Mostrando entradas con la etiqueta Mad Max 2. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mad Max 2. Mostrar todas las entradas

MAD MAX 2 (GEORGE MILLER, 1981)


La continuación de Mad Max (George Miller, 1979) cumple el requisito principal de toda secuela de acción, que exige que todo sea más grande. Las persecuciones, colisiones y saltos por los aires de los coches de El guerrero de la carretera son realmente espectaculares. Incluyen una setpiece antológica: el ataque de los bandidos a un camión cisterna que dura 13 minutos, una secuencia que el crítico Leonard Maltin compara con el ataque indio de 11 minutos que rodó John Ford en La Diligencia (1939).


En su introducción a la película, el crítico Leonard Maltin apunta otra referencia, la del mitógrafo Joseph Campbell -autor de El héroe de las mil caras (1949)- cuyas ideas sobre mitos y leyendas que se repiten en todas las culturas habrían servido al director y guionista George Miller para conseguir que Mad Max se convirtiera en un personaje capaz de resonar en los espectadores de todo el mundo. Lo mismo que había hecho Campbell para otro George, Lucas, con Luke Skywalker en su Star Wars (1977). En Mad Max 2, el héroe se relaciona con una comunidad que necesita ser protegida. Como apunta Campbell, el personaje evoluciona del egoísmo y el individualismo para convertirse en el líder del grupo, capaz de sacrificarse -morir- por los demás.


Sobre ese trasfondo mítico hay una historia que utiliza argumentos de un género prácticamente olvidado, pero que en su momento fue tremendamente popular en todo el mundo, a pesar de ser estadounidense: el western. Mad Max 2 parece un remake postapocalíptico de Raíces Profundas (George Stevens, 1953) con niño incluido que, por fortuna, aquí no habla: ese Niño Feroz (Emil Minty) experto en el uso de un arma tan australiana como el boomerang y cuyo corazón se gana Max (Mel Gibson) con una cajita de música que me recuerda al carillón del reloj de La muerte tenía un precio (Sergio Leone, 1965).


Hay mucho de Sergio Leone en Mad Max 2. La forma de narrar con imágenes. Los diálogos justos. Y sobre todo el héroe que aparece de la nada, ese "hombre sin nombre" que aquí se conoce solo como "Max" o "el guerrero de la carretera". Como Clint Eastwood en la "trilogía del dólar", Max no se integra en la comunidad que ha defendido, sino que vuelve a desaparecer como un fantasma en el desierto apocalíptico australiano.


Leone caracterizaba a sus personajes de fuera hacia dentro: dejaba que el vestuario y las armas de sus sucios cowboys marcaran sus personalidades. George Miller también se permite cierto fetichismo: mantiene el traje de policía -de cuero negro- de Max de la primera parte, aunque modificado por la circunstancias. Pero sobre todo hay que mirar con detalle a la banda de forajidos -cada uno tiene su propio look- y sobre todo a Lord Humungus (Kjell Nilsson) y su máscara de hockey, que luego relacionaríamos para siempre con el Jason Vorhees de Viernes 13 3ª Parte (Steve Miner, 1982).


Eso sí, debajo de su look punk, los bandidos de la carretera de Mad Max 2 funcionan exactamente como los indios del western clásico. Utilizan flechas como armas -la escasez de municiones justifica esto- y el peinado más recurrente es el mohicano: en la batalla final, vemos cómo el más peligroso de todos, Wez (Vernon Wells), ha adornado su cara con pinturas de guerra.


12 MESES DE LAS NOVIAS DE GWANGI, 12 SEGUNDAS PARTES


Una de las frases más falsas sobre el cine es aquella que dice "nunca segundas partes fueron buenas", que como saben, proviene del Quijote. Para "celebrar" que comienza el segundo año de Las novias de Gwangi -una prueba de que el mito de Sísifo marca mi existencia- les ofrezco una lista de 12 segundas partes. Y todas son realmente buenas.

LAS NOVIAS DE DRÁCULA (Terence Fisher, 1960)
Tras el éxito de Horror of Dracula (1958), Hammer Films quiso sacar partido con una rápida continuación en la que, curiosamente, no aparecía Drácula (Christopher Lee). Pero tampoco hacía falta. Peter Cushing es capaz de sostener por sí mismo esta película de terror -con un toque aventurero- en una interpretación clásica del profesor Van Helsing que luego inspiraría al personaje de Peter Vincent en Noche de Miedo (Tom Holland, 1985).

PESADILLA EN ELM STREET 3: LOS GUERREROS DEL SUEÑO (CHUCK RUSSELL, 1987)
La segunda parte de la saga creada por Wes Craven sí fue fallida, pero esta tercera entrega resume mi temprana adolescencia y me divirtió mucho más que la primera -Craven siempre ha tenido inquietudes demasiado serias- porque jugaba con los sueños de cualquier chaval: convertirse en un superhéroe como el Doctor Extraño, los pechos de una enfermera cachonda... Freddy (Robert Englund) daba miedo pero era divertido al mismo tiempo. Y me enamoré de Patricia Arquette.

PHANTASM 2 (Don Coscarelli, 1988)
Una de mis grandes debilidades. Phantasm debe ser una de las sagas de horror más extrañas y menos conocidas por la gente "normal" (qué pena me dais). Esta secuela pule el tono amateur de la original, es menos experimental, más exploitation y tiene más gore, más tetas, más escopetas y motosierras. La escena en la que los protagonistas casi desean que todo sea un sueño y el Hombre Alto (Angus Scrimm) les saca de su error me acompañará siempre.

