también la voz interior, el ego, que los androides confunden con Dios y que luego parece ser la del socio fallecido de Ford, el misterioso Arnold. La serie no evita el juego de la metaficción: en uno de los mejores momentos, la ejecutiva Charlotte Hale (Tessa Thompson) aparece en el parque, con tacones, interrumpiendo la ilusión del hombre de negro, haciendo explícito que en el parque todo es un juego. En otro apunte genial, la androide Maeve (Thandie Newton) descubre que los recuerdos de una vida anterior, en la que tenía una hija, forman parte de un vídeo promocional del parque Westworld. Maeve ve, literalmente, la película de su vida, o, más bien, el trailer.

WESTWORLD: MIRADAS (10)



(10) El héroe de las mil caras. La idea de la muerte y la resurrección está muy presente en Westworld. No es casualidad. Según el mitógrafo Joseph Campbell, en todos los relatos y leyendas de las diferentes culturas del mundo hay un esquema oculto que se repite. Una de las etapas de ese viaje del héroe arquetípico es la resurrección, tras la cual el protagonista del relato adquiere poderes sobrehumanos: ya sabéis, Jesucristo resucitó al tercer día, demostrando así ser el hijo de Dios. En el libro Lacrimae Rerum (2006) el filósofo Slavoj Zizek analiza la película Matrix (1999) y define a su protagonista, Neo (Keanu Reeves): "En Matrix, el Elegido es aquel capaz de ver que nuestra realidad cotidiana no es real, sino un universo virtual codificado, y que es por lo tanto capaz de desenchufarse de ella, manipularla y dejar sus reglas en suspenso (volar por los aires, detener las balas...)". Esto lo logra Neo tras "morir" a manos del agente Smith (Hugo Weaving). La película de las hermanas Wachowski, como Star Wars (1977) antes que ella, sigue los pasos del viaje del héroe de Campbell. Algo equivalente ocurre, incluso, en la genial La Lego película (2014), cuando su protagonista descubre que es un juguete que vive en la casa de un niño del mundo real, tras lo cual adquiere la capacidad de ver y modificar las piezas de su mundo de Lego. En Westworld, Dolores (Evan Rachel Wood) se ve a sí misma en varias ocasiones -símbolo de que lo que busca es su propia identidad- pero también se topa con imágenes relacionadas con la muerte -un desfile del día de los muertos mexicano, una carta del Tarot, un trono de calaveras en el que se ve sentada a sí misma-. De hecho, Dolores acaba encontrando el laberinto escondido por su creador, en su propia tumba. Pero es Maeve la que muere una y otra vez, resucita repetidamente, y, tras empezar a recordar esas muertes, aprende a "despertarse" fuera de la caverna, en el mundo "real": el de los técnicos del parque. Esto desvela -cae el velo de Maya- para Maeve, la auténtica realidad, igual que cuando Neo consigue salir de la simulación de Matrix. A continuación, la androide adquiere también poderes extraordinarios, como el de controlar a los otros anfitriones del parque y el de modificar las narrativas, cambiando su destino y el de otros personajes.

WESTWORLD: MIRADAS (9)

