PIZZA MOVIES -LA PAREJA A PRUEBA DE BOMBAS


No sé si en España existe un ranking de las parejas más influyentes del audiovisual -en realidad no lo quiero saber- pero me imagino que a la cabeza habrían estado los talentosos Javis -aunque ahora estén separados-. En el mundo en el que me gustaría vivir, esa pareja sería Carlo Padial y Desirée De Fez. El primero es director de cine, escritor y humorista -lo puedes escuchar en el podcast Media Offline-. Ella es una crítica de cine de referencia, conductora del imprescindible podcast Marea nocturna, y acaba de publicar una estupenda primera novela, No la dejes sola. Juntos, él como director y ella como guionista, colaboran ahora en una pequeña, divertida y maravillosa película titulada Pizza Movies (2026). Protagonizan Berto Romero y una actriz que es un descubrimiento, Judit Martín. A Padial no le gusta el término de autoficción, pero lo cierto es que Berto y Judit interpretan una versión muy divertida de Carlo y Desirée -en la novela de ella también se puede encontrar equivalencias autobiográficas- como una pareja, Thais y Alan, que viven en Barcelona y se enfrentan a los sinsabores de la vida moderna. Él trabaja en una agencia creativa y ella es, efectivamente, crítica de cine. Tienen problemas para llegar a fin de mes, un abuelo dependiente y un hijo que necesita terapia, y se enfrentan a una montaña de gastos que deben afrontar desde trabajos cada vez más precarios. La realidad de casi todos los españoles. Es entonces cuando a ella se le ocurre una idea disparatada: dejar su trabajo para montar una pizzería. Con este sencillo planteamiento, Padial se dedica a meter a sus personajes en problemas que van apareciendo con humor, con ingenio, y siempre con mucho cariño por esa pareja algo excéntrica de perdedores que se enfrentan a las desdichas de la vida cotidiana y de la sociedad que nosotros mismos hemos creado. Aparecen temas sociales, pero también asuntos mucho menos vistos en la ficción, como la crisis de la cultura -y de la industria cultural-, la pérdida de prestigio de la crítica, la pérdida de relevancia del cine en un mundo dominado por las apariencias, por las redes sociales y por una cultura del éxito depredadora. Es imposible no pensar en Woody Allen -sobre todo en Granujas de medio pelo (2000)- pero Padial tiene su propia voz y referentes menos obvios. A mí la escena del juicio me lleva a pensar en el capítulo final de la mejor sitcom de todos los tiempos, Seinfeld (1989-1998). Padial, De Fez y Carlos de Diego escriben un guión y unos diálogos que demuestran un gran poder de observación y talento para el humor costumbrista, lo que no impide momentos de humor absurdo. El reparto que rodea a la pareja principal es tremendo: Joaquín Reyes -amigo en la vida real de la pareja- Bruna Cusí, Raúl Arévalo, Tamar Novas, Melina Matthews, el monstruo del cine español, Javier Botet -un cómico tremendo-, además de los habituales colaboradores de Padial, como Didac Alcaraz y sobre todo un inmenso Miguel Noguera, aportando surrealismo. Mencionemos también cameos de críticos de cine como Fausto Fernández. Pero sobre todo hay en Pizza Movies una entrañable reivindicación de la pareja como parapeto ante un mundo hostil, ante el capitalismo salvaje, ante la degradación cultural y educativa a la que nos enfrentamos. El lecho y la intimidad como un refugio a prueba de bombas. Como una versión neurótica de John Lennon y Yoko Ono, los protagonistas desencadenan una pequeña revolución desde su cama, aunque el sistema siempre encuentre una forma de devolver las aguas a su cauce. No hay amargura en esta película, sino una resignación inteligente y madura, casi un manual de resistencia, la única respuesta posible ante tiempos desesperados.

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