GHOSTS - LAS RUINAS


La  cámara de la debutante Azra Deniz Okyay se mueve constantemente en busca de los retratos humanos que formarán el mosaico del estado de las cosas en su país, Turquía. Una nación de edificios a punto de derrumbarse que replican los problemas políticos, morales y económicos a los que se enfrenta su población. Todos los personajes de Ghosts son precisamente eso, fantasmas que deambulan sin rumbo, buscando desesperadamente una forma de sobrevivir a cierta desesperación existencial. Sin dinero, sin trabajo y sin libertad, bajo la amenaza constante de la moral musulmana, machista y conservadora, la directora dibuja algo muy parecido a una dictadura. Presos políticos, especulación inmobiliaria, una policía temible, corrupción política, extremismo religioso, racismo y homofobia, venta de drogas y peleas de perros, explotación laboral y sobre todo miseria, son los elementos que Okyay denuncia a través del retrato naturalista de sus personajes. Y en medio de todo esto, un sueño, una escapatoria fantasiosa, la de bailar, quizás el único momento de libertad que se puede permitir la protagonista, Dilem, interpretada por una estupenda Dilayda Günes. La película ganadora del Premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Venecia llega por fin a nuestros cines y recomiendo no perdérsela.

VALHALLA RISING -EL SALÓN DE LOS CAÍDOS


De las pocas cosas buenas que ha tenido la pandemia para los amantes del cine es el regreso de las reposiciones: la oportunidad de ver en pantalla grande películas antiguas o que no se habían estrenado en nuestro país. Es el caso de Valhalla Rising, película de 2009 del director danés Nicolas Winding Refn, cuyos trabajos posteriores sí han gozado de distribución en nuestro país tras el éxito de Drive (2011), cinta que le permitió acceder a un público más amplio. Winding Refn es un autor peculiar, cinéfilo y algo friki, cuyas obras parten de una propuesta de género -el thriller, la acción, el terror- para luego cobrar forma bajo una mirada de autor en la que se le da prioridad a una estética muy potente. Es el caso de Valhalla Rising, que podríamos encuadrar en una película de 'vikingos' o de aventuras medievales -el director dice haber concebido la idea cuando tenía 17 años- en la que un violento guerrero mudo y tuerto -encarnado por el actor de moda, Mads Mikkelsen- se enfrenta a un mundo desolado, de fríos paisajes inabarcables en los que viven hombres casi salvajes, bárbaros sin rumbo que siempre recurren a las armas para resolver sus conflictos. Esto en cuanto a la idea de base, porque la narración adopta una forma casi contemplativa, con largos planos en los que Winding Refn se recrea en los paisajes de montañas, lagos y ríos -la película fue rodada en Escocia- y en los rostros de sus actores, convertidos también en terrenos a explorar. Más que narrar, Winding Refn plasma 'cuadros' que, la verdad, merecen una pantalla grande. Eso sí, la película tiene un desarrollo más bien reposado, a pesar de un itinerario ágil en el que los personajes se mueven constantemente y de las cruentas batallas que se producen. Por cierto, no se escatima en detalles gore cuando se producen las muertes de los combatientes, que caen degollados, destripados o con la cabeza abierta. Siguiendo los pasos de Sergio Leone en sus western o de George Miller en la saga de Mad Max, Winding Refn nos presenta a un hombre sin nombre cuyo único rasgo humano es perdonarle la vida a un niño. El director menciona también referentes como Andréi Tarkovski y Alejandro Jodorowsky -El topo (1970)- porque define su película como un film de ciencia ficción sin ciencia, existencialista, que permite a los protagonistas un viaje imposible que provoca el choque total de culturas y religiones: la cruz de los cristianos contra el deseo de morir luchando de los paganos. Solo así se accede al salón del Valhalla.

