ESPEJOS Nº 3 - ¿QUIÉN ES QUIÉN?


El realismo fotográfico y la sencillez de la puesta en escena, sumados al costumbrismo de lo que vemos en pantalla, parecen no casar con la magia, la extraña lógica de los cuentos, de las últimas películas del alemán Christian Petzold. Espejos nº 3 (2026) es el encuentro improbable de dos mujeres, Laura -la actriz fetiche de Petzold, Paula Beer-, y Betty (Barbara Auer), que se conocen literalmente por accidente. Laura es una mujer joven, que parece ausente de su propia vida. Comparte su existencia con su novio (Phillip Froissant), del que sabemos que es músico. De Betty no sabemos nada más que su inverosímil disposición para acoger a Laura, a la que no conoce de nada, tras ser la víctima de un accidente. Así plantea Petzold su película, obligándonos a aceptar la premisa sin habernos contado casi nada de sus personajes. Se lo juega todo Petzold a la dulce y reposada sencillez bucólica de sus imágenes -la fotografía es del habitual Hans Fromm-, al carisma de sus actores, y a la humanidad de los personajes que ha escrito en su guión. Petzold crea una película que es un mundo en el que nos gustaría vivir, ubicado en el campo, en la naturaleza, donde los personajes se dedican a las tareas más sencillas: preparar café, cocinar, recoger frutos silvestres para un pastel, pintar una valla, pasear en bicicleta, recordar a Tom Sawyer. Luego conoceremos a la parte masculina del relato, dos hombres grandes, de pocas palabras, dedicados cómicamente a reparar cosas, a arreglar todo lo que se puede arreglar con las manos -son Matthias Brandt y Enno Trebs-. Para entonces, Petzold nos ha ganado, se nos ha olvidado lo raro que es que Betty acepte vivir con Laura, y no queremos abandonar a estos personajes. Y es entonces cuando estalla el drama, se revela el secreto y descubrimos que estamos asistiendo a la versión más luminosa posible de Vértigo (1958). Petzold nos ha conquistado, nos ha emocionado otra vez, y en Espejos nº 3 lo hace de nuevo desde la sencillez, sin perseguir la obra maestra, sino creando, película tras película, una filmografía de joyas, de pequeños trabajos de amor.

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