LADY MACBETH: CRÍMENES DE UNA MUJER BURGUESA


Si resulta complicado no ver a la Lady Macbeth de Shakespeare como una malvada, por su ambición y habilidad para manipular a su marido, otros personajes femeninos de la literatura clásica, enfrentados a la moral de su época -como Madame Bovary- son interpretadas hoy como heroínas pre feministas. Lady Macbeth, basada en la novela corta Lady Macbeth de Mtsenk (1865) del escritor ruso Nicolái Leskov, -convertida en ópera en 1934- nos muestra a una mujer dispuesta a todo para liberarse de las ataduras de la sociedad de su época. El británico William Oldroyd, que se estrena como director con este largometraje, y su guionista, Alice Birch, nos obligan a adoptar una mirada contemporánea sobre unos hechos narrados en el siglo XIX. Así, debemos entender las terribles decisiones de la protagonista, Katherine -una rotunda Florence Pugh- teniendo en cuenta los abusos que sufre a manos de su marido (Paul Hilton), su suegro (Christopher Fairbank) y de una sociedad que concibe a la mujer como algo parecido a una propiedad. A Katherine, su marido le dice que es parte de la compra de una casa y una tierra; y su sirvienta, Anna (Naomi Ackie), lejos de solidarizarse como mujer, la compara con los perros de su señor, que llevan demasiado tiempo atados. Oldroyd nos cuenta esta historia shakespereana de sexo y violencia en escenarios que recuerdan a Cumbres borrascosas, cuyo aislamiento aporta unidad y concreción al relato. No hay prácticamente banda sonora, sino un silencio sepulcral que acompaña rígidas composiciones visuales que hacen pensar en Vermeer. Los actores, defienden interpretaciones contenidas, evidenciando el origen teatral de Oldroyd. El tono general del relato es seco, compensando la pasión y la furia de lo que nos cuentan. A esto hay que sumar un personaje protagonista con la que resulta difícil identificarse. Lady Macbeth es un film áspero cuya mayor virtud es su trasfondo. Hoy, Katherine, sería sin duda una víctima, una mujer maltratada. Durante la historia, rechaza los roles impuestos a su género -vigentes todavía hoy- de esposa, madre e incluso de amante. Pero en la época que le ha tocado vivir, rebelarse a esas imposiciones significa enfrentarse a todos e incluso despertar nuestro rechazo como espectadores. Creo que dos decisiones dejan claras las intenciones de los autores. La primera, la modificación del final de la historia en la película con respecto al original literario. La segunda, ese plano final de la mirada desafiante, directamente a cámara, de Katherine, retándonos a juzgarla.