LA MUJER DEL INFIERNO -PECADO ORIGINAL


Dice el mitógrafo Joseph Campbell en el estupendo libro/entrevista El poder del mito que la única religión que culpa a la mujer de todos los males del mundo es la judeocristiana, que responsabiliza a Eva de la expulsión del paraíso tras la ingesta del fruto prohibido. El propio Campbell recuerda también a Pandora, otra mujer creada por los dioses -o titanes- para liberar los problemas del mundo al abrir la famosa 'caja' o recipiente. En la película de terror indonesia La mujer del infierno, se plantea también a una mujer como la gran responsable de una macabra maldición que ha caído sobre un pueblo habitado por vecinos más bien inquietantes. Escrita y dirigida por Joko Anwar, experimentado realizador curtido en varios géneros, el film nos presenta a dos amigas, Maya (Tara Basro) y Dini (Marissa Anita) que viajan al pueblo de una de ellas para reclamar una herencia. La historia se va desenrollando poco a poco, siempre en tono terrorífico, mientras se va desvelando el pasado de las jóvenes y del propio pueblo. Un pasado oscuro y sobrenatural, contado en clave de cuento, que vuelve para cobrarse una macabra venganza. Tras un prólogo que es un estupendo ejercicio de tensión, la película se desarrolla en el mencionado pueblo, desplegando una interesante imaginería de apariciones, torturas, asesinatos y extrañas tradiciones. Referentes sorprendentes para el espectador occidental -al menos para mí- que nos sumergen en un exótico folclore terrorífico de brujas, hombres corruptos y amores prohibidos. Me resulta llamativo que la película haya sido seleccionada por Indonesia para competir en los Oscar a la mejor película extranjera, no por la calidad de la cinta, sino porque el terror no suele ser un género apreciado en estos premios. Está disponible en Amazon Prime Video.

SIN REMORDIMIENTOS -EN BUSCA DEL ENEMIGO


Cualquier cosa que firme Taylor Sheridan merece mi atención: su nombre aparece como guionista de la adaptación de Tom Clancy, Sin remordimiento, que ha estrenado Amazon Prime Video
. Sheridan es el guionista de la estupenda Comanchería (2016) -por la que fue nominado al Oscar- y también de los estupendos films de acción Sicario (2015) y Sicario: El día del soldado (2018) -y acaba de estrenar en cines Aquellos que desean mi muerte-. Películas muy sólidas, que desde los géneros -el thriller, el western, la acción- abordan temas como la crisis económica, la desigualdad, o los conflictos políticos internacionales. Una combinación de máximo interés, que encontramos de nuevo en Sin remordimiento, otro estupendo ejercicio de género, con elementos del cine de espías. Sheridan colabora de nuevo con el director italiano Stefano Sollima -Gomorra: La serie- para contarnos la historia de un Navy Seal, John Kelly (Michael B. Jordan), experimentado en misiones militares en zonas de conflicto, que debe vengar la muerte de su pareja y compañeros, lo que le lleva, claro, a descubrir una conspiración a escala global. Con una narrativa eficaz, sorprende la planificación de Sollima, que evita los tics del cine de acción reciente prescindiendo de la espectacularidad, del esteticismo, de los ralentizados, de la cámara en mano o el montaje abrupto, para plasmar la violencia -y la muerte- de una forma seca, rápida, sin recrearse en ella. El protagonista es una máquina de matar -me creo completamente a Jordan en el papel- acostumbrado a las situaciones de riesgo, que no realiza ningún movimiento superfluo. Como los personajes de Sicario, es un profesional de la muerte, que apunta, dispara, mata y sigue su camino en busca de un nuevo enemigo. Eso sí, hay que reconocer que aquí encontramos al héroe más hiperbólico del cine de Sheridan -supongo que una característica heredada de Clancy- ya que Kelly es un auténtico superhombre indetenible. Con clara vocación de convertirse en una nueva franquicia -hay más de una basada en la obra de Clancy en cine y videojuegos- estamos también ante la propuesta más comercial y convencional de Sheridan, lo que no resta su calidad. Pero sí es cierto que la resolución de la trama, la revelación del enemigo oculto de Kelly, nos lleva a terrenos ya conocidos y a temas ya tratados en el cine de acción reciente, lo que me impide entusiasmarme del todo con esta película.

