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BETTER CALL SAUL -EL PLACER DE LA MIRADA


La tercera temporada de Better Call Saul ha sido magistral. No está de moda, ni es la más comentada en redes, ni siquiera es atractiva, pero es una de las ficciones más sólidas que se pueden ver hoy. A continuación comento esta nueva tanda de episodios de la serie derivada de Breaking Bad, aviso, con algunos spoilers. La calidad de este spin-off se nota sobre todo en los detalles, en que nos obliga a mirar. Un ejemplo. En el primer episodio de esta tercera entrega, Chuck McGill (Micheal McKean), el hermano mayor castrador, obliga a Jimmy McGill (Bob Odenkirk) a utilizar una técnica muy específica para retirar cinta de embalaje pegada a una estantería, sin estropear el barniz. Chuck obliga a Jimmy a utilizar ambos pulgares. En el siguiente episodio, Jimmy, frustrado tras descubrir la traición de Chuck, retira cinta adhesiva de una pared recién pintada de su despacho, que ha utilizado para no manchar. ¿Cómo? Utilizando ambos pulgares. Jimmy lo hace tal como le ha dicho su hermano mayor. Ni desde el guión, ni desde la puesta en escena, se hace hincapié en este detalle que la mayoría de los espectadores no captarán -de nada- pero es un resumen perfecto de la relación entre ambos hermanos. A continuación, Jimmy arranca la cinta de un golpe, en un gesto de rabia que nos dice que ha decidido romper con Chuck. Ha decidido escapar de la sombra de su hermano y seguir su propio camino: y esto nos lo cuentan a través del simple gesto de arrancar cinta adhesiva de la pared. Esta prioridad de lo sugerido sobre lo explícito es lo que hace de Better Call Saul una gran serie. Así que lo siento amigos, tendréis que prestar atención. En el mismo sentido, otro elemento que hace única a la serie creada por Vince Gilligan y Peter Gould es la espera. Solo hay que fijarse en la cantidad de momentos en los que vemos a un personaje esperando algo o a alguien. Tiempos muertos que van a contracorriente en un mundo de vídeos de Youtube, de constantes notificaciones en el móvil, de titulares digitales vacíos. En la era del déficit de atención, en la que recibimos estímulos constantes que no llevan a nada, Gould y Gilligan plantean una narrativa pausada -que no lenta- y exigente. Hablo de largas secuencias cinematográficas, sin diálogos, en las que vemos a Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) haciendo cosas cuyo objetivo no comprendemos -desarmando enteramente su coche; persiguiendo pacientemente el canal de distribución de Los Pollos Hermanos-. Sospechamos lo que busca, pero no lo sabemos realmente. Better Call Saul nos obliga a esperar, sí, pero la recompensa vale mucho más que otros premios instantáneos.



Quizás lo más importante de BCS es que profundiza en sus protagonistas, dándole verdadero sentido al concepto "historia de personajes". Sus decisiones morales y las relaciones entre ellos, son mucho más importantes que los giros sorprendentes, las muertes o los romances que suelen servir de gancho en otros productos de menor calidad. El prólogo flashforward de esta tercera temporada define el conflicto interior de Saul/Jimmy en una sola escena: tras chivarle a la policía dónde se ha escondido un joven ladrón de tiendas, no puede resistirse a gritarle al detenido, mientras le llevan esposado, que guarde silencio y busque un abogado. La batalla interior entre lo que es correcto y lo que es justo define a Jimmy, siempre al lado del más débil. Sus decisiones nos obligan como espectadores a situarnos en un terreno moral incómodo. Estamos comprometidos emocionalmente con él y le apoyamos, incluso cuando lleva a cabo acciones más que reprobables. Cuando le tiende una trampa a su hermano Chuck, cuando se ha aprovechado de la buena fe de un militar -ocurre en la segunda temporada- Jimmy no hace lo legal, pero su forma de ver las cosas es tan humana, que resulta difícil no ponerse de su lado. Jimmy nos dice que las reglas, las leyes, la moral y la ética no están por encima de lo humano. Y eso es importante. Jimmy es un tío que puede dejarse una pared a medio pintar, sin rechistar. Su pareja sentimental y socia, Kim Wexler (Rhea Seehorn) es justo lo contrario. Puede sopesar durante minutos si en un escrito legal debe acabar una frase con un punto o con un punto y coma. Mientras Jimmy decide contratar a una recepcionista (Tina Parker) tras una corazonada, Kim quiere seguir entrevistando candidatos obsesivamente. Kim odia a Jimmy por sus tretas ilegales para conseguir sus objetivos, pero está enamorada del Jimmy que echa de menos sentirse querido por su hermano. Jimmy es la espontaneidad que le falta a Kim. Las dinámicas entre los personajes es otro punto fuerte. Estamos de parte de Jimmy y sus timos, mientras odiamos a su hermano Chuck, un hombre completamente recto, con un código ético estricto, que jamás cometería un acto ilegal. Porque en su corazón hay poca humanidad. Jimmy sufre en esta tercera entrega las consecuencias de sus acciones en la segunda temporada. Recibe un castigo justo, que incluso se queda corto, pero al ver a nuestro protagonista esforzándose por superar las dificultades, no podemos evitar apoyarle. A pesar de que Jimmy intenta aprovecharse de cada situación en su beneficio, queremos verle ganar en lo que es un sutil perfeccionamiento de las monstruosidades de Walter White (Bryan Cranston) en Breaking Bad. Jimmy volverá a ser el chanchullero que acabó en prisión antes de la primera temporada, todo por sobrevivir. Pero también por amor, por no decepcionar a Kim.


Otro personaje excepcional es el ya mencionado Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks). El expolicía que parece salido de un western crepuscular, funciona como el reverso de Jimmy. Mike es totalmente desinteresado, entregado al cuidado de su nieta, empeñado en ayudar a la viuda de su hijo, participando, por ejemplo, en la construcción de un parque infantil. Si Jimmy comete todo tipo de tropelías para conseguir un dinero que no merece, todas las acciones de Mike son positivas, pero el dinero que las financia proviene del crimen. Lo más atractivo de Mike es que puede delinquir, pero nunca traiciona su estricto código moral: cuando advierte a Nacho Varga (Michael Mando) del peligro -moral- de matar a su jefe narco -Hector Salamanca (Mark Margolis)-. Por cierto, Nacho, que intentará llevar a cabo un ingenioso plan de asesinato típico de Breaking Bad, es uno de los grandes hallazgos de esta temporada. El inesperado desarrollo de este personaje y de su entorno familiar, revela que detrás de su fachada estereotipada de tío duro latino, hay un personaje interesante. Y no olvidemos el regreso de Gus Fring (Giancarlo Esposito), uno de los mejores de Breaking Bad, que aquí no decepciona. 



