Arantxa Echevarría es una directora todo terreno que le da igual un thriller como la exitosa La infiltrada (2024), un drama social como Carmen y Lola (2018), o una comedia como Políticamente incorrectos (2024). En Cada día nace un listo (2026), la directora bilbaína pisa un terreno intermedio con una comedia de crímenes, en la línea de los hermanos Coen o Tarantino, protagonizada por Hugo Silva, divertido e histriónico interpretando a Toni Lomas, un cantante de tercera -adivinamos un pasado como triunfito- que sigue siendo famoso aunque no tenga un duro y deba pasar las noches en su coche. Toni tiene muchos amigos de diferentes clases sociales, desde lo más pijo hasta lo más lumpen, y sus correrías le han granjeado también peligrosos enemigos entre prestamistas y matones de mala muerte. La historia comienza cuando un rico heredero con pocos escrúpulos le ofrece una suculenta suma a cambio de robar un cuadro muy valioso a su propia familia, tras la muerte del patriarca millonario. Pero todo se tuerce y Toni se ve metido en todo tipo de problemas y desastres. Da gusto la puesta en escena de Echevarría, una narradora brillante que sabe contar una historia de forma interesante y dinámica, aunque puede ser verdad que esta comedia está rodada como una película de acción. Aún así, en Cada día nace un listo hay momentos muy graciosos, los personajes -aunque despreciables- son caricaturas de estereotipos -el buscavidas, la pija, la influencer, el hijo de papá- que todos conocemos y sus miserias nos resultan graciosas. Hay frases muy buenas en los diálogos -Echevarría firma el guión junto a Patricia Campo- y también hay estupendos golpes de humor visual -¡Esa avestruz!-. A esto hay que sumar unos actores -el reparto es bastante coral- estupendos que están francamente divertidos: Susi Sánchez, Diego Anido, Dafne Fernández, Jaime Olías, Sofía Otero -su frase de presentación es puro humor negro incorrecto-, Belén Rueda o Pedro Casablanc, que protagoniza el prólogo que dispara la historia, una secuencia estupenda de narración visual que parece uno de los Relatos salvajes (2014). Y con todos estos ingredientes y una trama disparatada, con mala leche y sátira social, se podría pensar que estamos ante un peliculón. Pero algo falla. Quizás yo mismo como espectador, pero, aunque la película es entretenida, algo le impide volar más alto, quizás un punto más de desarrollo dramático, una pizca de carisma, algo que la haga destacar por encima de lo demás.
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