Estrenada casi de tapadillo en Disney Plus, The Empty Man es una sólida y muy oscura cinta de terror, escrita y dirigida por David Prior. Lo más llamativo del film es su capacidad para mantener al espectador pegado a la pantalla mientras el relato muta constantemente: apenas han pasado 5 minutos de metraje cuando nos encontramos con el primer momento terrorífico, en este caso, un poderoso misterio que propulsará el relato de formas insospechadas y muy estimulantes. James Lasombra -curioso apellido- es un expolicía -cumplidor James Badge Dale- de enigmático y traumático pasado, que debe investigar la desaparición de una joven, Amanda (Sasha Frolova). Este planteamiento puede resultar convencional, pero no es más que el esqueleto argumental. La carne y los músculos de esta película están en la narración visual de Prior, que nos mantiene en una tensión constante, atentos a una amenaza difícil de precisar; y también en lo no contado, en lo que adivinamos en los detalles, en lo que callan los personajes: el verdadero origen del hallazgo ocurrido en los primeros minutos; lo ocurrido en el pasado del protagonista y su relación con la víctima, o la razón por la que dejó de ser un policía. Todos estos elementos enriquecen un relato denso, que va tocando varios palos del terror: el horror cósmico de ciencia ficción; el miedo a perder la identidad, muy relacionado con las sectas apocalípticas; la pérdida, el trance de la adolescencia y la crisis de la madurez; el terror psicológico; a lo que hay que sumar elementos del cine de fantasmas, de posesiones, el slasher, el giallo y sobre todo, las leyendas urbanas, la del Empty Man del título. Todo esto bien mezclado en una trama sólida, de investigación policial, que se adentra en las oscuridades del alma humana y que incluso presenta una filosofía nihilista que le da una sombría vuelta a la meditación, el yoga y la new age. Con vocación de película de culto, The Empty Man es una estimulante cinta de terror que se presta a ser revisitada para buscar pistas en sus múltiples recovecos y que propone un universo muy interesante que no me importaría ver expandido en futuras entregas.
FALCON Y EL SOLDADO DE INVIERNO -PATRIOTISMO POST TRUMP
Marvel Studios continúa en Disney Plus su ambicioso plan -muy exitoso hasta ahora- de crear una gran narración que interconecta películas y series de televisión. Así, la serie Falcon y el Soldado de Invierno surge directamente de la película Vengadores: Endgame (2019), en la que el Capitán América, Steve Rogers (Chris Evans), abandonaba su identidad heroica -y su escudo- para vivir toda una vida con Peggy Carter (Hayley Atwell). Rogers se despedía de sus dos compañeros, Sam Wilson (Anthony Mackie) y Bucky/Soldado de Invierno (Sebastian Stan), confiando al primero su legado. Es entonces cuando arranca esta nueva ficción, desarrollada por Malcolm Spellman, que enfrenta a los dos héroes ante el reto de unos Estados Unidos sin un Capitán América, además de a la amenaza de un nuevo grupo terrorista, los Sin Banderas. Si Bruja Escarlata y Visión era una propuesta refrescante y novedosa, Falcon y el Soldado de Invierno mantiene una continuidad total -genérica, de tono y por supuesto, argumental- con Capitán América: El Soldado de Invierno (2014) y Capitán América: Civil War (2016). Así, veremos aquí el regreso de personajes de aquellas entregas, como el acrobático Batroc (Georges St-Pierre), la agente Sharon Carter (Emily VanCamp) y sobre todo el Barón Zemo (Daniel Brühl), en mi opinión, el personaje más interesante de la serie. Estamos, por tanto, ante una trama de espías y conflictos internacionales, que nos lleva a varios países -incluyendo la ficticia Madripoor, o la aparición de agentes de Wakanda- con dobles agentes y traiciones en cada giro argumental. La serie tiene, además, espectaculares secuencias de acción: peleas y persecuciones de altísimo nivel -sobre todo para la televisión-. Falcon y el Soldado de Invierno no defrauda, pero tampoco sorprende, dándole al espectador de las películas de Marvel lo esperado.