Destaquemos para terminar, algunos momentos antológicos de esta tercera temporada. Primero, el emocionante juicio que enfrenta a Jimmy y a Chuck, en la culminación de la trama sobre los dos hermanos, que se inició en el primer episodio de la serie y que resuelve la incógnita sobre la naturaleza de la enfermedad del segundo. También la revelación del origen del nombre de Saul Goodman, que Jimmy usará en la serie de Walter White. Y el fantástico episodio -Fall, uno de los mejores que he visto nunca- en el que Jimmy manipula a un grupo de mujeres mayores para que cobren una indemnización de la que recibirá su parte. El ingenio del plan de Jimmy se despliega con un delicioso humor negro que nos devuelve a un escenario distintivo de esta serie, como es el bingo. Esta historia se desarrolla en paralelo a otra de Chuck, que tras el chivatazo de Jimmy sobre su enfermedad a su compañía de seguros, se rebela contra el intento de su socio Howard Hamlin (Patrick Fabian) de prejubilarle. Ante nuestros ojos, Chuck comienza a engañar a Howard, en definitiva, comienza a comportarse como Jimmy. Mientras tanto, Kim, se deja las pestañas en con nuevo cliente, rechaza celebrar con Jimmy el éxito de sus engaños, y acaba sufriendo un accidente de coche. ¿Cuál es la moraleja de esto? Lo cierto es que el azar es un elemento que ya era importante en Breaking Bad y que aquí aparece de nuevo para trastocar los planes de todos los personajes. No quiero revelar más, pero el final de esta entrega es uno de los más amargos que recuerdo.

BETTER CALL SAUL: LA MEJOR SERIE QUE NO ESTÁS VIENDO



Better Call Saul es la mejor serie que probablemente no estáis viendo. No pasa nada. Como su antecesora, la fantástica Breaking Bad, la historia del abogado Jimmy McGill (Bob Odenkirk) parece pensada para ser devorada de un tirón -al estilo Netflix, vamos- por lo que el estreno de su tercera temporada sería una buena oportunidad para recuperar el tiempo perdido viendo The Walking Dead y engancharse a ella. Hay varias razones que explican mi pasión por la ficción creada por Vince Gilligan y Peter Gould. Primero, su narrativa cinematográfica. La serie está contada como si fuera una película, esto no es "televisión": es decir, aquí no predominan los diálogos sino las imágenes. Por lo que os podéis olvidar de verla en el móvil o de estar pendientes del WhatsApp durante su visionado: hay que estar atentos, chavales. No esperéis que los personajes os digan quiénes son en largos parlamentos -aunque Jimmy se caracteriza por su labia- sino que aquí hablan sus acciones. Les vemos hacer cosas, que muchas veces contradicen lo que han dicho, por lo que Better Call Saul cuida sus imágenes mucho más que otros productos televisivos, de realizaciones más bien planas y funcionales. La segunda razón es que estamos ante una serie de personajes. Pocas ficciones, como Breaking Bad, cuidaron con tanto mimo la evolución de su protagonista -la transformación de Walter White, profesor de química, en Heissenberg, genio criminal, es simplemente magistral- y este spin-of hace exactamente lo mismo al mostrarnos como Jimmy McGill, estafador de poca monta que busca redimirse como abogado a imagen de su hermano mayor Chuck -un estupendo Michael McKean- acabará convirtiéndose en el leguleyo Saul Goodman que conocimos en la serie protagonizada por Bryan Cranston. En ambas ficciones estamos ante la transformación de un personaje, contada paso a paso. Y esto nos lleva a una tercera cosa que hace que esto no se parezca a ninguna otra serie: aquí, lo importante, son las decisiones morales de los personajes y cómo cada una de ellas, los va cambiando por dentro. Cada elección de Jimmy McGill le acerca o le aleja de ese futuro Saul Goodman, y aquí se consigue que ese proceso interno sea más interesante que las batallas y los asesinatos de Juego de Tronos. Y lo que hacen mejor que nadie estos guionistas, lo que resulta verdaderamente impresionante, es el juego que establecen con el espectador a raíz de esas decisiones morales. Porque las acciones de los personajes -buenas o malas- nos obligan constantemente a tomar una posición. Aprobar o rechazar. Jimmy McGill es nuestro protagonista, nos resulta simpático, pero ¿Hasta cuándo le vamos a apoyar en sus engaños y chanchullos? ¿Dónde trazamos la línea moral que, de ser traspasada, nos obligaría a abandonar -emocionalmente- al (anti)héroe de esta historia? Este juego fue llevado a su máxima expresión en Breaking Bad y aquí se repite con -casi- igual fortuna. Por si fuera poco, Jimmy está rodeado de un elenco de personajes secundarios excepcionales. Kim Wexler (Rhea Seehorn) no es simplemente el interés sentimental, sino un personaje humano, interesante, que muchas veces es más atractivo que el propio Jimmy y que suele ponerle entre la espada y la pared. El antagonista no podía ser mejor: Chuck McGill es un abogado prestigioso, inteligentísimo y un hermano mayor difícil de superar. La idea de su hipersensibilidad alérgica, que le pone en una situación de debilidad, es uno de los grandes hallazgos de la serie. Los que hayáis visto Breaking Bad recordaréis al veterano Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) un personaje que parece extraído de un western -de Sin Perdón (Clint Eastwood, 1992)- que protagoniza una subtrama tan interesante como la principal. Y por último, esta tercera temporada supone el regreso de uno de los mejores personajes de Breaking Bad, nada menos que Gus Fring (Giancarlo Esposito), el famoso dueño de Los pollos hermanos.

