La actriz Aina Clotet debuta en el largometraje como directora y guionista con una ópera prima deslumbrante, Viva (2026), ganadora del premio Revelación en la Semana de la Crítica de Cannes. Se trata de una obra desbordante en la que la protagonista, Nora -una fantástica y entregada Clotet- es una mujer madura que acaba de superar un cáncer de mama pero se enfrenta de nuevo a un diagnóstico incierto. Tras esto, la vida de Nora parece cambiar radicalmente, debido a una serie de decisiones erráticas, una huida hacia adelante con una extraña voluntad de autodestrucción o más bien de romper con las coordenadas de lo que ha sido su vida. Nos embarca Nora en su aventura vital, un salto al vacío sin red, que la llevará a experimentar todo tipo de emociones, y el espectador con ella. Las situaciones que plantea la película se van sucediendo sin atender a un argumento convencional, más bien dejándose llevar por la sorpresa y hasta por un espíritu transgresor. A través de los conflictos de Nora, Clotet nos habla de la crisis de la madurez, pero también, claro, del cáncer, de la pareja, del sexo y la infidelidad, la vejez y la familia, la vida laboral y el éxito profesional, la maternidad y, sobre todo, nos habla del miedo a la muerte. Porque el miedo nos puede paralizar -como a Cleo en la obra maestra de Agnès Varda- pero también nos puede empujar al cambio, sin que eso sea necesariamente ni bueno ni malo. Clotet plantea que estar viva es tener miedo y que hay que aprender a vivir con ello. Todo eso sin dar lecciones. El guión de Clotet -y Valentina Viso- puede ser irregular y algo desequilibrado, pero esto parece un defecto muy menor en una película poco convencional, vitalista, calurosa, que goza de una extraña energía que se exhibe en sus escenas de sexo o en peleas de barro. La puesta en escena de Clotet es vibrante y moderna, con una estupenda fotografía expresiva de Nilo Mur -mencionemos también la música de Clara Aguilar- y la directora se muestra capaz de crear escenas intensas y sudorosas, de dar con afortunados momentos de comedia y hasta de screwball comedy en los que se puede pasar inmediatamente a lo incómodo, al drama; Clotet incluso tiene la habilidad de fabricar una atmósfera de terror cuando nos enseña la peor cara de la vejez y la muerte -esos ancianos postrados en una residencia-. La directora acapara toda la atención como actriz, pero hay que hablar también de un reparto muy compensado, con el carisma del joven Marc Soler que interpreta a Max; la amiga embarazada a la que da vida Laura Conejero; la sabiduría incómoda que comparten los padres de Nora, encarnados por Willy Toledo y Lloll Bertran; o el estupendo trabajo de Nabi Dakhli en el papel menos agradecido. Estamos ante una película fantástica, capaz de normalizar la cicatriz de una mastectomía y de romper tabúes sobre los personajes femeninos en el cine, un despliegue de madurez y riesgo.

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