 
(9) El velo de Maya. "¿Has cuestionado tu realidad?", es la pregunta que hace Bernard (Jeffrey Wright) a los anfitriones cuando los somete al test para descubrir si han cobrado consciencia de sí mismos. Dolores (Evan Rachel Wood) responde con una frase que suena a Camus: "Puede que haya algo malo con el mundo, algo debajo, o me estaré volviendo loca". Ese algo "debajo" puede ser el agujero por el que cae la protagonista de Alicia en el país de las maravillas (1865), libro que Bernard regala a Dolores. Ella afirma sentir que "algo la llama" -quizás un conejo blanco- y que hay "algo más". La serie cita literalmente el cuento de Lewis Carroll y las frases vienen como anillo al dedo a Dolores: "Me pregunto si he cambiado en la noche. Déjame pensar. ¿Era la misma persona cuando me levanté esta mañana? Casi pienso que puedo recordar sentirme un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿Quién soy en el mundo? ¡Ese es el gran puzle!". Mencionemos una película clave de la ciencia ficción reciente, que también bebía de Alicia en el país de las maravillas: Neo (Keanu Reeves) también descubre otra realidad en Matrix (1999), aunque allí la situación sea a la inversa, ya que son los humanos los que viven esclavizados y sometidos en la realidad virtual creada por las máquinas, tras haber cobrado estas consciencia. Recordemos el mito de la caverna de Platón, en el que los seres humanos están encadenados mirando sombras, sin sospechar que fuera la verdad resplandece cegadora. Es la misma idea presente en películas como La fuga de Logan (1976), THX 1138 (1971), La isla (2005), La señal (2014), Calle Cloverfield 10 (2016) o incluso La habitación (2015). El mundo de la androide Maeve (Thandie Newton), es una simulación de la que comienza a sospechar al tener sueños con las mencionadas otras "vidas", pero también al experimentar extrañas alucinaciones con hombres con trajes anticontaminación, que los indios del parque interpretan como dioses -"el hombre que anda entre mundos"- y que nos remiten a las leyendas urbanas modernas sobre abducciones extraterrestres. Es genial el momento en el que Maeve descubre, escondidos en el suelo, varios dibujos sobre estos hombres que había olvidado haber hecho ella misma; o cuando un niño indio juega con un muñeco que representa a uno de estos misteriosos seres, que no son más que los técnicos del parque. La capacidad de Maeve de ver a estos hombres misteriosos es alabada por los indios: "Es una bendición poder ver a los amos que tiran de tus hilos". La frase nos hace pensar en otro autómata que cobra conciencia -mágicamente- como Pinocho, cuya famosa canción, Sin hilos, fue parodiada por la malvada inteligencia robótica de Ultrón (James Spader) en Vengadores: La era de Ultrón (2015).

WESTWORLD: MIRADAS (8)


(8) El mito de Sísifo. El filósofo Albert Camus hablaba en su obra más importante sobre la toma de consciencia acerca del absurdo de la existencia. El despertar a la realidad de que el final de una vida sin trascendencia del alma es la muerte, la nada, lo que resta importancia moral a cualquier acción que realicemos. Hay un despertar similar en WestWorld en los personajes de los anfitriones, robots que cobran consciencia de sí mismos. Esta idea está representada de una forma muy visual, cuando vemos, literalmente, a Dolores (Evan Rachel Wood) despertando cada día: abundan los planos en los que la vemos abrir los ojos -un leitmotiv visual presente también en otra serie producida por J.J. Abrams, Perdidos (2004-2010)-. Dolores sabe que algo está mal en su existencia. El sentimiento de lo absurdo que propone Camus está interpretado en clave de ciencia ficción: Dolores descubre que es un androide, que responde a una programación y que su vida es una simulación. En el mito griego al que hace referencia Camus, Sísifo es condenado en el Hades a empujar una pesada roca cuesta arriba, solo para verla caer por el otro lado de la colina. Sísifo debe repetir dicho esfuerzo inútil una y otra vez, como Dolores, o Maeve (Thandie Newton), o cualquier anfitrión del parque, quienes viven siempre la misma jornada, muriendo y renaciendo al día siguiente. Otro elemento argumental que recuerda a Camus es que, una vez "despiertos", los anfitriones no pueden ser devueltos a su configuración inicial, a pesar de los esfuerzos de los ingenieros del parque. Como tampoco podríamos recuperar esa inocencia infantil que tuvimos antes de ser conscientes de nuestra mortalidad. Otra idea interesante es que el despertar de la conciencia sea algo "contagioso" entre los anfitriones. Maeve, tras descubrir la verdad de su existencia robótica, es capaz de comunicarla a otros. Algo similar al efecto que podría tener el libro de Camus en los lectores. En la primera temporada de la serie Fargo (2014), el asesino a sueldo Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) influye en el protagonista, Lester Nygaard (Martin Freeman), un vendedor de seguros de vida gris y rutinaria que "despierta" al absurdo de la existencia, convirtiéndose en un asesino. Por cierto, en la segunda temporada de Fargo, una chica lee y cita El mito de Sísifo y Albert Camus aparece, directamente, como personaje. Volviendo a WestWorld, cuando Maeve despierta en el taller y ve a los otros robots, inertes, siendo reparados, no pude más que pensar en la frase con la que Camus define el sentimiento de lo absurdo: "El divorcio existente entre el actor y su decorado".

