TERMINATOR 3: LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS (JONATHAN MOSTOW, 2003)


El inicio de Terminator 3: La rebelión de las máquinas es francamente prometedor. Tras el final de Terminator 2: El juicio final la trama ideada por James Cameron se cerraba sin dejar ningún camino abierto hacia una continuación. El inicio de esta tercera película -en la que no participa el autor- afronta precisamente eso: John Connor (Nick Stahl) cuyo destino era ser el salvador de la Humanidad, se ha quedado sin propósito de vida tras haber cambiado el futuro apocalíptico que prometían las dos primeras entregas. Connor, deprimido y hastiado, se dedica ahora a vagabundear sin rumbo y a acelerar con su moto en actitud claramente suicida. Las escenas sobre el futuro, ahora meras fantasías de Connor, nos muestran unos efectos especiales más que interesantes. Lo dicho, este prólogo prometía. Pero no era más que una ilusión.


Terminator 3 abandona de entrada cualquier intento de construcción de sus personajes, para reunirles apoyándose en el puro azar: un absurdo accidente de moto lleva a John Connor a colarse en una clínica veterinaria en la que aparece Kate Brewster (Claire Danes) por una oportuna emergencia ¡Un gato se ha puesto enfermo! Kate, además, resulta ser la hija del militar encargado del proyecto Skynet y una amiga de la infancia de Connor. Como veis, no queda aquí nada de la cuidadosa construcción dramática y del paulatino aumento de la tensión de las dos primeras películas. Todas estas casualidades son justificadas luego utilizando una explicación tan frágil como la del destino. John y Kate están destinados a ser pareja y el día del juicio final es inevitable. La idea contradice la filosofía de las dos películas anteriores: "No fate but what we make". Por otro lado, la aparición -¿Novedosa?- de un Terminator femenino, el T-X (Kristanna Loken) -en la línea de Species (Roger Donaldson, 1995)- aporta poco, y el clásico T-800 (Arnold Schwarzenneger) es presentado recreando escenas de las segunda parte pero en clave paródica. 


Hay un claro desequilibrio en esta película, que pasa de puntillas sobre las presentaciones de los personajes para meternos de lleno en una larga y espectacular persecución en la que la destrucción de coches y mobiliario urbano es el principal aliciente. Es sin duda lo mejor de esta película y parece pertenecer más bien al clímax. Terminator 3 no vuelve a alcanzar este derroche en ninguna secuencia durante el resto del metraje.


Hay que reconocer, sin embargo, que esta tercera parte tiene ideas interesantes, como la de aniquilar a otros miembros de la resistencia, la mencionada unión sentimental de John Connor con Kate Brewster, o incluso la -futura- muerte del líder de la resistencia. Pero Terminator 3 no consigue el tono pesimista de las entregas de Cameron y parece más ligera, descafeinada. Sin embargo, se puede disfrutar como contrapunto desmitificador -casi paródico- de los clásicos de Cameron. El final de la película, desesperanzador, reincide en la inevitabilidad del destino y del día del juicio final. El holocausto nuclear que se desencadena tiene sabor a sci-fi de los años 50, a The Twilight Zone (1959) y deja al espectador reconciliado con una película que acaba resultando simpática. Decir que Terminator 3 es la peor de la saga es tan fácil como inútil.

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