BLANCO EN BLANCO -EL FOTÓGRAFO


Blanco en blanco es una áspera película situada en el fin del mundo. En la Tierra del Fuego, donde no hay nada, Pedro (Alfredo Castro), con su cámara, es contratado para retratar a un poderoso terrateniente, a punto de casarse con una niña. Este es el primer apunte perturbador de una película de personajes al límite, brutos desterrados a una tierra salvaje, en los que no queda casi humanidad. Dirigida por el chileno Théo Court, éste plantea de fondo la matanza indiscriminada de los indios a finales del siglo XIX y principios del XX, a los que se les cortaban orejas como prueba de su eliminación. En la película, el espectador no encontrará asidero moral en ningún personaje. El protagonista, Pedro, es de nuevo una incómoda composición del gran actor que es Alfredo Castro, especializado en dar vida a monstruos de voz dulce y buenos modales. Junto a él, veremos a una sombría empleada (Lola Rubio) que facilita los deseos pervertidos de Pedro, a un capataz ambicioso y borracho (Lars Rudolph), y a matones sin piedad, además de los indios, que en aquella época eran vistos como poco más que animales salvajes. Sobre todos ellos, la figura del terrateniente, Mr. Porter, una especie de Dios terrible que rige los destinos de todos, sin estar presente. Court aprovecha al máximo unos escenarios inhóspitos, utilizando una fotografía a base de luz natural y velas. Ganadora del premio FIPRESCI en el pasado Festival de Venecia, Blanco en blanco parece cine primitivo, sobre todo cuando adopta la perspectiva de la cámara de placas de Pedro, encargado de retratar la barbarie, pero empeñado en hacer de ella una experiencia estética.

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