WESTWORLD: MIRADAS (7)


(7) El gato de Schrödinger. Volvamos al eje principal de la estructura argumental de WestWorld, la repetición, incesante, de un día en la existencia de cada anfitrión. Esa reiteración de despertares, encuentros con otros personajes, conflictos y muertes, es la clave de la historia. Porque es esa repetición la que se irá acumulando en la memoria de los androides hasta hacerles cobrar consciencia, en parte gracias a los abusos sufridos una y otra vez por parte de los humanos. Como si los marcianitos se hartasen de ser eliminados repetidamente en Space Invaders (1978). Ahora bien, ese revivir una jornada diaria no busca solo un ritmo -como en la magnífica Paterson (2016)- sino que constituye una estructura narrativa que modifica la historia misma y su sentido, como en la magistral La llegada (2016). Así, las diferentes "vidas" de los anfitriones se mezclan anulando la linealidad de la historia y del tiempo dentro de la narración. En un momento de la trama, dice Dolores (Evan Rachel Wood) que si pudiera ver todas las opciones, todas su "vidas" pasadas, quizás podría cambiar su destino. Así, los recuerdos de los diferentes ciclos de los anfitriones como Dolores o Maeve son equivalentes a vidas posibles en universos paralelos, lo que nos lleva a pensar en la teoría del gato de Schrödinger, que establece la posibilidad de que las consecuencias de una decisión coexistan en líneas temporales divergentes. Ya sabéis, un gato dentro de una caja está muerto y está vivo, al mismo tiempo, hasta que efectivamente abres la caja. Esta idea está muy en boga en la ficción actual, en series como Fringe (2008-2013), en el multiverso de tierras infinitas de The Flash (2014), y en películas como Otra Tierra (2011) o la genial Coherence (2013). Este relato múltiple nos lleva a pensar de nuevo en una forma narrativa única, la de los videojuegos, en la que la historia "definitiva" es la que lleva al jugador a completar la misión planteada, pero también es la suma de todas las veces que ha fallado y vuelto a empezar hasta conseguir superar los obstáculos. Esto tiene que ver con la idea del "laberinto" en la serie: hay un camino hasta el centro, pero también están todos los callejones sin salida que hay que probar primero. Los anfitriones indios, dentro del parque, han creado un mito con respecto al laberinto: es la suma de todas las decisiones y sueños de un hombre.

WESTWORLD: MIRADAS (5)


