HE-MAN Y LOS MASTERS DEL UNIVERSO -YA TENGO EL PODER


Todo comenzó allá por 1982 cuando la casa juguetera Mattel sacó al mercada una línea de figuras de acción para competir con la exitosa Star Wars. Eran cuatro héroes y cuatro villanos -más o menos- y el mítico castillo de Greyskull. Yo los tuve todos y recuerdo perfectamente que, si conocía perfectamente las historias y los personajes creados por George Lucas, estos nuevos juguetes eran atractivos precisamente por su misterio. Para saber sobre ellos había que leer unos minicómics -ilustrados por Alfredo Alcalá- que trazaban a grandes rasgos la mitología del enfrentamiento entre He-Man y Skeletor en una estimulante mezcla de fantasía heroica, espada y brujería -el referente claramente era Conan el Bárbabaro- en la que sin embargo cabían también elementos de ciencia ficción, pistolas láser, naves espaciales y robots. Todo era posible en los Masters del Universo. Entonces llegó la serie de animación, creada por Filmation, cuyo genuino interés era popularizar a He-Man, sobre todo, en el público más infantil. Para ello, la franquicia se reinició con una nueva mitología más cercana a los tradicionales superhéroes: He-Man dejaba de ser un bárbaro para convertirse en el príncipe Adam, un tipo cobarde y pusilánime que, al levantar su espada y convocar del poder de Grayskull, se transformaba en una suerte de Superman -o Hércules-, prácticamente invencible. El éxito de la serie animada dio pie a un largometraje cinematográfico, que en 1987 convirtió al musculoso -y hierático- Dolph Lundgren en el héroe, aunque para ello prescindiese del esquema de los dibujos y reinventara otra vez la historia, llevando las fantásticas aventuras de Eternia a nuestro planeta Tierra, creando un contraste que no acabó de funcionar del todo. 44 años después de su creación, el forzudo héroe vuelve a levantar la espada del poder en He-Man y los Masters del Universo (2026), cinta dirigida por el competente Travis Knight -productor y animador de los estudios Laika- y que nos presenta una nueva historia. De nuevo, se nos presenta la lucha entre el bien y el mal en Eternia, solo que esta vez, como Superman, el príncipe Adam, siendo un niño, es enviado a la Tierra en un intento de salvar la espada del poder de las garras del malvado Skeletor. La misión de Adam será volver a Eternia y recupera el reino para las fuerzas del bien. Este es el argumento, pero el desarrollo, el cómo está contado esto, es lo interesante. Porque la película, en sus primeros minutos, es una estupenda comedia sobre cómo Adam -un perfecto Nicholas Galitzine- intenta adaptarse a la vida en la Tierra como un tipo común, un simple asalariado, incomprendido porque nadie se cree su origen extraterrestre -resulta estupendo aquí el uso del tema musical Boys Don't Cry de The Cure-. Esto es lo mejor de la película, porque está narrado de forma ágil, con mucho humor, y plantea la metáfora perfecta sobre los adultos que siguen -seguimos- recordando con cariño aquellos juguetes de los años 80, y se niegan a abandonarlos. Luego está la otra parte de la película, la fantástica lucha entre héroes y villanos con todo tipo de poderes, enfrentados en secuencias de acción trepidante y con espectaculares efectos especiales. Lamentablemente, aunque Adam nos ha conquistado, la historia de He-Man va perdiendo fuelle en un metraje excesivamente alargado que supera las dos horas. El guión de Chris Butler -también de Laika Studios- no consigue desarrollar los conflictos y los personajes de Eternia, lo que puede provocar la desconexión del espectador al que no le valga la explicación de que Skeletor (Jared Leto) es malo porque sí -su cara es una calavera-. Y es que el gran problema de la película es que se esmera demasiado en ser una parodia de la serie de animación, cuando podía seguir la senda de aventuras autoconscientes y llenas de humor en la línea de Los Cazafantasmas (1984), Guardianes de la Galaxia (2014) e incluso Dungeons and Dragons (2023). En sus mejores momentos -que los tiene-, 
He-Man y los Masters del Universo recuerda a la maravillosa parodia de la fantasía literaria que imaginó Jared Hess en Gentlemen Broncos (2009), director que, por cierto, ha hecho algo muy similar a esto en la taquillera Una película de Minecraft (2009). A pesar de que el reparto de actores está muy bien -Idris Elba, Alison Brie, Camila Mendes, James Purefoy, Morena Baccarin y Kristen Wiig- las piezas no acaban de encajar. La película, eso sí, está llena de guiños y referencias a la historia de la franquicia, y el tono autoparódico está refrendado en la estupenda música de Junkie XL que cuenta, nada menos, que con la guitarra de Brian May. Y es que cuando escuchamos en la película el tema de Queen, Princess of the Universe, utilizada en Los inmortales (1986), no podemos dejar de pensar que el modelo a seguir tenía que ser esa cumbre del camp, la versión de Dino de Laurentiis de Flash Gordon (1980).

No hay comentarios:

Publicar un comentario