Lo innovador de todo el Universo Cinematográfico de Marvel es cómo desarrolla a sus personajes, que en este caso tienen arcos que provienen de los films mencionados, y cómo les hace avanzar en su evolución: aquí Bucky hace las paces, por fin, con su pasado como agente de la malvada organización Hydra; y Sam Wilson deja de ser un héroe secundario para convertirse en un símbolo de su país. Así, al finalizar esta serie, los dos personajes están listos para vivir una nueva aventura, en una hipotética cuarta entrega de la saga del Capitán América. Todo esto está coordinado de una manera tan inteligente -supongo que por Kevin Feige- que cada entrega de Marvel se las arregla para satisfacer al espectador casual, y además, para el fan acérrimo, consigue un efecto de acumulación de historias pasadas y guiños que multiplica los significados de lo que vemos sirviéndose de esa macro-historia compartida. Un placer equiparable al de un cinéfilo que reconoce una referencia a Ingmar Bergman en un film de Woody Allen. Me gustaría hablar también de los temas que presenta la serie además de su intriga argumental, planteando que no hay 'buenos' ni 'malos', sino personas -y héroes- con defectos y que cometen errores. Así, podemos llegar a simpatizar con una terrorista como Karli (Erin Kellyman) mientras aborrecemos al nuevo Capitán América, el fascista John Walker (Wyatt Russell), que representa al Gobierno de Estados Unidos y a una idea equivocada del patriotismo que resulta ciertamente pertinente tras el final del mandato de Donald Trump. La idea de una 'América' que debe ser recuperada -y que se ha perdido, como constatamos al ver que los bancos ya no dan créditos a la clase trabajadora, una idea, por cierto, presente también en Minari (2021) o Nomadland (2021)- está magníficamente expresada a través de un objeto: el mítico escudo del Capitán América, McGuffin emocional y símbolo de los valores de una nación. La serie introduce, además, un claro debate sobre la cuestión racial en el país norteamericano, a través del personaje de Isaiah Bradley (Carl Lumbly), que sumado a la historia personal y familiar de Sam Wilson se convierte en un comentario sobre lo que significa ser estadounidense para las minorías raciales.
BREVE GUÍA DE LOS OSCAR 2021 -LAS NOMINADAS A MEJOR PELÍCULA
Como cada temporada, repaso los premios Oscar, que en este 2021 vienen marcados por el covid. Esto ha significado que hemos podido ver pocas de las candidatas en cines, pero también que la gran mayoría de las nominadas están disponibles en plataformas digitales antes de la gala, lo que facilita revisarlas. Voy a centrarme solo en las 8 candidatas a la mejor película: en Indienauta encontraréis textos más extensos acerca de prácticamente todas, además de artículos sobre las nominadas a película documental y de animación. Las 8 cintas que aspiran al mayor premio son todas notables y yo diría que tienen una calidad media alta. En mi opinión, si bien no hay ninguna obra -quizás- mayúscula, tampoco se ha colado ninguna cinta deficiente, algo que suele ocurrir casi cada año. He ordenado las candidatas según mis preferencias personales para comentarlas, pero quiero dejar claro que no hay demasiada distancia entre una y otra.
De mejor a peor, comienzo con la gran favorita para llevarse el Oscar a la mejor película, Nomadland, que confirma a la directora Chloé Zhao como un talento a seguir. Zhao da un paso más allá de la línea documentalista de las anteriores Songs My Brothers Taugh Me (2015) y The Rider (2017) incorporando al proyecto a una actriz de la talla de Frances McDormand. Creo que este recurso más decidido hacia la ficción permite que la tercera película de Zhao llegue más lejos y que su mensaje sea más universal, al contarnos también la historia de un personaje, con un conflicto emocional, situado en un paisaje de denuncia social. Lo más probable es que Nomadland se lleve el premio más importante, el de mejor directora, el de guión adaptado y a la mejor edición, todo para Zhao, además de a la mejor fotografía, para Joshua James Richards. También opta al premio a la mejor actriz principal (McDormand). Cambiando de asunto, va a ser muy interesante ver lo siguiente de Zhao: Eternals para Marvel Studios. Disponible en Disney Plus el 30 de Abril.