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- NAILED


NAILED (11 DE ABRIL DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Payoff. Me refiero a lo que recibimos como espectadores al comienzo de este episodio cuando se despejan las dos incógnitas del anterior.  Descubrimos qué preparaba Mike (Jonathan Banks) con la manguera y los clavos y lo que pretendía Jimmy (Bob Odenkirk) al falsificar varios documentos de los archivos del banco Mesa Verdad de su hermano Chuck (Michael McKean). Y esto se desvela sin explicaciones, sin recapitular sobre lo ocurrido anteriormente, exigiéndonos una buena memoria. "Que se joda el espectador medio", diría David Simon. El argumento de este episodio se estructura en tramas paralelas protagonizadas por Mike y Jimmy respectivamente. Primero, vemos los resultados de sus trampas. Una es muy física y algo violenta: Mike atraca el camión de helados de los narcos que lleva dos episodios vigilando. La otra es una trampa más intelectual, una argucia legal orquestada por Jimmy para simular un error del bufete de Chuck que ocasiones que su cliente pierda su confianza. En ambos casos se trata de una estrategia del débil contra el gigante. Ambas son grandes victorias aunque no derrotan definitivamente al enemigo. Luego vemos también escenas equivalentes en las que Mike y Jimmy se enfrentan a las sospechas de sus contrincantes. Nacho (Michael Mando) sabe que Mike perpetró el atraco y este ni siquiera lo niega. Pero lo que me parece soberbio de esta serie es cómo consigue situarnos en un relativismo moral que nos lleva a simpatizar con Jimmy cuando Chuck le echa en cara lo que ha hecho. Sabemos que Jimmy es culpable, sabemos que Chuck está más capacitado para llevar el caso que se disputan y que es injusto que lo pierda. Pero estamos del lado de Jimmy. El discurso final de Kim (Rhea Seehorn) a Chuck, en el que defiende a Jimmy, es emocionante. Descubrir luego que Kim sabe que Jimmy es culpable del engaño es muy divertido. Pero todo tiene un precio: luego tenemos que afrontar las consecuencias de las dos trampas. Las que tiene que soportar Mike son muy duras: la muerte de inocentes. Jimmy, en cambio, corre a borrar cualquier evidencia de lo que ha hecho. Y volvemos a estar de su lado. De alguna manera, aunque Chuck es legal, trabajador y ético, lo percibimos como alguien malvado que debe ser derrotado por cualquier medio posible. Jimmy, al que percibimos débil, recibe nuestras simpatías a pesar de su picardía. Entonces entra en juego un elemento muy importante en esta serie y en la anterior Breaking Bad: el azar. Chuck sufre un mareo tras la frustración de ver cómo su hermano se saldrá con la suya. Un mareo que le hace desvanecerse y caer, golpeándose la cabeza en lo que parece un accidente mortal. 

CAPÍTULO ANTERIOR: FIFI

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- FIFI


FIFI (4 DE ABRIL DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Un virtuoso plano secuencia abre este episodio demostrando que Better Call Saul es de las pocas series de la ficción televisiva actual que se preocupa en utilizar una planificación cinematográfica. La escena nos lleva a través de la frontera entre México y Estados Unidos -imposible no pensar en el plano secuencia inicial de Sed de mal (Orson Welles, 1958) por su idéntico escenario- y nos hace seguir un camión de helados convirtiéndonos en testigos de cómo los agentes de aduana lo revisan. Sospechamos que la carga oculta drogas -venimos de Breaking Bad- pero no es así. La secuencia tiene una estupenda idea de guión: el conductor es en realidad un asesino a sueldo que busca un arma escondida en el desierto y marca con palitos de helado cada trabajo -cada asesinato- realizado. Y hay muchos palitos. A partir de aquí todo es bueno en este episodio. La complicidad que despierta Kim (Rhea Seehorn), un personaje con el que nos identificamos completamente y cuyo entusiasmo compartimos en su intento por emprender su propio bufete. Kim nos gana vendiéndose a los clientes del banco Mesa Verde. Por eso compartimos su decepción cuando Chuck (Michael McKean) le roba este cliente, aunque no podamos más que reconocer la sabiduría legal de este personaje interesantísimo por sus matices psicológicos y único por su extraña alergia a todo lo electrónico. Por último, también están los momentos de humor, como las argucias de Jimmy (Bob Odenkirk) para grabar un anuncio engañando a las Fuerzas Aéreas y utilizar la imagen de Fifi, el único bombardero de la Segunda Guerra Mundial que sigue operativo. Todo funciona en este episodio, que se permite el lujo de plantear tres escenas muy elaboradas que dejan abiertas incógnitas. Los seguimientos de Mike (Jonathan Banks) precisamente al camión de helados que hemos visto al inicio y que tiene algo que ver con los negocios del tío de Tuco. La ingeniosa falsificación de los documentos de Mesa Verde que hace Jimmy. Y la extraña manguera de clavos que confecciona Mike, aprovechándose de la inocencia de su nieta, que le ayuda en una escena tan tierna como escalofriante.

CAPÍTULO ANTERIOR: INFLATABLE

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- INFLATABLE



INFLATABLE (28 DE MARZO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Inflatable es probablemente el mejor episodio de la segunda temporada de Better Call Saul. Y probablemente uno de los mejores de toda la serie. Y seguramente de cualquier serie. Es un buen ejemplo de cómo esta ficción da prioridad a las decisiones morales de los personajes. Estas decisiones van modificando y construyendo a los protagonistas, cuyas evoluciones constituyen el principal interés dramático de la historia. Esto es así desde Breaking Bad, en la que Walter White (Bryan Cranston) pasa de ser un simple profesor de química a un peligroso criminal. Aquí, primero, un flashback nos muestra cómo Jimmy McGill (Bob Odenkirk), siendo apenas un niño, comenzó su "carrera" como timador de poca monta. El pequeño Jimmy ve a un estafador engañando a su padre, aprovechándose de su buena fe. Es un momento revelador porque podemos ver cómo Jimmy decide no ser como su progenitor. Decide que el mundo se divide en timadores y víctimas, siendo estos los trabajadores honestos que creen que el esfuerzo tendrá como recompensa la felicidad. No para Jimmy.