QUO VADIS, AIDA? -LA GUERRA


Quo Vadis, Aida? es un poderoso retrato del ser humano en una situación desesperada. La guerra en Bosnia en 1995 es el escenario que permite contemplar el horror de la completa deshumanización de tres grupos de personas. Por un lado, los bosnios, convertidos en víctimas del conflicto, desterrados en un campo de concentración y despojados de su dignidad y de los derechos humanos más esenciales. Luego están los militares serbios, convertidos en bestias violentas, la cara más salvaje de los que detentan el poder por la vía de las armas. Por último, no menos culpables, los inoperantes cascos azules de la ONU, convertidos en esclavos de los reglamentos, de la burocracia, de la lógica de los números en la que una sola vida pierde todo su valor. Atrapada entre estos tres grupos, la historia (real) se individualiza en Aida -magnifica Jasna Djuricic- quien hará todo lo posible por sobrevivir junto a su familia. Escrita y dirigida por Jasmila Zbanic, la película tiene una narración sencilla y tremendamente eficaz: sabe que lo que cuenta es poderoso y no se desvía en florituras estéticas ni enredos argumentales. Las situaciones que plantea con una envidiable economía dramática mantienen al espectador en tensión, temiendo por el destino de los personajes, con el corazón encogido al recordar los titulares en los medios sobre aquella guerra que parecía tan lejana. Una escena final estremecedora que confía en la inteligencia del público corona esta película presentada en el festival de Venecia y nominada al Oscar a la mejor película extranjera. Pero lo más sobrecogedor del film lo encuentro en su prólogo y en su epílogo, que nos muestra primero a los personajes huyendo de sus hogares y luego, tiempo después, volviendo a sus vidas normales tras la guerra. Ese tránsito abrupto de lo cotidiano al horror y viceversa nos hace pensar en lo frágil que es la vida. Y la supuesta vuelta a la normalidad refleja de forma contundente que las heridas de una guerra tardarán muchos años en cicatrizar.

THEM -TERROR Y RACISMO


No sorprende a nadie que el director, guionista y productor, Jordan Peele, reconozca haberse inspirado en una obra seminal del cine de terror como La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero. Aquella ofrecía una experiencia de terror puro, creaba el mito moderno del zombie, pero además poseía una gran capacidad perturbadora, permitiendo lecturas sociológicas e incluso políticas. Para Peele, el que el protagonista fuera un afroamericano -y su sorprendente final- debió sembrar la semilla de su estupenda Déjame salir (2017), en la que la lectura en clave del conflicto racial en Estados Unidos es inevitable. Peele ha seguido cultivando esa vía de mezclar géneros como el terror y la ciencia ficción con un comentario social en películas como Nosotros (2019), en el remake de la serie Dimensión desconocida -especialmente en episodios como Replay o Point of Origin- y en la serie Territorio Lovecraft. En esa misma corriente se inscribe la potente Them -inevitable relacionar su título con el Nosotros de Peele- creada por el guionista Little Marvin. En ella se mezcla el racismo de los años 50 en Estados Unidos con el terror sobrenatural de una casa encantada -algo que también hace pensar en la reciente Casa ajena (2020)-. Una mezcla explosiva porque está realmente bien planteada. Los protagonistas son una familia afroamericana, los Emory -interpretados por Deborah Ayorinde, Ashley Thomas, Shahadi Wright Joseph y Melody Hurd- que tras un hecho traumático se enfrenta a una nueva vida en un vecindario de raza blanca, donde son recibidos por los vecinos -sobre todo Alison Pill, y también Liam McIntyre, Pat Healy y John Patrick Jordan- de una forma terrorífica. La serie expone así dos tipos de miedo: uno muy real, al racismo, a la violencia, a la marginación y a la humillación que proviene de un poder externo opresor; y el miedo a lo sobrenatural y a la muerte. La serie juega en cada capítulo con los dos tipos de terror: la familia protagonista no solo sufre una discriminación brutal, sino que además, cada miembro tiene que lidiar con apariciones que no sabes si existen realmente o son el producto del miedo: puro terror psicológico. Los momentos de discriminación y violencia racista son extremos y probablemente no son aptos para todos los espectadores. Por otro lado, las terroríficas apariciones están entre la efectividad y lo inquietante del cine de James Wan y un terror más estético, al parecer deudor de David Lynch -como confiesa el propio show runner, Little Marvin-. Si bien estos dos mundos conviven dentro del argumento y están muy conseguidos, la verdad es que el terror real acaba por eclipsar a los horrores fantásticos. La serie no solo habla de racismo, sino que contiene un comentario más amplio sobre el uso y el abuso del poder: en la sociedad, en el ambiente laboral, en las relaciones de pareja, además de denunciar también el machismo y la homofobia.