Judas y el mesías negro es una magnífica película, basada en hechos históricos, sobre cómo se infiltra un delincuente de poca monta, por orden del FBI, en un grupo de Panteras Negras. La cinta dirigida por Shaka King está nominada a 6 premios Oscar. Además de como mejor película, tiene dos nominaciones al mejor actor de reparto, para Lakeith Stanfield, magnífico como el infiltrado, y para Daniel Kaluuya, soberbio como el líder radical Fred Hampton y claro favorito para llevarse la estatuilla. También opta a premios al mejor guión original, a la mejor canción original, Fight For You, y a la mejor fotografía, de Sean Bobbitt. Está en alquiler en plataformas digitales.
Otra película importante es Una joven prometedora, estimulante mezcla de cine de autor, cine de género y de denuncia, que habla con humor negro de un asunto tan serio como la cultura de la violación. Está nominada a 5 premios Oscar y el que más suena es el de mejor actriz protagonista, para Carey Mulligan, que está espectacular en un rol que la obliga a interpretar en varios registros diferentes. La película nos descubre el talento como directora y guionista -ya la conocíamos como actriz- de Emerald Fenell, nominada en ambas categorías, que bien puede llevarse la estatuilla al mejor guión (aunque podemos ponerle pegas a un desenlace algo forzado y no demasiado satisfactorio). La película opta también a la mejor edición, de Frédéric Thoraval.
Sigo con Minari, emotiva obra sobre la lucha de una familia de inmigrantes en Estados Unidos que se enfrenta a todo tipo de obstáculos para descubrir que lo importante es mantenerse unidos. Opta a 6 premios de la Academia y probablemente sea la única que podría dar la sorpresa arrebatándole el premio a la mejor película a Nomadland. La estatuilla más probable de Minari sería para la nominada a mejor actriz secundaria, Youn Yuh-Jung, en el papel de una abuela tan entrañable como mal hablada. También está nominado Lee Isaac Chung por su labor como director y como guionista; Steven Yeun como mejor actor y mencionemos también la estupenda música de Emile Mosseri.
Curiosamente, una gran película como Mank, con 10 nominaciones, apenas suena de cara a los premios. Y probablemente no ha tenido demasiada repercusión en el público. Por lo que ya estoy viendo los titulares de la 'gran decepción' de los Oscar. David Fincher cuenta una historia muy personal -el guión es de su padre, Jack Fincher- que al mismo tiempo habla de Hollywood y de la situación política en Estados Unidos -en la era Trump-. Están nominados Fincher como director; la gran interpretación de Gary Oldman como el guionista Herman Mankiewicz; la estupenda actuación de Amanda Seyfried; la música de Trent Reznor y Atticus -también nominados y favoritos para ganar por Soul-; la fotografía de Erik Messerchmidt; el sonido, el diseño de producción, vestuario, y maquillaje y peluquería. Puede llevarse, precisamente, el premio al estupendo diseño de producción de una película que recrea el Hollywood clásico. Se puede ver en Netflix.
Sound of Metal es una película estupenda, cuya principal virtud es la gran interpretación de su protagonista, Riz Ahmed, como un músico que pierde la audición y con ella, su vida entera. Esta cinta disponible en Amazon Prime Video está nominada en seis categorías: además de a mejor película y a mejor actor para Ahmed, hay que hablar de un excelente Paul Raci como mejor actor de reparto, del guión original y la edición. Sound of Metal es la favorita para llevarse precisamente el galardón al mejor sonido, utilizado de forma muy hábil para hacernos entender el drama que vive el protagonista.