Buscando el contraste con Jimmy, los guionistas utilizan al personaje del expolicía Mike (Jonathan Banks), un matón a sueldo con un estricto código ético que ahora debe tomar también una decisión moral: dejar libre al narco, Tuco Salamanca, cambiando su declaración a cambio de dinero. Mike no es precisamente feliz con esta decisión, pero sobre todo no soporta las justificaciones de Jimmy, que hace su papel de abogado sin escrúpulos. Es interesante que, gracias a Mike, vemos las acciones de Jimmy desde fuera, sin el compromiso emocional que tenemos con él por ser nuestro protagonista. Gracias a Mike vemos a Jimmy de una forma más objetiva. Mike -como Jesse (Aaron Paul) en Breaking Bad con respecto a Walter White- nos permite ver claramente que lo que hace el protagonista de la serie, está mal. Algo similar ocurre con Kim (Rhea Seehorn), que ha decidido cambiar de bufete. En esta decisión, que le pide su corazón, pesa la culpa de un crédito estudiantil concedido por sus empleadores. Kim siente que tiene una deuda, mientras que Jimmy, que también quiere renunciar a su trabajo, decide hacer todo lo posible por cobrar una gratificación que, obviamente, no merece. Sin embargo, como he dicho antes, Jimmy es nuestro protagonista y estamos comprometidos emocionalmente con él. Si hasta ahora ese vaso de café que no encaja en su coche era el leitmotiv de su infelicidad, aparece en este episodio la imagen de un muñeco hinchable -Inflatable- que parece ser una metáfora visual de la situación del abogado. Un muñeco publicitario, algo ridículo, esclavo del viento, que se agita según soplan corrientes de aire fuera de su control. La imagen es sugerente, pero enseguida descubrimos que los guionistas van un paso por delante de nosotros. Jimmy no se ve reflejado en el muñeco, sino que sus colores chillones le sirven de inspiración para vestirse de la forma más estrafalaria posible. Su objetivo es escandalizar a sus jefes del bufete, provocando un despido injustificado que le permita cobrar la compensación que tanto desea. Al mismo tiempo, esos trajes de colores imposibles son el primer paso del personaje hacia la transformación en el Saul Goodman que conocemos de Breaking Bad. Jimmy consigue su objetivo, y ahora el muñeco no parece ser presa del viento sino bailar con la música que da ritmo a la secuencia. Como espectadores, nos alegramos de que Jimmy haya logrado su objetivo. Nos resulta divertida su atrevida estrategia. Pero, una vez más, un sutil cambio en el punto de vista matiza moralmente lo ocurrido. La reacción del jefe de Jimmy, Clifford Main (Ed Begley Jr.) nos sorprende: no entiende la actitud de Jimmy para conseguir ser despedido de una empresa que le ha dado una oportunidad y le ha tratado bien. En este momento sentimos la misma vergüenza que el protagonista. Sentimos que se ha comportado como un imbécil. Pero los guionistas vuelven a demostrarnos que están muy por delante de nosotros cuando revelan que Jimmy quería la gratificación para pagar la deuda de Kim. ¿El fin justifica los medios?. Lo cierto es que es descubrir esto nos permite seguir simpatizando con el personaje. Pero la cosa no acaba aquí. Porque también se desvela que Jimmy no quiere pagar la deuda de Kim simplemente para que ella sea libre y pueda trabajar en otro bufete. Lo que quiere realmente es abrir su propio despacho de abogados con ella. Es decir, Jimmy tiene un interés personal, sentimental y egoísta. Hace lo que hace por amor, pero en sus acciones hay un elemento de manipulación. Kim es un gran personaje y responde a esto poniendo a Jimmy ante otra decisión moral: ¿Qué clase de abogado va a ser? Él promete honestidad, pero se mira el anillo de su amigo fallecido, Marco, su compañero de timos. Un anillo que es un símbolo de otra decisión moral, que marcó la primera temporada. Paralelamente, en el episodio ocurre algo similar a todo esto con Mike. El expolicía ha dejado libre al peligroso Tuco por dinero. Pero descubrimos que con esto pretende pagar la casa de su nuera y de su nieta. Otra vez, quizás, el fin justifica los medios.

CAPÍTULO ANTERIOR: BALI HA'I

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- BALI HA'I



BALI HA'I (21 DE MARZO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Hay que reconocer el mérito de los guionistas y directores de Better Call Saul para mostrarnos una y otra vez, de diferentes maneras, que Jimmy McGill (Bob Odenkirk) no está a gusto con su vida. Odia su trabajo en un importante bufete y aquí le vemos incapaz de pegar un ojo en el piso que la empresa ha alquilado para su comodidad. Es significativo que Jimmy se traslade hasta su viejo despacho/casa en el negocio coreano de manicura para, en su viejo catre, conseguir, por fin, dormir. En el mismo sentido, Jimmy tiene problemas para encajar su vaso de café en el que coche que el bufete le ha facilitado. El vaso encaja a la perfección en su viejo y desvencijado vehículo de abogado fracasado. Mientras tanto, Kim sigue sin decidir quién quiere ser. Su relación sentimental con Jimmy la aleja de la carrera de éxito que desea. Pero quizás con él sería más feliz. Mientras Kim sigue dudando, le llega una oferta inesperada. Kim es leal y no se deja convencer, pero un nuevo desprecio de sus jefes la convence. Es interesante cómo los guionistas nos dicen, visualmente, el cambio de parecer de ella. Cuando se reúne con Rick Schweikart (Dennis Boutsikaris), que pretende contratarla, éste le ofrece una bebida servida en una taza de cobre. Kim rechaza dicha bebida, como también desestima luego la oferta laboral. En la escena siguiente, vemos a Kim sentada en una barra, bebiendo exactamente la misma bebida en la taza de cobre. Luego, acepta la invitación de lo que parece ser un adúltero. Esto nos hace pensar que ella ha aceptado la oferta laboral, pero además, sentimentalmente, ha decidido alejarse de Jimmy. Pero no es así. Enseguida Kim llama a Jimmy para que le ayude a timar al incauto mujeriego. Tras reconciliarse con Jimmy, este finge que también es feliz con su nuevo trabajo. Pero la escena final le desmiente: rompe el posavasos de su coche para que su vaso de café encaje. Intentará adaptarse, pero a su manera.


Me gusta mucho el ingenio con el que los guionistas consiguen que Mike (Jonathan Banks) consiga derrotar a jóvenes narcotraficantes mucho más jóvenes y violentos, valiéndose de su experiencia e inteligencia. Le vemos volver a casa tras comprar un nuevo felpudo y papel carbón, que utilizará para detectar si los matones de Tuco están intentando tenderle una emboscada. Mike se ve amenazado nada menos que por otros viejos conocidos de Breaking Bad, los hermanos Salamanca (Luis y Daniel Moncada), que parecen salidos de una película de los Coen. Mike es un viejo -en el buen sentido- de vuelta de todo. Está por encima de la vida y la muerte y eso le da fuerza para enfrentarse a todo y negociar. Le saca 50 mil dólares a fulano. Pero luego le da la mita a Nacho (Michael Mando) por no haber podido cumplir su parte del trato. Esa es la fuerza de un personaje como Mike, que a pesar de vivir en las sombras, se rige por un estricto código moral.

