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LA CASA ENCANTADA: DE AMITIVYLLE A ENFIELD


¿Y si todas las casas encantadas fueran la misma? El visionado de Expediente Warren: El caso Enfield (2016) me ha llevado a interesarme por el suceso de Amityville, famosa casa encantada, supuesto hecho "real" de los años setenta, que aparece mencionado en el prólogo del estupendo film de James Wan. Obviamente, conocía la existencia de Terror en Amityville (1979), película que, atención, dio pie a siete secuelas y un remake que ha dado a su vez lugar a varias entregas más. Cosa increíble al comprobar la discreta calidad del film original, que fue, eso sí, un éxito de taquilla. Ver de nuevo esta película ha supuesto una pequeña decepción -esperaba algo mejor- pero también una sorpresa por sus llamativas coincidencias con una de mis favoritas de todos los tiempos: El resplandor (1980). Si a esto sumamos las similitudes con la reciente película de Wan -y con su otra saga, Insidious- llego a la conclusión de que solo existe una casa encantada y varias películas sobre ella. Veamos.


La primera sorpresa fue descubrir que en 1977 se publicaron The Shining, de Stephen King y The Amityville Horror, escrita por Jay Anson. La primera, como sabéis, es un clásico del terror que dio origen a una obra maestra cinematográfica, aunque no demasiado fiel al original, El resplandor (1980) de Stanley Kubrick. El segundo es el libro basado en los hechos "reales" narrados por el matrimonio formado por George y Kathy Lutz, que afirmaban haber experimentado sucesos paranormales. Reducidas a su esencia, ambas historias son muy similares: una pareja con hijos se muda a un nuevo hogar -a un hotel/casa- en el que ocurrieron terribles asesinatos -un padre/un hijo mata a su familia- que acaban (casi) repitiéndose. En los dos casos hay un niño sensible a la presencia de lo sobrenatural que se inventa un amigo imaginario -que sospechamos es un fantasma-. En la novela de King, Jack Torrance, el padre, intenta matar a su familia con un mazo de roque -deporte similar al croquet-, arma que Kubrick sustituye en su adaptación por un hacha. En Terror en Amityville de Stuart Rosenberg, James Brolin intentaba tirar a hachazos la puerta del baño en la que se refugiaban sus hijos en la ficción, en una escena muy similar a la del "Here's Johnny" de Jack Nicholson.


Pero hay más coincidencias. Una de las alucinaciones que sufre Jack Torrance (Jack Nicholson) es la de una horrible anciana, mientras que George Lutz cree ver a su mujer, Kathy (Margot Kidder) envejecida. En la casa de Amityville se descubre una habitación oculta, de paredes rojas, conocida como "red room". Suena igual que la frase que repetía el pequeño Danny Torrance, "redrum", "murder" (asesinato) escrito al revés. Eso sí, mientras en la historia de los Lutz la religión católica está muy presente -el padre Delaney interpretado por Rod Steiger es un personaje importante en la película- Kubrick consigue contar su historia sobrenatural sin crucifijos y sin mencionar al demonio. Pero sigamos con las coincidencias. En Amityville, los asesinatos previos -estos sí, completamente reales- perpetrados por Ronald Defeo Jr. -quien mató a tiros a seis miembros de su familia mientras dormían- tienen un peso importante- y dieron lugar a la historia de la secuela, Amityville II (1982)-. Kubrick evita revelar demasiado sobre los asesinatos anteriores en el hotel Overlook, pero vuelve a coincidir con Amityville cuando muestra, casi al final de su película, una foto de una fiesta de 1921 en la que aparece, quizás, el anterior conserje, con los mismos rasgos de Jack Torrance (Jack Nicholson). Curiosamente, en Amityville, los personajes reconocen, constantemente, en George Lutz (James Brolin), los rasgos del asesino que había vivido allí un año antes. Tanto el hotel Overlook como la casa de Amityville tienen un pasado oscuro de violencia, tortura y muerte. Kubrick evita concretar el origen del mal, pero Kathy descubre que su casa ha sido construida sobre un cementerio indio y en una tierra en la que vivió un brujo que escapó a los famosos juicios de Salem. En 1982 se estrenaría Poltergeist, con Tobe Hooper tras la cámara, pero escrita y producida -¿y dirigida?- por Steven Spielberg. Como sabéis, el film cuenta también la historia de una familia que se muda -sin saberlo- a una casa construida sobre un cementerio.