The Father también se centra en su personaje principal, magníficamente interpretado por Anthony Hopkins, cuya percepción distorsionada de la realidad marca la narrativa del film dirigido por Florian Zeller. Con el tono de una cinta de terror, el guión juega a dejar al espectador tan confuso y aterrorizado como su protagonista. Anthony Hopkins, nominado a mejor actor, puede dar la sorpresa -el favorito es Chadwick Boseman-. La película está nominada también al mejor guión adaptado, diseño de producción, edición y a la mejor actriz de reparto, Olivia Colman.
La cinta que menos me convence de las nominadas a mejor película en los Oscar es El juicio de los 7 de Chicago de Aaron Sorkin, guionista y director de mucho talento, que aquí resulta más superficial de lo habitual, en una historia poco matizada y demasiado maniquea en mi opinión. También está nominada a 6 premios: creo que suena como favorita para llevarse el de mejor edición -Alan Baumgarten- y puede dar la sorpresa en la categoría de mejor guión original arrebatándoselo a Una joven prometedora. El resto de candidaturas son al mejor actor de reparto, Sacha Baron Cohen; fotografía, Phedon Papamichael; y la canción original Hear my voice.
Además de las 8 nominadas a mejor película hay que hablar de algunas cintas más que pueden llevarse algún premio Oscar. Es el caso de La madre del Blues, notable drama de época sobre el racismo, una adaptación teatral que nos presenta a la cantante Ma Rainey, interpretada por Viola Davis que puede ganar la estatuilla a la mejor actriz. En la misma película, el tristemente fallecido Chadwick Boseman es el favorito para ser el mejor actor a título póstumo. También es favorito este film en las categorías de maquillaje y peluquería, con la participación del español Sergio López-Rivera, y por su diseño de vestuario. Mencionemos también una sexta candidatura para el diseño de producción en una estupenda recreación de época.
La favorita para ganar el Oscar a la mejor película extranjera es la danesa Otra ronda de Thomas Vinterberg, nominado además al mejor director. Yo habría colocado esta interesante reflexión sobre la vida -bañada en alcohol- entre las candidatas a mejor película, y a su actor protagonista, un magnífico Mads Mikkelsen, entre los mejores intérpretes. Por último, la canción original que más suena para llevarse premio puede ser Speak Now de Leslie Odom, Jr. -nominado a mejor actor de reparto- y Sam Ashworth, en la notable Una noche en Miami. En cuanto a los efectos especiales -mi categoría favorita- Cielo de medianoche de George Clooney parece que se llevará el gato al agua, por encima de films más resultones como Tenet y De amor y monstruos.
PENÍNSULA -ACCIÓN ZOMBIE
En 2016, cuando el audiovisual cinematográfico y sobre todo televisivo estaba saturado de zombies, el director surcoreano Yeon Sang-Ho sorprendió con la estupenda y refrescante Train to Busan. Era su primera película de acción real, tras una varias cintas de animación, incluyendo Seoul Station (2016), ambientada en el mismo apocalipsis zombie que el mencionado film. Ahora, Sang-Ho presenta una tercera entrega de sus muertos vivientes contorsionistas y espasmódicos en la alucinante Península. En ella, la acción se traslada cuatro años después de la epidemia zombie en Corea, que ha sido abandonada a su suerte. Los protagonistas son cuatro refugiados en Hong Kong, que tendrán que volver a su país para recuperar un camión que transportaba dinero. Como pueden adivinar, Sang-Ho convierte esta nueva película en un film de acción criminal, en el que los protagonistas tendrán que infiltrarse en territorio de los muertos vivientes -o infectados, si lo prefieren-. Así, aunque la película comienza como un epílogo de Train to Busan, en el mismo tono, pronto se convierte en una vibrante cinta de acción, que se traslada a un escenario post apocalíptico cercano a la saga de Terminator y Mad Max -y mencionemos otro referente: Doomsday (2008) de Neil Marshall-. La película es muy divertida, sumando al terror tiroteos, peleas de artes marciales, vertiginosas persecuciones de coche, mucho humor -gracias a unos personajes pasadísimos de rosca- y sobre todo muchas ideas. Sang-Ho tiene un montón de ideas para generar tensión, miedo, para sorprender, gracias a brillantes recursos argumentales y de puesta en escena. La película nos mantiene entretenidos durante todo su metraje gracias al ingenio con el saca partido a los zombies, y a cómo reaccionan a los ruidos y a las luces brillantes; y también introduciéndonos en las divertidas estrategias de supervivencia de los que se han quedado atrapados en Corea y en la gamberra sociedad tribal que han formado un grupo de exmilitares. Pura diversión en una película de tono muy diferente a Train to Busan, pero a la misma altura, aunque comparta con esta un final melodramático algo forzado.