CAPÍTULO ANTERIOR: REBECCA

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- REBECCA



REBECCA (15 DE MARZO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

En el primer plano de este episodio vemos a Chuck (Michael McKean) cambiando una bombilla y con ello los brillantes guionistas de Better Call Saul ya nos tienen enganchados. ¿Qué está pasando? ¿Se ha curado Chuck de su extraña alergia a todos los aparatos eléctricos? No. Estamos ante un flashback. Chuck todavía no sufría esa extraña condición -¿psicológica?- que le obliga a vivir aislado y en penumbras. La fotografía de esta primera secuencia es genial porque anticipa esa oscuridad en la que vivirá el Chuck que conocemos. Una historia también se puede narrar visualmente. Lo que nos cuentan aquí es la visita de Jimmy (Bob Odenkirk) a casa de su hermano, todavía casado con Rebecca (Ann Cusack) -personaje que da título a este episodio-. El desarrollo de la secuencia conecta con esa primera imagen cuando Jimmy hace chistes sobre abogados -¿Cuántos se necesitan para cambiar una bombilla?-. Chuck lo tiene todo, su hermano es un fracaso, pero aún así, envidia la capacidad de Jimmy de ser gracioso, humano. De hacer reír a Rebecca.


Me gusta Kim (Rhea Seehorn) y su frase -contundente- a Jimmy: "Tú no me salvas. Yo me salvo". Jimmy tiene una doble vida, como Tony Soprano, Don Draper y Walter White. Pero su compañera femenina, Kim, no está dispuesta a tragar como las parejas de esos otros protagonistas masculinos que he nombrado: Carmela Soprano, Betty o Megan Draper y Skyler White. Kim manda a la mierda a Jimmy a la primera falta. Y eso me gusta. En este episodio la vemos tomando la iniciativa y buscando la manera de recuperar el favor de sus jefes en el bufete de abogados. Favor que ha perdido por su relación con Jimmy y por sus métodos poco ortodoxos. Si prestáis atención, seguramente os habréis dado cuenta de que las escenas que establecen el castigo profesional de Kim la colocan trabajando horas extra en la oficina, casi en la oscuridad. Es la misma iluminación que hemos visto en las escenas previas de Chuck. Ambos personajes habrían sido perjudicados por Jimmy.


Jimmy es infeliz. Tiene todo lo que un abogado podría querer, como demuestra la conversación en los servicios con un viejo conocido de la profesión: "Bastardo con suerte" le dice. Sin embargo, Jimmy es infeliz. La "becaria" (Jessie Ennis) que le persigue a todos los sitios para evitar que cometa irregularidades le impide ser él mismo. Por eso no puede ser feliz. Porque no es él. Está viviendo la vida de su hermano Chuck. Quizás por esto escuchamos enseguida una versión de My Way, en español, interpretada por los Gipsy Kings, sobre las imágenes de Kim, que sigue buscando la forma de redimirse. Kim lo consigue. Se salva a sí misma. A su manera. Pero su método, eficiente, pulcro y honesto, no es suficiente para ganarse el favor de su jefe, Howard Hamlin (Patrick Fabian). Antes, tenemos que volver a las penumbras de Chuck, en las que celebra el logro de Kim. A continuación, un empleado del bufete apaga todas las luces del edificio para que Chuck pueda entrar a su despacho a trabajar. La única que sigue trabajando en las oficinas es Kim. Ambos personajes se encuentran y llegan a la conclusión de que tienen en común el sentirse agraviados por la forma de actuar de Jimmy. Chuck revela entonces -si creemos en sus palabras- que su rencor hacia su hermano es tan profundo como el dolor de la muerte de su padre. El intento de Chuck de poner a Kim en contra de Jimmy es el cliffhanger de esta trama: un simple plano de ella sopesando lo que acaba de escuchar. El resto del episodio lo protagoniza Mike (Jonathan Banks), que tiene un encuentro con un viejo conocido de Breaking Bad, el tío de Tuco, Héctor Salamanca (Mark Margolis), -ese personaje que parecía salido de una película de los hermanos Coen- antes de verse postrado en una silla de ruedas. Héctor le propone a Mike evitar que Tuco se pase media vida en prisión, a cambio de dinero. Al igual que con Kim, un plano de Mike cavilando sobre qué hacer cierra el episodio. No recuerdo ninguna otra serie que dé tanta importancia a las decisiones -morales, éticas- de los personajes.

CAPÍTULO ANTERIOR: GLOVES OFF

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- GLOVES OFF


GLOVES OFF (7 DE MARZO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Gloves off recoge el guante -perdonen el chiste malo- justo donde acaba el episodio anterior, con la duda de si Mike (Jonathan Banks) acepta el encargo del narco Nacho (Michael Mando). Para potenciar la intriga, los guionistas deciden enseñarnos lo ocurrido después de que Mike ha completado el trabajo: tiene en sus manos un sobre con una fuerte suma de dinero, un llavero de plata con la forma de dos pequeños guantes de boxeo y la cara destrozada. ¿Qué ha hecho Mike? O más bien ¿A quién ha matado? Enseguida descubrimos que, efectivamente, Nacho quiere matar a alguien, nada menos que a Tuco (Raymond Cruz). Y que le encarga su asesinato a Mike. Los que hemos visto Breaking Bad sabemos que Tuco no morirá asesinado por el expolicía. Por eso el interés de esta trama no puede ser ver cómo falla Mike. Esto no es Valkiria (Bryan Singer, 2008). El gancho aquí es descubrir cómo se las arregla Mike para solucionar el problema de Nacho, cobrar el dinero y no matar a Tuco.