No tiene mucho sentido preguntarse por el origen de estas coincidencias. Los casos reales de los asesinatos de la familia DeFeo y la supuesta posesión de la familia Lutz saltaron a los medios en 1974 y 1975, respectivamente, por lo que podrían haber inspirado a Stephen King, a Steven Spielberg y al propio Stanley Kubrick. Pero lo cierto es que estamos ante tres películas completamente diferentes por su caligrafía cinematográfica: amigos, una película no es solo su guión. El resplandor, como ya he dicho, es una obra maestra del cine que puede suscitar infinitas lecturas por sus poderosas imágenes, véase el paranoico documental Room 237 (Rodney Ascher, 2012). El film de Spielberg es la espectacularización de la clásica historia de casas encantadas, por la vía de los mejores efectos especiales de la época. Al lado de ambas, Terror en Amityville resulta muy pobre.



En la película del televisivo Stuart Rosenberg, no ocurren demasiadas cosas. El guión prefiere poner el acento en el sufrimiento psicológico de los que viven en la casa. Y no estoy hablando de terror psicológico, ya que en ningún momento dudamos de la existencia de lo sobrenatural. El primer tramo de la historia es más bien lento y el esperado clímax no es precisamente emocionante: los protagonistas simplemente abandonan la vivienda encantada. Eso sí, antes de marcharse, el padre, George Lutz (James Brolin), regresa para rescatar a su perro. En serio. El argumento avanza a trompicones, el desarrollo de los personajes es casi nulo y la subtrama protagonizada por el padre Delaney (Rod Steiger) no tiene prácticamente relación con la historia principal, ocurre "a distancia". Hay varios caminos argumentales en la película que no llevan a nada. Por ejemplo: el policía que fuma puros y que investigó los crímenes perpetrados en la casa, reaparece ante la denuncia de los Lutz, parece que va a tener algún papel en la trama, pero luego se esfuma. Por otro lado, lo peor son los efectismos de película -mala- de terror: no falta el gato que aparece de improviso para asustarnos en falso. ¿Los mejores momentos? Los menos convencionales, aunque tampoco conduzcan a nada. Rod Steiger está sobreactuado -¿O será "el método"?- y se pasa toda la película expresando el agobio que le produce el mal que habita la casa. Pero resulta divertido ver el catálogo de suspiros, arcadas y sudores que despliega Steiger. También sorprende la discusión a grito pelado que mantiene con su superior en la Iglesia. Por último, está Carolyn (Helen Shaver), esa amiga de la pareja protagonista, que se vuelve loca tras percibir que el origen del mal está en el sótano de la casa. Carolyn comienza a gritar que la casa es "la puerta al infierno", en un momento muy loco, pero efectivo, que me recordó al Lucio Fulci de Aquella casa al lado del cementerio (1981).



El ejercicio más interesante -para mí- que permite Terror en Amityville es su visionado a la luz de las sagas de Expediente Warren e Insidious. Hay que decir que el matrimonio de los Warren -los reales- investigaron los famosos sucesos paranormales de Amityville, como se refleja en la mencionada secuela, El caso Enfield (2016). Pero además, el argumento del primer film, El Expediente Warren (2013), resulta idéntico al de Terror en Amityville: familia humilde, un nuevo hogar, una habitación oculta, un sótano que lleva al origen del mal, y una historia previa de brujos. Además, las dos casas son estructuralmente muy parecidas: dos plantas y un sótano, con similar distribución de las habitaciones y escaleras. En ambas películas nos dejan bastante claro cómo es cada vivienda. En Expediente Warren, el director James Wan es metódico al mostrarnos la casa -también lo hace en Insidious (2010)- pero estos planos expositivos le sirven mucho más que al Stuart Rosenberg de Amityville. Wan nos enseña el patio de juegos que va a utilizar con maestría para hacernos saltar de miedo. Convierte todos esos sustos sugeridos en Amityville en acciones visuales. Podríamos considerar Expediente Warren como el remake en clave de "montaña rusa" de la película de 1979. Lo que da como resultado, en mi opinión, una película infinitamente superior, aunque utilice las mismas ideas -algunos hablan de clichés- como las mecedoras que se mueven solas o las niñas con amigos imaginarios. Clichés presentes, por cierto, en la última temporada de American Horror Story: Roanoke. Siempre la misma casa encantada.