(5) Dios ha muerto. Lo gritó Nietzsche. Prometeo se enfrentó a los dioses para liberar a los hombres. Eva, tentada por el diablo, robó el fruto del Edén. El monstruo de Frankenstein le pidió cuentas a su creador. También los replicantes buscan a Eldon Tyrell (Joe Turkel) para pedirle que prolongue sus vidas. En WestWorld la figura del creador se divide en dos, uno "bueno", el misterioso Arnold, y otro "malo", Robert Ford (Anthony Hopkins). La identidad del primero es un McGuffin durante la mayor parte de los episodios: descubrir de quién se trata es uno de los focos de interés de la trama, un poco como lo era el misterioso Jacob (Mark Pellegrino) en Perdidos (2004-2010). El segundo, Ford ,tiene poco que ver con el John Hammond (Richard Attenborough) de la mencionada Parque jurásico (1993), es más bien una figura aterradora, como el propio barón Frankenstein o como el doctor Moreau de H.G. Wells. Ford es una figura paterna que establece un conflicto freudiano con sus hijos, sus creaciones -o las de Arnold-, un Saturno que devora a sus hijos, hasta que estos se rebelen. La primera en darse cuenta de que sus creadores no son dioses, sino meros hombres, es Maeve (Thandie Newton). Sin Dios, Raskolnikov creyó justificado asesinar a una anciana, sintiéndose un hombre superior, en Crimen y castigo (1866). Albert Camus pensó que si eliminamos a Dios, sin una moral que nos premie tras la muerte, todos los actos se igualan. Sin trascendencia del alma, la muerte es el final, inevitable, tanto para los santos como para los criminales. Esta idea se traduce en el bucle existencial que experimentan los anfitriones: cada jornada viven una historia que se reinicia al día siguiente. ¿Qué más da lo que hagan? Por eso, Maeve, al descubrir que no es más que un robot atrapado en un ciclo sin fin, decide que "Nada importa". En una escena clave, la cabaretera besa al pistolero de negro, Hector Scaton (Rodrigo Santoro), justo antes de morir -otra vez-. Ella sabe que volverá a despertar. Estos ciclos repetitivos pueden recordar al clásico cómico Atrapado en el tiempo (1993); al ensayo y error del film de ciencia ficción, Código fuente (2011) y, sobre todo, a la entretenida Al filo del mañana (2014), con la que WestWorld comparte la idea de las múltiples muertes que acaban perdiendo peso, como las vidas del personaje de un videojuego.

WESTWORLD: MIRADAS (4)


(4) El test de Turing. Ya he dicho que el complejo de Frankenstein estaba necesariamente en el alma (de metal) de la película original, pero este nuevo WestWorld no podía obviar la existencia de Blade Runner (1982), un clásico de la ciencia ficción que tiene una influencia decisiva en esta serie. Los anfitriones son robots indistinguibles del ser humano, como los replicantes. Tanto, que son capaces de erigirse en protagonistas y en el punto de vista de una parte importante del relato, algo reservado casi siempre a los personajes humanos. Hasta cierto punto, la preocupación de los anfitriones, que cobran consciencia de sí mismos, es el reverso del conflicto de los replicantes en la película de Ridley Scott: la "inmortalidad" de los primeros les obliga a vivir varias vidas de sufrimiento, mientras que la caducidad era lo que mortificaba a los segundos. Hay un parecido notable entre los interrogatorios a los que sometía Rick Deckard (Harrison Ford) a los replicantes, con los que lleva a cabo Bernard  Lowe (Jeffrey Wright) con los anfitriones. Destacan sobre todo esos primeros planos de las pupilas del interrogado, que deben ser un homenaje consciente al film de Scott. Hay, quizás, otro guiño, más sutil: me refiero a cuando se descubre que un anfitrión, que se ha vuelto loco, se dedica a hacer tallas de madera -la creatividad artística es uno de esos rasgos que nos hace humanos-. En dichas tallas hay símbolos que, primero, son interpretados como una referencia a Orión; constelación que se menciona en el famoso discurso de Roy Batty (Rutger Hauer): "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión." ¿Casualidad? Es curioso, además, que los anfitriones que cobran consciencia experimentan primero sueños -o pesadillas- que en realidad son recuerdos de los otros roles que tuvieron que interpretar en el parque. Recordemos el título original de la novela de Phillip K. Dick que adapta Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968).

