TERMINATOR: GÉNESIS (ALAN TAYLOR, 2015)


-AVISO SPOILERS-

Según la Wikipedia, lo "clásico" es aquello "que se considera como modelo digno de imitación." Si coincidimos en que Terminator (James Cameron, 1984) es un clásico del cine, sus cuatro secuelas han imitado su esquema básico generando variaciones cada vez más retorcidas. Podríamos decir, entonces, que Terminator Génesis es "barroca" -también según la Wikipedia- "adoptando formas más dinámicas y efectistas y un gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las ilusiones ópticas y los golpes de efecto." El primero en darse cuenta de que estaba ante un clásico de su propia creación debe haber sido Robert Zemeckis, cuando decidió volver a su Regreso al futuro (1985) con Regreso al futuro 2 (1989). Los viajes en el tiempo eran la excusa perfecta para revisitar esa historia que nos gustó tanto: Marty McFly (Michael J. Fox) interactúa con su yo del pasado que a su vez interactuaba con sus padres para asegurar su nacimiento. Las dos películas hablaban entre sí como espejos que multiplicaban sus imágenes infinitamente. Recientemente hemos visto una operación similar en Insidious: Capítulo 2 (James Wan, 2013) con respecto a su primera parte. Pero a todo esto hay que añadir la nostalgia. La misma con la que visitamos las ruinas del Parque Jurásico original, el de Steven Spielberg, el de 1993, en Jurassic World (Colin Trevorow, 2015).


Lo que está claro es que cuando vemos Terminator Génesis, estamos ante un entretenimiento para iniciados. Debe resultar casi imposible disfrutar -o entender- esta película sin haber visto previamente la original. Incluso es recomendable haberla visionado recientemente. Esta quinta entrega de la franquicia vuelve al primer Terminator y convierte el 1984 que todos conocimos, en un 1984 alternativo. Lo mismo que el 1985 de Marty McFly en Regreso al futuro 2. Terminator Génesis copia secuencias y planos exactos de la película original, aunque recreados con otros actores. Porque prescinde completamente de todas las secuelas de la saga -aunque toma prestado al T-1000 de Terminator 2: El juicio final (James Cameron, 1991)- y crea una nueva continuidad a partir de la primera. Es lo mismo que hace Star Trek (J.J. Abrams, 2009) con respecto a las 10 películas precedentes: un reboot que no niega lo anterior. Todo lo que nos habían contado sigue existiendo, pero en una línea temporal alternativa.


Sin embargo, los personajes de Star Trek -Kirk, Spock, McCoy- tienen una identidad independiente de cualquier historia, ya que fueron pensados para protagonizar una serie de televisión. Es decir, en su naturaleza estaba la cualidad de protagonizar diversas aventuras: les hemos visto en películas, series animadas, novelas y cómics. Sin embargo, Kyle Reese no es mucho más que el soldado del futuro que viajó en el tiempo, se enamoró de Sarah Connor, se convirtió en el padre de John Connor, y murió. Digamos que Kyle Reese es un personaje "atrapado" en su historia, no como Spiderman o James Bond. Digo esto porque tengo la sensación de que Terminator Génesis coge a Sarah Connor, el propio Kyle Reese, John Connor y el T-800 y los arranca de sus roles arquetípicos para convertirlos en protagonistas de otra aventura fuera de la saga de Terminator. Los transforma en viajeros temporales fuera de la línea temporal. Es una idea parecida a lo que hace el guionista Alan Moore con Mina Harker, el Doctor Jekyll y Mister Hyde y el Capitán Nemo al sacarlos de sus novelas originales, auténticos clásicos, para hacerles vivir nuevas aventuras en el cómic La Liga de los hombres extraordinarios (1999). Así, vemos a un John Connor (Jason Clarke) que no es el héroe legendario que salvará el futuro, sino el nuevo villano -¡Un Terminator!- que persigue a Sarah Connor (Emilia Clarke) y Kyle Reese (Jai Courtney): sus propios padres. Estos, además, no viven ya un amor para toda la vida en apenas unas horas, sino que tienen la oportunidad de conocerse. Que estos cambios gusten o no, es una cuestión subjetiva. ¿Se ha escandalizado alguien porque Alan Moore convierta a la Mina Harker de Drácula (Bram Stoker, 1897) en una vampira? Espero que no.


Hablando de gustos, creo que Terminator Génesis es una película entretenida y desenfadada. Pero lo mejor es, precisamente, lo clásico: el T-800 (Arnold Schwarzenegger), que evoluciona su papel de Terminator 2 y Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Jonathan Mostow, 2003), humanizando todavía más su papel original de cyborg asesino. Esta vez hace nada menos que de figura paterna de Sarah Connor. Resulta imposible no sentir ternura por ese Arnold envejecido al que Sarah llama una y otra vez "abuelo".  También me ha gustado el policía que interpreta J.K Simmons, O´Brien, un hombre común que ve la historia desde fuera y que es un claro heredero de aquel psiquiatra, el doctor Silberman (Earl Boen), que aparece en las tres primeras entregas.


Pero en el lado negativo, debo hablar de ese intento de actualización que nos sitúa en la actualidad y que convierte a Skynet en un sistema operativo, un IOS, que todos descargaríamos en nuestros smartphones: con lo bonito que era ver al T-800 original buscando el nombre de Sarah Connor en la guía telefónica. Más importante es que la historia de Terminator Génesis resulta muy intrincada, por lo que necesita transmitir demasiada información al espectador y lamentablemente esto se hace mediante diálogos explicativos, escenas estáticas que, sobre todo, lastran el segundo acto. Lejos está la pericia narrativa de Cameron, que conseguía calzar esos mismos diálogos explicativos en mitad de trepidantes persecuciones. Tampoco hay aquí -creo yo- set pieces verdaderamente memorables. Estamos ante la marvelización de la saga de Terminator, en la que manda antes un guión -controlado por los productores- que la mano del realizador. En ese sentido resulta idóneo un Alan Taylor salido de la serie Juego de Tronos y que ha pasado por la propia Marvel Studios al encargarse de Thor: El mundo oscuro (2013). Como evidencia, la escena post créditos que anuncia la siguiente entrega de la saga.

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