INSIDIOUS: CAPÍTULO 2 (JAMES WAN, 2013)
Es el Regreso al futuro 2 del cine de terror. Una jugada ingeniosa de James Wan que le permite darle la vuelta a la primera película -que jugaba a casas encantadas, poltergeists y posesiones- pero manteniendo los sustos en plan montaña rusa de la primera parte. Más divertido, difícil. Espero con ganas el tercer capítulo.

SUPERMAN 2 (Richard Donner, Richar Lester, 1980)
No voy a ir de guay diciendo que no me gusta Superman y que prefiero a Batman. Me encanta Superman y de niño mi gran frustración era que en las adaptaciones en imagen real que existían entonces -Las Aventuras de Superman (1952-1958) y Superman: La película (Richard Donner, 1978)- el superhéroe no se enfrentaba a un enemigo a su altura. Vamos, que nadie le aguantaba media hostia. Entonces llegó Superman 2 en la que por fin el hombre de acero se pegaba con villanos de Krypton liderados por el General Zod (Terence Stamp).

BATMAN VUELVE (Tim Burton, 1992)
Cuando Tim Burton hizo el primer Batman en 1989 se nos prometió un superhéroe oscuro, adulto, que recogía el espíritu de El Regreso del Caballero Oscuro (1986) de Frank Miller. Todo eso para hacernos olvidar al cachondo de Adam West de la serie de televisión (1966). Lo bueno es que la promesa no se cumplió del todo y Burton se llevó a Batman a su terreno, con mucho humor chorra y alguna ida de olla. Con Batman Vuelve, Burton hace lo que le da la gana. Es una película de personajes, más que de acción, en la que todos, todos, todos, están como cabras. Eso sin contar que la música de Danny Elfman es fantástica. El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008) puede ser una "mejor película", pero es mucho menos "Batman".

SPIDERMAN 2 (Sam Raimi, 2004)
Se ha hablado muy mal -creo que injustamente- de la trilogía arácnida de Raimi y todo por culpa del baile que se marca Tobey Maguire en la tercera entrega. Pero la nueva saga dirigida por Marc Web, The Amazing Spiderman, ha conseguido que añoremos -y mucho- lo que hizo Raimi. Spiderman 2 es sin duda la más redonda de esa trilogía, y la que mejor recoge el espíritu de aquellos deliciosos cómics que hicieron Stan Lee y John Romita en los años sesenta. Superhéroes, humor y romance.

BESOS ROBADOS (François Truffaut, 1968)
¿Hay mucho superhéroe en la lista? Pues venga una de la Nouvelle Vague. Las aventuras vitales de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) continúan tras Los 400 golpes (1959) y el bonito cortometraje incluido en El amor a los veinte años (1962). Besos robados es Boyhood (Richard Linklater, 2014) antes de Boyhood. Es la comedia romántica que a tu novia le va a parecer "rara". Es chicas guapas -vestidas del rollo- paseando por París en los años sesenta. Es el lugar en el que me gustaría vivir.

REGRESO AL FUTURO 2 (ROBERT ZEMECKIS, 1989)
La primera entrega era francamente perfecta: el sueño de cualquier adolescente. Pero la segunda parte desvela un cliffhanger con el que soñamos durante cuatro años -durante la niñez eso es una vida- y es una película mucho más oscura, con ese 2015 aciago y ese 1985 alternativo y apocalíptico. Además, Regreso al Futuro 2 juega con las paradojas temporales y eso le permite recrear la primera película y al mismo tiempo reírse un poco de su inocencia. Eso sin mencionar ese monopatín volador que todavía estamos esperando.

MAD MAX 2: EL GUERRERO DE LA CARRETERA (George Miller, 1981)
Más trash y más Sergio Leone que la primera, The Road Warrior es violenta, sucia y sobre todo la película que mi madre no quería que yo viese... y la que yo me moría por ver. Disfrutaba muchísimo con la caracterización de la banda de punks apocalípticos -cada uno tiene su propio look del que se infiere su personalidad- y sobre todo con ese Lord Humungus (Kjell Nilsson) y su máscara de hockey que luego relacionaríamos para siempre con el Jason Vorhees de Viernes 13 3ª Parte (Steve Miner, 1982).

ALIENS: EL REGRESO (JAMES CAMERON, 1986)
Alien (Ridley Scott, 1979) es un clásico de la ciencia ficción y del terror. La estrategia de Scott de mostrar al xenomorfo lo menos posible es sin duda un acierto. Por eso mismo, resulta todavía más acertada la idea de Cameron para la secuela: sacar aliens a cascoporro en una película de acción -muy agobiante- que bebe de la novela Tropas del Espacio (Robert A. Heinlein, 1959). Un clásico.

EL IMPERIO CONTRAATACA (Irving Kershner,1980)
Vale, es muy típica. Pero yo soy yo y no sería tan yo si no la incluyo. Es mi favorita, y es la más Star Wars de todas las películas de Star Wars. Y tengo pruebas. En el Imperio encontramos por primera vez algunos de los elementos más emblemáticos de la saga: la marcha imperial de John Williams, los AT-AT, Yoda, Boba Fett, el duelo de sables láser entre Luke y Darth Vader y el inmediatamente posterior "yo soy tu padre". Por si fuera poco, Leia le dice "te amo" a Han Solo y él responde "Lo sé". Un crack.