Ese conflicto es el núcleo del episodio, que continúa la historia del anterior, Amarillo. En la reseña previa, decía que Mike y Jimmy (Bob Odenkirk) han comenzado una doble vida. Ocultan una forma de actuar ilegal e inmoral a sus seres queridos. Pero hay una diferencia ética entre ambos personajes. Aquí, Mike se sacrifica para actuar correctamente -se deja golpear salvajemente por Tuco- para cobrar el dinero que necesita para su nuera, sin cometer un acto inmoral, a pesar de que la víctima es un peligroso criminal. Mike demuestra aquí una integridad -es casi el héroe de un western- de la que Jimmy parece carecer. Su hermano, Chuck (Michael McKean) le echa en cara que para él, "el fin justifica los medios". Jimmy -como Mike- intenta sacrificarse para salvar a Kim (Rhea Seehorn), perjudicada por sus engaños. Pero su esfuerzo no convence, porque para Jimmy dejar la abogacía no es un verdadero sacrificio. De hecho, sospechamos que sería una liberación.

CAPÍTULO ANTERIOR: AMARILLO

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- AMARILLO


AMARILLO (29 DE FEBRERO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Uno de los temas recurrentes de la ficción televisiva reciente es el de la identidad escindida entre la esfera pública y la privada. Tony Soprano intentaba parecer un padre de familia y un empresario honesto, cuando en realidad era un violento mafioso. Don Draper, exitoso publicista y hombre de familia, era un mujeriego alcohólico cuyo mismo nombre era falso. Walter White era un profesor de química, padre y enfermo de cáncer, que ocultaba su transformación en productor de drogas. Esta doble identidad no esconde una labor bienhechora como en la ficción superheróica. Curiosamente, en esos superhéroes tan en boga actualmente en cine y televisión, la dualidad no es demasiado relevante. Por el contrario, los personajes de los que hablo -a los que podéis agregar a Carrie Mathison y a Francis Underwood- ocultan una vida moralmente repudiable. En Better Call Saul, de manera muy sutil, Jimmy McGill (Bob Odenkirk) está siguiendo el camino de Walter White hacia una doble vida que decide ocultar a su pareja sentimental, Kim (Rhea Seehorn). Jimmy ha decidido que el fin justifica los medios y aquí demuestra que es incapaz de seguir el código ético de su profesión para captar a esos ancianos que dice querer defender de los abusos de una gran cadena de residencias para la tercera edad. Cuando vemos a Jimmy ocultar sus tácticas para captar demandas de ancianos a Kim, sabemos que es el principio del fin. Estamos ante una precuela, por lo que conocemos de antemano que Jimmy se convertirá en un abogado sin escrúpulos -en Breaking Bad- y que cambiará incluso de nombre. Saul Goodman será su nueva identidad, como Heissenberg es la de Walter White.


La otra trama del episodio, protagonizada por Mike (Jonathan Banks) sigue un recorrido casi idéntico. Mike quiere ayudar a su nuera, Stacey (Kerry Condon) y por ello comenzará también una doble vida como matón a sueldo. ¿Hasta dónde será capaz de llegar? En el próximo episodio veremos si acepta la propuesta del narco Nacho (Michael Mando).

CAPÍTULO ANTERIOR: COBBLER

BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- COBBLER


COBBLER (22 DE FEBRERO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

No puedes ver una serie como Better Call Saul mientras miras el móvil, tuiteas o cenas. No. La serie de Vince Gilligan y Peter Gould no se apoya en el diálogo como la mayoría de los productos televisivos, sino que tiene una narrativa cinematográfica que exige un nivel de atención más bien alto. En la secuencia que abre este episodio, vemos a Chuck (Michael McKean) tocando el piano y equivocándose repetidamente hasta frustrarse. Durante un par de minutos, no se dice una sola palabra. Tampoco abundan esos primeros planos que permiten el visionado de una serie en un teléfono móvil. Gracias a Dios. Better Call Saul es demasiado buena para espectadores perezosos y para las nuevas pautas de consumo audiovisual. Tras el inicio, la siguiente escena consiste en una simple conversación con el abogado Howard Hamlin (Patrick Fabian) que nos pone al día con respecto a la "enfermedad" de Chuck, deja claro su conflicto con el protagonista, Jimmy McGill (Bob Odenkirk) y luego expresa visualmente su problema vital utilizando el metrónomo sobre el piano: Chuck ha perdido el ritmo, la sintonía con el mundo exterior, tras tantos meses de encierro.


El hermano de Chuck, Jimmy, en cambio, parece estar triunfando: nuevo trabajo, nueva novia, nuevo coche. Pero algo no encaja. Jimmy no lo dice. Pero lo vemos: el vaso de café que le regala Kim (Rhea Seehorn) no tiene las medidas precisas para el portavasos del nuevo coche, un Mercedes, de Jimmy. En su antiguo coche-chatarra aquel vaso cabía perfectamente. Otro indicio visual: cuando el protagonista arranca su nuevo vehículo, lo hace demasiado cerca de la acera y la rueda se sube a una rampa de forma abrupta. Es una pequeña pista que nos prepara para los conflictos que seguramente vendrán. Jimmy no está cómodo en el papel de abogado honesto y formal. En otro momento de narrativa puramente visual, Mike (Jonathan Banks) siente una vibración en el café dentro de su vaso -se trata de un guiño a Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993)- que anuncia la llegada de su excliente, Pryce (Mark Proksch), en un llamativo coche amarillo que resulta lo menos apropiado posible para un pequeño traficante de drogas que no debe llamar la atención.


A pesar de esta demostración de sabiduría en el uso de una narrativa puramente visual, el mejor momento del episodio es un diálogo que expresa la mejor habilidad de Jimmy: su labia. Para salvar al pringado de Pryce, se inventa una parafilia, squat cobbler, gente que disfruta sentándose en pasteles. Una genialidad que genera un importante conflicto argumental: Jimmy pide a Pryce que fabrique un vídeo que para su novia Kim constituye un delito, el de falsificar evidencias. Es la primera fisura en su relación.

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BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 2- SWITCH


SWITCH (15 DE FEBRERO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Probablemente ninguna serie ha dado tanta importancia a la evolución de su personaje protagonista como la esencial Breaking Bad (2008-2013). En ella, se narraba la transformación de un profesor de química, Walter White (Bryan Cranston), en un genio criminal. En un monstruo. Los creadores de aquella, Vince Gilligan y Peter Gould, demuestran en Better Call Saul un idéntico interés por hacer de las decisiones morales de su protagonista, Jimmy McGill (Bob Odenkirk), el motor de su argumento. Recapitulemos. En la magnífica primera temporada, Jimmy había sido un estafador de poca monta rehabilitado, con la intención de convertirse en un honesto abogado interesado en causas sociales, como la de defender a los indefensos ancianos de las prácticas abusivas de un geriátrico. Jimmy emprendía esa -primera- transformación para complacer a su hermano mayor, Chuck (Michael McKean) y obtenía la recompensa de una lucrativa oferta de trabajo. Pero en el último minuto, cambiaba de opinión. Decidía que ser un abogado honesto no era para él.