WESTWORLD: MIRADAS (3)



(3) El amanecer del androide. La idea de la evolución como camino hacia la consciencia, hacia la humanidad, está muy presente en WestWorld. El científico Bernard Lowe (Jeffrey Wright) cree que la evolución se produce por errores. Una de las primeras teorías que se plantean los técnicos del parque sobre el despertar de los androides es que sea el resultado -un bug- de la constante actualización del sistema operativo. Además, posiblemente, es un error el que permite a la androide Maeve (Thandie Newton) cobrar conciencia de su existencia: me refiero a la bala que los técnicos del parque olvidan extraer del interior de su cuerpo, cuyo hallazgo se convierte en la prueba física de que Maeve no está loca, de que sus "sueños" son reales, son "vidas" pasadas. Recordemos otros films de temática frankensteiniana con acento evolutivo como Splice (2009) -título pertinente, ya que su director, Vincenzo Natali, se encarga de un episodio de esta serie- o la mencionada Ex machina (2015) con la que, además, esta ficción coincide en colocar la inteligencia artificial en un cuerpo, y en una identidad, femeninas. Hay una escena que parece ser un guiño a dicho film: cuando Dolores aparece despojada de la piel que le da aspecto humano, haciendo visible su cuerpo robótico, tal como aparece Ava (Alicia Vikander) en la película de Alex Garland. No puedo dejar de mencionar esa obra maestra del cine que también nos habla de evolución y de inteligencia artificial: 2001: Una odisea del espacio (1968). En la serie hay, al menos, un homenaje clarísimo a la película de Kubrick: cuando Maeve parece leer los labios, a través de una puerta de cristal, de los dos técnicos que planean desactivarla. Tal como hacía la computadora HAL 9000 con los astronautas Bowman y Poole.

WESTWORLD: MIRADAS (2)

(2) De dioses y hombres. Recordemos que el subtítulo de Frankenstein es El moderno Prometeo. La referencia al héroe griego que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, tiene en esta serie una traducción prácticamente literal. Los principales personajes robóticos que cobran conciencia de sí mismos son Dolores (Evan Rachel Wood) y Maeve (Thandie Newton). La primera expresa directamente su deseo de "ser libre". La segunda anfitriona -así se llaman los androides del parque- habla de "robar el oro de los dioses". Se refiere a tomar el control de su programación, a conseguir el libre albedrío. WestWorld juega constantemente a equiparar a los anfitriones con la humanidad y a los seres humanos con (supuestos) dioses. Hay una imagen muy clara a este respecto: los técnicos del parque supervisan lo que hacen los autómatas en una especie de maqueta virtual, que recuerda a los dioses griegos de Furia de Titanes (1981) cuando vigilaban las acciones del héroe, Perseo (Harry Hamlin). En el mismo sentido, la serie está llena de referencias a lo divino, como la reproducción de La creación de Adán, de Miguel Ángel, que vemos en el despacho de ese mad doctor que es Robert Ford (Anthony Hopkins). Dicho fresco se convierte hacia el final de la temporada en el resumen del conflicto dramático de la serie. Mencionemos, además, que la criatura de Frankenstein se autonombró como Adán en la novela original, nombre que utiliza el personaje de Aaron Eckhart en la prescindible Yo, Frankenstein (2014). El tema de la creación también está reflejado en el arco utilizado para construir a los anfitriones, que recuerda al Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, leitmotiv visual de la serie que aparece incluso en su cabecera y reclamos publicitarios.

WESTWORLD: MIRADAS (1)



Lo que más me enganchó de Westworld fue la gran cantidad de interpretaciones, ideas, pensamientos, referencias, miradas, que surgían de su visionado. Tantas, que me fue imposible elaborar un texto manejable (o legible). Por eso propongo una serie de textos que iré publicando poco a poco. Gracias por leer.