TIGRE BLANCO -DESIGUALDAD POR TRADICIÓN
Nominada al Oscar al mejor guión adaptado, Tigre Blanco -disponible en Netflix- es una absorbente película india sobre el clasista sistema de castas. Dirigida por el estadounidense de origen indio, Ramin Bahrani, que adapta la novela del periodista Aravind Adiga, la película es un rabioso retrato de la sociedad india que resulta escandaloso para el espectador occidental. El protagonista es Balram, cuya trayectoria vital seguimos desde que era niño, para ir luego descubriendo las limitaciones de su clase social. Balram -estupendamente interpretado por Adarsh Gourav, nominado al Bafta- descubre pronto que sus oportunidades de progresar en la vida son escasas por su condición social y económica, pero también por las tradiciones de su país: no podrá elegir una carrera, ni su oficio y ni siquiera la mujer con la que desea casarse. Con una narrativa literaria en la que predomina la voz en off, pero que utiliza el lenguaje audiovisual para convertir en cine lo que cuenta Balram, veremos cómo el protagonista se muestra ambicioso para escapar de un destino decretado de antemano por el lugar y la familia en la que ha nacido. Balram se convertirá en un sirviente, que revela la situación prácticamente de esclavitud de estos trabajadores y nos muestra un mundo de reglas y condiciones infrahumanas francamente alucinante. Con ecos de Uno de los nuestros (1990) o Casino (1995) de Martin Scorsese, estamos ante el relato de un crimen castigado por la ley, pero que en el escenario moralmente ambiguo de la película nos llevará por callejones narrativos insospechados. Tigre Blanco es una estupenda película con un rabioso mensaje sobre la injusticia social, las desigualdades y las asfixiantes tradiciones de la India, denunciadas desde dentro.
UNA JOVEN PROMETEDORA -CINE DE GÉNERO PARA PENSAR
Lo más rompedor de Una joven prometedora es convertir en comedia un tema muy incómodo. No es que la película se ría de ello, de hecho, se toma un asunto terrible completamente en serio, pero el tono de este estupendo film nominado a 5 Oscars es de un humor negrísimo. Un recurso distanciador que permite que la historia sea digerible y soportable, porque de lo contrario, la indignación sería la emoción principal en el espectador. De hecho, creo que el humor permite una reflexión mucho más provechosa que la mera denuncia. La historia nos presenta a Cassandra -ya sabéis, la heroína trágica griega que tenía el don de la profecía, pero a la que nadie creía- interpretada por una magnífica Carey Mulligan -justamente nominada al Oscar-, una joven que busca venganza tras quedar traumatizada por un hecho trágico de su pasado. Esa misión de venganza de Cassandra permite al argumento exponer todos los elementos de una sociedad machista y de la cultura de la violación: el culpar a la víctima, los abogados que cínicamente defienden a las 'manadas' y hasta cómo las propias mujeres prefieren el silencio. Todo esto queda retratado en la película como una ácida sátira social en la que no se salva nadie. Pero ojo, porque no estamos ante un simple panfleto feminista. La película está firmada por la actriz -y ahora directora a tener en cuenta- Emeradl Fennell, intérprete que recordaréis como Camilla Parker Bowles en The Crown, además de ser guionista en Killing Eve (en esta, su primera película, hace un pequeño cameo como una youtuber que da consejos sobre maquillaje). Fennell -nominada al Oscar como directora y guionista- sorprende por la inteligencia y el atrevimiento de su ópera prima, en la que utiliza un planteamiento estético pop como otro elemento distanciador: aunque se parezca mucho, Una joven prometedora no ocurre en el mundo real -si