Hay que recordar que la transformación del protagonista de Better Call Saul necesariamente debe terminar cuando Jimmy se convierta en el sinvergüenza sin escrúpulos que conocimos en Breaking Bad. El prólogo de este primer episodio de la segunda temporada nos muestra a ese futuro Saul, que, al final de aquella serie, acababa en una especie de programa de testigos protegidos. Le vemos "disfrazado" de empleado de una cadena que vende café y rollos de canela. La escena puede parecer desconectada de la historia del episodio, pero no es así. Muestra a Saul en una situación algo absurda, que permite conocer la catadura moral de los personajes de esta ficción. Tras quedarse encerrado en una sala de contenedores de basura, Saul debe decidir si abre una puerta que activaría una alarma o si prefiere esperar, indefinidamente, a que alguien más abra desde fuera para tirar la basura. Decide esperar. La espera es primordial en la narrativa de esta serie. Pero además, la decisión es significativa. Saul no abre la puerta para no alertar a la policía, lo que pondría en peligro su nueva identidad. Agacha la cabeza. Prefiere perder el tiempo. Y escribe en la pared su nombre: Saul Goodman. 


Pero en esta serie, nuestro protagonista todavía responde a Jimmy. El argumento de esta nueva entrega comienza justo en el momento en el que decide no aceptar la oferta laboral que le convertiría en un abogado de prestigio. El anillo que acaricia en su mano es el de su fallecido amigo Marco (Mel Rodríguez) su antiguo compañero estafador. Jimmy quiere volver a ser un timador y con la ayuda de su amiga/novia Kim (Rhea Seehorn) engaña a un corredor de bolsa tan arrogante como poco inteligente, Ken (Kyle Bornheimer) -un personaje episódico de Breaking Bad que aparece aquí como guiño para súper fans-. El pequeño engaño a Ken parece demostrar que Jimmy volverá a ser un sinvergüenza. Entonces todo cambia. Una decisión se produce en su interior. No sabemos cuál. Seguramente la descubriremos en episodios futuros. Pero lo cierto es que Jimmy acepta trabajar en el bufete. Todo parece indicar que las condiciones son tan favorables -por fin un escritorio de cocobolo- que no hace falta dar más explicaciones. Pero este episodio se titula Switch porque en el nuevo y flamante despacho de Jimmy hay un interruptor con un letrero que pone "no apagar nunca". Jimmy lo apaga. Y esto quiere decir que, aunque aparentemente ha decidido seguir las reglas, piensa subvertirlas de alguna manera. Recordemos ahora a ese Saul Goodman del futuro que no se atrevió a abrir una puerta para escapar del cuarto de basura. Better Call Saul es la historia de lo que separa a este Jimmy de ese Saul. 


Este excelente episodio se redondea con una pequeña subtrama protagonizada por Daniel Warmolt (Mark Proksch) un mediocre informático que aprovecha su trabajo en una empresa farmacéutica para convertirse en un pequeño narcotraficante. ¿Os suena la historia? La estupidez de Daniel le convierte en el reverso perfecto del genial Walter White.

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BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 1- MARCO


MARCO (6 DE ABRIL) -AVISO SPOILERS-

Afirma Joseph Campbell, autor de El héroe de las mil caras (1949), que la idea de la muerte y la resurrección está presente en los mitos de todas las culturas del mundo. Desde luego encontramos esa energía en el episodio final de la primera temporada de Better Call Saul. Se completa en este el arco de transformación del protagonista, Jimmy McGill (Bob Odenkirk), aunque luego su historia continúe en Breaking Bad (2008). Somos testigos de una evolución en la que el personaje pasa de ser "Slippin´ Jimmy", estafador, a Jimmy McGill, abogado. Pero en el camino ha ocurrido algo que deja a nuestro "héroe" más cerca de su futuro alias, Saul Goodman.


Para entender esta odisea interior del personaje, asistimos a secuencias -soberbias- que se van sumando para explicar cómo el alma de Jimmy se ha modificado durante la temporada. La primera de ellas, es un monólogo en el que el personaje -devastado por la decepción del episodio anterior- confiesa su pecado original: esa falta que le llevó a prisión y que provocó que necesitase la ayuda de su hermano Chuck (Michael McKean). Hay que destacar que este elemento de la historia del personaje podría haber sido contado en un flashback -recurso utilizado en cada capítulo durante toda la serie- pero los autores deciden sorprendernos dando espacio a que el actor Bob Odenkirk se luzca demostrando su capacidad como intérprete. El personaje abre su corazón en una escena dramática situada en el incómodo escenario de un bingo repleto de los ancianos que podrían ser su futuro profesional.


En ese estado emocional, Jimmy necesita escapar y volver a sus orígenes. Eso significa reencontrarse con Marco (Mel Rodríguez), su cómplice en las pequeñas estafas que perpetraba en Cicero, un municipio de Chicago. Durante una semana, volverá a ser el viejo "Slippin´ Jimmy". Por un momento pensamos que esta podría ser su nueva vida. Pero hay un tono crepuscular y nostálgico en esta larga secuencia protagonizada por Marco. La sensación de que no se puede volver atrás. Aparece entonces la energía de la muerte: la del propio Marco. Su fallecimiento cierra un capítulo en la vida de Jimmy y parece significar también la desaparición de "Slippin´ Jimmy".


Tras el funeral de Marco, Jimmy vuelve a Alburquerque. Ha recibido la noticia -a través de Kim (Rhea Seehorn)- de que le ofrecen un puesto en un bufete. Quizás la muerte de "Slippin´ Jimmy" significa una resurrección, la del abogado Jimmy McGill. Pero ¿Realmente quería eso Jimmy? ¿O lo hacía solo para ganarse el favor de Chuck (Mike McKean)? Una visita a su hermano nos demuestra quién es realmente Chuck -una mala persona- y que lo que hacía Jimmy por él era digno de un servicial becario.


