JUEGO DE TRONOS -TEMPORADA 8 -LA LARGA NOCHE


El tercer episodio de la última temporada de Juego de Tronos es especial por varias razones. Empezando porque es el primero de esta entrega final, escrito por los show runners, David Benioff y D.B. Weiss. Segundo, porque ya sabemos que los mejores episodios de la serie, han sido batallas. En esta participan la mayoría de los personajes, reunidos, por primera vez, en el mismo escenario geográfico. Y si por algo se ha caracterizado esta ficción, es porque a sus autores -empezando por George R. R. Martin- no les tiembla el pulso a la hora de matar a personajes verdaderamente importantes, lo que ha deparado sorpresas de infarto y giros violentos en la trama. Estando tan cerca el final de la serie, y ante una amenaza como el temible ejército de los muertos de los Caminante Blancos, es imposible ver este capítulo sin comerse las uñas. 

Así, tras la preparación emocional del episodio anterior, nos metemos de lleno en el ataque. Hay que alabar el manejo de la tensión, retrasando lo máximo posible la visión de los muertos vivientes, anunciados por sus espeluznantes gritos. Mencionemos también la espectacularidad por el número de tropas implicadas. Momentos sobrenaturales como la reaparición de la bruja Melisandre (Carice Van Houten) encendiendo las armas de los dothrakis, magnífico hallazgo visual que lleva a una imagen escalofriante, la de las armas flamígeras apagándose una a una, evidenciando la primera derrota del bando de los vivos. Luego, los caballos que retornan sin sus jinetes, la aparición de Ser Jorah (Iain Glen), que regresa con la muerte en el rostro; el ataque de los dragones iluminando las sombras con su aliento de fuego; la desalentadora huida de Samwell (John Bradley-West); la escena de las mujeres, los niños, los ancianos -y el enano- refugiados, que convierte una batalla de fantasía en algo muy parecido a la guerra real. En otro gran momento, estos 'civiles' ocultos en la cripta del castillo, se ven obligados a escuchar los sonidos de la batalla que ocurre arriba, los chillidos de los muertos vivientes que se acercan. El inicio de la batalla es soberbio, con una inusual mezcla de cine bélico y película de terror. La historia se detiene sucesivamente en los personajes, como Tyrion (Peter Dinklage), que sigue buscando su papel en esta historia, mientras Sansa (Sophie Turner) se muestra verdaderamente pesimista.

Pero sobre todo, encontramos en este capítulo momentos puramente fantastique. El Rey de la Noche cabalgando un dragón zombie, lanzando órdenes telepáticas a su ejército de cadáveres.  La irrupción del cadavérico gigante, pura fantasía desbordada. Las batallas aéreas entre dragones, sobre la calma de un mar de nubes y bajo la luz de la Luna. O cómo el Rey de la Noche reintegra su ejército con los recién caídos, que hasta hace poco eran sus enemigos en el bando de la vida. La fiereza con la que los muertos atacan al dragón de Daenerys (Emilia Clarke) para luego caer desde el cielo. Estamos lejos del catálogo de vicios y faltas humanas y de las insidias por el poder entre familias y clanes que pugnan por imponerse cueste lo que cueste.

El capítulo triunfa al transmitir el agobio del asedio de los muertos, la sensación de que los personajes están en una situación sin salida: el ataque de pánico de Sandor Clegane (Rory McCann). Ese clima de opresión eleva la emoción de momentos para los fans como el poder ver a Arya (Maisie Williams) en acción. Ella luego protagoniza una escalofriante secuencia, en la que sigilosamente debe escapar de un grupo de guerreros muertos, en otro estupendo ejercicio de tensión. Su frase ‘hoy no’ como lema de valentía ante lo inevitable de la muerte, resuena profundamente. Mencionemos también momentos destacados como el destino de la niña reina Lyanna Mormont (Bella Ramsey) y el de Beric (Richard Dormer) y su espada de fuego; el (casi) enfrentamiento entre Jon Snow (Kit Harington) y el Rey de la Noche; la resistencia heroica que reivindica a Theon Greyjoy (Alfie Allen). Y cuando consiguen que creas que todo está perdido, aparece Arya para una victoria imposible. El mejor episodio de Juego de Tronos. 10/10

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