WAYWARD PINES -CYCLE-


CYCLE (23 DE JULIO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

La anulación de los planes para una segunda temporada de Wayward Pines, en mi opinión, significa una mejora considerable del poder evocador del epílogo pesimista que cierra el último capítulo. No os fiéis de mí: me gustan mucho los finales abiertos. Creo que resulta mucho más satisfactorio imaginar a lo que tendrá que enfrentarse Ben Burke (Charlie Tahan) al despertar en un pueblo-arca dominado ahora por esa "primera generación". ¿Hay algo más aterrador que un régimen totalitario dirigido por adolescentes? Creo que no. Otra cosa sería que este epílogo fuera el prólogo -en clave de cliffhanger- de esa hipotética segunda temporada: a mí me daría pereza verla.


Los últimos tres capítulos de esta serie me han resultado anticlimáticos. Wayward Pines empezó siendo un misterio, entregándonos giros y nuevas incógnitas con cada episodio y eso estaba bien. Pero desde el principio existió la promesa de responder a todas las preguntas. Era una especie de advertencia a los espectadores: no os vamos a hacer lo mismo que os hicieron en Perdidos (2004-2010). Para muchos, Damon Lindeloff decepcionó a todos con un capítulo final que dejó abiertas muchas de las incógnitas del principio de la serie sobre la misteriosa isla. Para mí, Damon Lindeloff me mantuvo pegado a una serie que hizo volar mi imaginación durante varias temporadas. En Wayward Pines tengo todas las respuestas, sí, pero he presenciado los tres últimos capítulos entre bostezos. 


Porque resueltas todas las incógnitas, a Wayward Pines se le notan mucho más las carencias. Los personajes poco definidos; la incapacidad de Matt Dillon para interpretar los momentos dramáticos; el poco interés de un conflicto que se ha alargado demasiado. Es de elogiar el empeño de este último episodio en ofrecer acción, explosiones y un montón de "abis" provocando una masacre entre los vecinos. Pero al final, los momentos humanos, como que Pam (Melissa Leo) mate a su hermano David (Toby Jones) o el sacrificio final de Ethan Burke (Matt Dillon) resultan muy poco emocionantes. Lo mejor, lo que ya he comentado: ese prólogo absolutamente pesimista, que deja abierta la historia de una serie que prometía un final cerrado. Paradójico.

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