Aún con esa imagen en la cabeza, Jimmy parece dispuesto a aceptar convertirse en socio del bufete de abogados. Pero el anillo que lleva en el dedo, un recuerdo de Marco, significa que una parte de "Slippin´ Jimmy" resucita. En un diálogo con Mike (Jonathan Banks) sobre el dinero de los Kettleman -que Jimmy devolvió porque quería hacer "lo correcto"- descubrimos que su experiencia como estafador se ha integrado a su crecimiento personal como abogado. Es decir, "Slippin´ Jimmy" -estafador- se mezcla con Jimmy McGill -abogado- para formar una nueva personalidad: la de Saul Goodman, ese abogado estafador que en algún momento cruzó su camino con Walter White y Jesse Pinkman.

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BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 1- PIMENTO


PIMENTO (30 DE MARZO) -AVISO SPOILERS-

En una estructura de 10 episodios, esta novena entrega de Better Call Saul corresponde al clímax. Se titula, de forma engañosa, Pimento -Pimiento- haciendo referencia al sandwich que lleva Mike (Jonathan Banks) a su primer trabajo como "escolta" de criminales de poca monta. El título no obedece a la temática de la historia, sino más bien al juego de los autores de la serie de bautizar todos los episodios con una palabra acabada en la letra "o": Uno, Mijo, Nacho, Hero, etc. (con la única a excepción del quinto capítulo).



Better Call Saul ha sido principalmente la odisea -interior- de un personaje, Jimmy McGill (Bob Odenkirk), para redimirse. Para dejar atrás un pasado delictivo de pequeñas estafas y convertirse en un abogado. Se trata de un arco de personaje cuyo origen nos es contado mediante flashbacks y que parece llegar a su culminación cuando Jimmy consigue una demanda millonaria -habría que pensar en la importancia que tiene el dinero en Breaking Bad y en esta Better Call Saul- que además es una buena causa. Jimmy quiere ser Erin Brockovich y de paso ganar pasta. Y todo lo ha hecho para ganarse el respeto de una sola persona, su hermano Chuck (Michael McKean). El problema es que Jimmy no quería cambiar realmente. Lo que pretendía, en el fondo, era cambiar la opinión que Chuck tiene de él. Eso, en la mayoría de los casos, es inútil. 



No vale la pena intentar cambiar a otra persona ni vivir para ganarse el favor de nadie. Chuck es en realidad una mala persona -con éxito- que por alguna razón se ha inventado una enfermedad para hacerse la víctima. Jimmy ha cuidado de él con una dedicación tal que lo único que espera es que su hermano esté agradecido. Y debería estarlo. Pero las personas no cambian. Curiosamente, esa es la explicación que Chuck le da a Jimmy para justificar el haber llamado a Howard Hamlin (Patrick Fabian) para evitar que le dieran un puesto en el bufete HHM. Chuck le dice a Jimmy -con una crueldad que confunde con honestidad- que siempre será "Slippin´ Jimmy", un tramposo embaucador. Para Jimmy, es el momento de la verdad, pero también el momento en el que todo parece perdido. En el siguiente capítulo solo puede tener lugar el desenlace de la primera temporada de la serie.



Por último, hay un elemento que hace diferente a Better Call Saul de casi cualquier otra serie de televisión: la espera. Un ejemplo. Kim (Rhea Seehorn) entra en el despacho de Howard Hamlin para pedirle explicaciones por haberse negado a contratar a Jimmy. Es un momento importante porque estábamos esperando que ella diera la cara por su amigo. Pero además nos intrigan las verdaderas razones por las que Howard parece detestar a Jimmy (todavía no sabemos que Chuck está detrás de todo). Pero cuando Kim entra en el despacho, Howard le pide que espere hasta que acabe de escribir un correo electrónico. El tiempo en televisión es oro ¿Para qué hacernos esperar 15 segundos? Porque esa pausa nos permite ver la preocupación en la cara de Kim. Nos da tiempo para escrutar el rostro de Howard y adivinar que no quiere tener esta conversación. Son 15 segundos dramáticamente muy eficaces que, además, aportan una naturalidad pasmosa a la serie. Todos hemos esperado alguna vez esos 15 segundos, que son la esencia de Better Call Saul.

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BETTER CALL SAUL -TEMPORADA 1- RICO


RICO (23 DE MARZO) -AVISO SPOILERS-

El flashback de este episodio de Better Call Saul cobra especial relevancia porque se refleja directamente en los hechos que la serie cuenta en presente. Jimmy (Bob Odenkirk) ha trabajado muy duro en su reinserción y aquí vemos cómo la completa finalmente: consigue un título de abogado. Pero su esfuerzo para convertirse en un hombre honesto no recibe la recompensa que él cree merecer. En una estupenda escena que utiliza el silencio como elipsis nos enteramos -sin necesidad de escucharlo tras el cristal- de que Howard Hamlin (Patrick Fabian) no va a contratar a Jimmy en el bufete HHM. Se trata de un mensaje que los autores de esta serie parecen empeñados en comunicar: la realidad del sistema es que el trabajo solo sirve para sobrevivir. Como Walter White (Bryan Cranston) en Breaking Bad (2008), para llegar al éxito hay que saltarse alguna regla. Hay que inventarse un Heisenberg, o un Saul Goodman.


En el presente, Jimmy se esfuerza por ser un buen abogado, aunque de forma independiente. Su esfuerzo parece rendir frutos cuando da con lo que parece ser un caso que vale oro. Una demanda millonaria. Además, Jimmy parece contar esta vez con la ayuda de su hermano Chuck (Michael McKean). Por un momento Better Call Saul se convierte en Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000). Pero lo cierto es que, la lucha de Jimmy, no tiene nada de épica: sus clientes son ancianos a los que vemos más como personajes de humor que como víctimas indefensas. Jimmy improvisa su demanda encerrado en los servicios de una residencia para la tercera edad y utiliza papel higiénico para escribirla. Luego le vemos buscar las pruebas que necesita en un maloliente contenedor de basura porque no se imagina que sus enemigos reciclan el papel. La historia nos manda señales continuas de que el destino de Jimmy no es el lujo y la pulcritud de un bufete (eso y que ya hemos visto Breaking Bad). Sin embargo, la cruzada de Jimmy por defender a sus clientes ancianos parece ser solo una excusa: lo relevante podría ser la posible curación de su hermano Chuck de su "enfermedad".

CAPÍTULO ANTERIOR: BINGO