CORREDORA -GANAR Y PERDER


Es el impulso más natural posible: salir corriendo. Alejarse de todo y desconectar son ideas que aparecen diariamente en nuestras vidas, en nuestras conversaciones y anhelos. El debut como directora de Laura García Alonso en la estimulante Corredora (2026) se aprovecha de este sentimiento universal para que conectemos con su protagonista, Cristina -estupenda Alba Sáez-, una joven deportista que aspira a lo más alto pero que sufre problemas de salud mental. No le hace falta mucho más a la guionista y directora -que firma el argumento junto a Pol Cortencas- que nos muestra cómo Cristina se ve obligada a dejar de competir. Nos muestran su entorno deportivo, y, sobre todo, a su familia, su padre (Àlex Brendemühl) y su hermana (Marina Salas), que tendran que buscar la forma de ayudarla. Así que tenemos a un personaje que corre contra el cronómetro, pero también para escapar de todo -como Forrest Gump- y para encontrarse a sí misma -como Tom Courtenay en la magistral La soledad del corredor de fondo (1962)-. Pero sobre todo, Cristina lucha contra las ideas intrusivas, la manía persecutoria y la paranoia, que se traducen en la competitividad extrema que hemos aprendido a admirar en los deportistas de élite y en su inhumana capacidad de sacrificio. 
Con su banda sonora y sus insertos de rabiosa música tecno -corre a cargo de la artista musical Ylia- que la protagonista usa como barrera para mantener fuera el mundo y su propio ruido interior; su riguroso realismo fotografiado por Gina Ferrer -cuando el desequilibrio se prestaba a la imagen poética-; la sencillez de Corredora es asombrosa. Se desarrolla como un drama sobre un tema social que explora las relaciones familiares, asuntos que no dejan de ser recurrentes en el cine español reciente. Pero en esa sencillez, Laura García Alonso encuentra también el camino de la emoción y llega a la meta de una reflexión madura sobre la cultura del éxito, el peso de la enfermedad mental y las dificultades de la inclusión, sobre el sentido mismo de la vida, cuando ganar y ser más rápido que todos no es la verdadera victoria.

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