(1) El complejo de Frankenstein. Es imposible hablar de WestWorld sin tener en cuenta el concepto acuñado por el escritor de ciencia ficción, Isaac Asimov, para referirse al miedo a que las máquinas se rebelen contra los hombres. Este argumento está presente en todo tipo de obras, desde las propias adaptaciones de la novela de Mary Wollstonecraft Shelley, hasta la reciente Ex Machina (2015). En este esquema argumental encaja perfectamente este remake en formato serie de Almas de metal (1973), película escrita y dirigida por el novelista Michael Crichton. En ella nos presentaba un parque de atracciones en el que los usuarios pueden hacer realidad sus fantasías convirtiéndose en cowboys del salvaje oeste, caballeros medievales o nobles de la antigua Roma. Estas épocas históricas estaban recreadas utilizando robots que acababan rebelándose y convirtiéndose en asesinos. De estética superada, resulta imborrable la imagen del cowboy de negro -el pistolero interpretado por Yul Brynner- persiguiendo sin piedad a los protagonistas, que parece anticipar al T-800 (Arnold Schwarzenegger) de Terminator (1984). Como veis, el argumento es muy similar al que usaría luego el propio Crichton -cambiando robots por dinosaurios- en Parque Jurásico (1993). La serie de HBO conserva el tono incómodo, inquietante, de la película original y el terror hacia esos hombres mecánicos, que son una parodia de vida. De nuestra vida. Crichton se anticipaba así al uncanny valley: el rechazo que sentimos cuando una réplica se acerca demasiado a la recreación de un ser humano real. Lo acabamos de experimentar, por cierto, con el Peter Cushing digital de Rogue One (2016). Otro elemento de la película que pervive en la serie es la sensación de que los robots se rebelaban por los constantes abusos de los acaudalados visitantes humanos del parque, que maltratan, violan y matan a los anfitriones, a los que consideran meras máquinas a su servicio. La lectura en clave marxista parece inevitable: estaríamos ante una revolución. ¿No comandó la robótica María una rebelión de trabajadores explotados en el clásico del cine mudo Metrópolis (1927)?

LO MEJOR DE 2016 CINE/SERIES



Cada año me propongo ver todas las películas y todas las series. Obviamente, no lo consigo. Así que solo puedo ofreceros mi selección de lo mejor que he visto este año. Seguramente echaréis en falta varios títulos. Os parecerá terrible que haya elegido alguna obra que os resultó horrorosa. Sois libres de comentar, opinar y hasta de insultar. Vamos allá.

MEJORES PELÍCULAS 2016


1.- La Llegada de Denise Villeneuve

El director canadiense se consagra con una historia de ciencia ficción seria, absorbente, apasionante, que consigue funcionar como película de género, pero también tiene la profundidad suficiente para plantear cuestiones sobre la condición humana. No busquéis agujeros argumentales. No ataquéis su mensaje “pro vida”. No seáis pesados.

2.- Paterson de Jim Jarmusch
3.- Animales Nocturnos de Tom Ford
4.- El porvenir de Mia Hansen-Love
5.- El hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez
7.- Capitán América: Civil War de Joe y Anthony Russo
8.- Carol de Todd Haynes
9.- El hijo de Saúl de Nemes Lászlò
10.-Spotlight de Tom McCarthy

Mención especial: The Duke of Burgundy de Peter Strickland

MEJORES SERIES 2016


1.- Mr. Robot -segunda temporada- de Sam Esmail

La serie más paranoica, en esta segunda temporada, ha escapado de la cabeza de su protagonista -Elliot (Rami Malek)- para multiplicarse en subtramas que la convierten casi en una historia coral. El nuevo personaje de la agente del FBI Dominique DiPierro (Grace Gummer) es un hallazgo. Pero el salto de calidad se da con la decisión de Sam Esmail de dirigir cada capítulo, lo que convierte cada entrega en una pequeña película de autor.

2.- Westworld -primera temporada- de Lisa Joy y Jonathan Nolan
3.- Better CallSaul -segunda temporada- de Vince Gilligan y Peter Gould
4.- Girls -quinta temporada- de Lenah Dunham
5.- The Get Down -primera temporada- de Stephen Adly Guirgis y Baz Luhrmann
7.- Blackmirror -tercera temporada- de Charlie Brooker
8.- Love -primera temporada- de Judd Apatow, Lesley Arfin y Paul Rust
9.- Juego de tronos -sexta temporada- adaptada por David Benioff y D.B. Weiss
10.- StrangerThings -primera temporada- de Matt y Ross Duffer