es que lo hace alguna película- sino en una realidad cinematográfica estilizada, similar a la de las obras de Quentin Tarantino -comparen el traje de enfermera 'sexy' de Cassandra con el de Daryl Hannah en Kill Bill (2004)-, y a la del cine de género exploitation o grindhouse. Así, la película es al mismo tiempo cine de autor, cine de denuncia, cine de género y una reflexión sobre el propio cine como vehículo de ideas. Si, en mi opinión, el tono de Una joven prometedora recuerda poderosamente al de películas como Heathers (1988) o Tumba abierta (1994), Fennell lanza un dardo envenenado a otra comedia negra, Very Bad Things (1998) que nunca volveremos a ver con los mismos ojos. Además de todo esto, creo que lo que eleva el film por encima de la media son sus personajes, muy bien escritos y mejor interpretados. Fíjense en lo bien que está planteada la relación entre Cassandra y Ryan (Bo Burnham), en el entrañable padre interpretado por el veterano Clancy Brown, y en general, en todos los actores, estupendos en pequeños papeles, matizando personajes que no son nunca, del todo, seres malignos, sino seres humanos, aunque despreciables. Por último, el gran mérito de Una joven prometedora es que nos hace pensar sobre cada giro de su trama y cada decisión de la protagonista, y más importante, sobre el comportamiento de las víctimas de su venganza.
DE AMOR Y MONSTRUOS -DESPUÉS DEL FIN DEL MUNDO
Muy de vez en cuando aparece una película que me entusiasma y eso me pasa con De amor y monstruos, estupenda aventura adolescente disponible en Netflix y nominada al Oscar a los mejores efectos especiales. La película plantea un futuro distópico y pasado de rosca en el que un meteorito provoca mutaciones imposibles en insectos, anfibios y lagartos, que acaban con la mayor parte de la población mundial y obligan a los humanos a refugiarse bajo tierra. En este ambiente conocemos a nuestro protagonista, Joel (Dylan O´Brien) quien, por amor, tendrá que atreverse a viajar enfrentándose a todo tipo de criaturas gigantes y mortíferas. No engaño a nadie, De amor y monstruos no inventa nada. Viéndola te acuerdas de películas recientes como Zombieland (2009) -con la que haría una buena doble sesión- pero también de clásicos apocalípticos en los que la supervivencia es lo importante, como Soy Leyenda en sus diferentes versiones -o incluso la serie The Walking Dead- y el entrañable cameo de Bruce Spence como 'Old Pete' necesariamente nos hace pensar en Mad Max. Y es inevitable emocionarse. Tiene además esta película un tono cercano a esas cintas de monstruos de stop motion que hacía el maravilloso Ray Harryhausen -aunque aquí los efectos especiales sean digitales- especialmente visible en un monstruoso cangrejo que nos hace viajar hasta La isla misteriosa (1961). Hay mucho de sentimental en esta película, para el fan del cine fantástico, como la aparición, en un pequeño papel como supuesto mentor -con un giro sorprendente- de Michael Rooker. La estructura argumental es, además, harto conocida: sigue las etapas del famoso viaje del héroe de Joseph Campbell prácticamente al pie de la letra. Pero a pesar de transitar por lo ya visto, De amor y monstruos me ha ganado por el mimo con el que desarrolla a su personaje protagonista, consiguiendo que nos identifiquemos con él en su búsqueda y con sus miedos y dudas. Estamos ante una película que tiene aventura, acción, sentido de la maravilla, mucho humor y que da buen rollo porque en ella todos los personajes son positivos -incluso algún monstruo-. Su mensaje es el de la solidaridad -y el amor- tras el fin del mundo y eso conecta con los tiempos que corren ¿O no?
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