Gran parte del mérito de la efectividad de la serie se debe a un cuidado diseño de producción, que convierte en terrorífica la idílica imagen que tenemos de los Estados Unidos de los años 50 -de nuevo, una de las obsesiones de David Lynch-, utilizando referentes que todos tenemos en mente, como la obra pictórica de Edward Hoper. También hay que destacar una interesante banda sonora, compuesta por temas anacrónicos que complementan muy bien los temas y las situaciones de la serie. Y hablemos también del excelente equipo de realizadores, bastante capaces de generar tensión, inquietud y miedo: me gustaron especialmente los episodios dirigidos por Nelson Cragg y mencionemos también a un talento del cine de terror como Ti West -The House of the Devil (2009) y The Inkeepers (2011), - que dirige un par de capítulos. Them es un sólido producto televisivo, terrorífico y con una rabiosa denuncia social, que no teme traspasar ciertas líneas en cuanto a la violencia y a cierta agresividad contra el espectador -los niños son en esta ficción las principales víctimas-, y que acaba con una idea escalofriante: se puede combatir el mal sobrenatural -el de la fantasía- pero el real -el racismo- seguirá estando allí cuando apaguemos el televisor.

LOS MITCHELL CONTRA LAS MÁQUINAS -BRECHA GENERACIONAL


Detrás de Los Mitchell contra las máquinas está la varita mágica de los productores Phil Lord y Christopher Miller, responsables de maravillas como La Lego película (2014) y Spider-Man: un nuevo universo (2018). Aquí imprimen su particular sentido de la comedia como productores en una cinta animada que es una maravilla: divertidísima, visualmente chulísima y con corazón. Dirigida por Michael Rianda y Jeff Rowe, la película presenta una animación 3D espectacular que sin embargo se presta a la plasticidad e ingenio del cartoon en dos dimensiones, alejándose del realismo de Pixar para acercarse a la caricatura. El apartado visual es colorido y luminoso y está plagado de intrusiones gráficas que vienen directamente de las redes sociales: emoticonos, filtros y todo tipo de efectos de Instagram y Youtube. Una estética que aporta otro nivel de lectura y apoya de forma perfecta un guión -firmado por los propios Rianda y Rowe- que satura de chistes y bromas a ritmo de 'meme', y que hace parecer lentos a los episodios más frenéticos de Los Simpson, Futurama o Padre de Familia. Esta ametralladora de gags no evita un certero diseño de personajes: la familia protagonista, los Mitchell son absolutamente entrañables. La historia nos presenta a una millennial, Katie (Abbi Jacobson) que sueña con estudiar cine, en contraposición a su padre, Rick (Danny McBride), un tipo maduro, analógico y amante de la naturaleza, más bien torpe y con sus propios problemas de madurez. Ese conflicto central entre padre e hija es básicamente la brecha entre la generación pre Internet y los nacidos en la era del smartphone. Sin darle la razón a ninguna de las dos partes, el guión se dedica inteligentemente a reírse de ambos mundos, en lo que puede ser la historia definitiva sobre el asunto. Porque de fondo, la familia Mitchell se enfrenta nada menos que al fin del mundo, cuando la tecnología creada por el enésimo trasunto de Steve Jobs (Eric André) se rebela contra la raza humana e intenta dominarla en una mezcla de Terminator y Matrix.