INSIDIOUS: CAPÍTULO 3 (LEIGH WHANNELL, 2015)


En una escena del primer tramo de Insidious: Capítulo 3, la protagonista, Quinn Brenner (Stefanie Scott), acude a una audición para ingresar en una prestigiosa escuela de arte dramático. El director teatral que le examina es James Wan, realizador de las dos primeras entregas de la trilogía y que aquí se convierte en productor ejecutivo. El cameo es sin duda un guiño simpático, pero puede tener una segunda lectura: Leigh Whannell, guionista de toda la saga -y actor en el papel del cazafantasmas, Specs- puede estar confesando que necesita que Wan le dé el visto bueno en su debut como director.


-AVISO SPOILERS-

Lo cierto es que, argumentalmente, Insidious: Capítulo 3, es tremendamente coherente con las dos películas anteriores. No podría ser de otra manera estando Whannell a los mandos. Pero también es verdad que los dos primeros capítulos funcionan como un todo, mientras que éste tercer episodio es una aventura anexa. Una curiosidad para completistas. Como precuela, la historia nos da la oportunidad de reencontrarnos -en vida- con la médium Elise Rainier (Lin Shaye) y nos relata su origen, pero además, nos cuenta un caso diferente. Eso sí, para conseguir la sensación de que todo encaja con las otras dos películas, reaparecen terrores como la mujer anciana (Phillip Friedman) y en un guiño final -forzado- el demonio de la cara con pintalabios (Joseph Bishara). Además, la estructura del primer Insidious se mantiene intacta: un primer acto que tiene como finalidad establecer una cotidianidad -la vida de Quinn y su padre, Sean (Dermot Mulroney), tras la pérdida de la madre- que nos permitirá aceptar la ruptura de la realidad y que nos compromete emocionalmente con el personaje; un desarrollo que es una montaña rusa de sustos; un desenlace que a través de la resolución del conflicto interno del personaje -la ansiada reunión con su madre fallecida- permite la derrota del monstruo. Este clímax se repite en cada película -temáticamente siempre supone un reencuentro entre padres e hijos- y además está marcado por el mismo tema musical compuesto por Joseph Bishara. Sí, habéis leído bien, el compositor hace sus pinitos como actor y también encarna al demonio de la cara con pintalabios.


Todos estos elementos podrían hacer pensar que Insidious: Capítulo 3 debería, al menos, mantener el espíritu de las anteriores. Para mí, no es así. La gran ausencia es la ya mencionada del director, James Wan. La cámara de éste, sobre todo en el primer Insidious, se movía sin cesar trazando la disposición de las casas en las que vivía la familia protagonista. En cada rincón de aquellas podía aparecer un espíritu que nos hacía saltar de nuestros asientos. Aquellos eran "sustos" que ocurrían dentro del plano, mientras que en esta tercera entrega los sobresaltos llegan desde fuera: manos y caras aparecen por sorpresa gracias al montaje y apoyándose en estallidos de música. No tengo nada en contra de esta estrategia, pero sí es verdad que se pierde lo que hacía original a las películas anteriores. Hay además una diferencia estética entre este capítulo y los previos. Los fantasmas de Wan eran actores disfrazados, maquillados exageradamente como en el cine mudo. Tenían una gran presencia física -estaban realmente allí- y eso, a mí, me resultaba inquietante. Aquí, El hombre que no puede respirar (Michael Reid MacKay) está caracterizado de una forma más ¿realista? en la línea de películas de terror más convencionales. Precisamente, Insidious: Capítulo 3, con su protagonista femenina adolescente y su ambientación poco naturalista, parece una película de terror estándar, menos novedosa que las entregas anteriores. Como si Leigh Whannell supiera que, en su primer intento, debe conformarse con una obra más segura, que no defrauda, pero que no consigue vibrar en la misma frecuencia que las anteriores. 


Resulta curioso que, desde el guión, el primer Insidious establece que no son las viviendas las que están encantadas, sino los protagonistas: el niño Dalton Lambert (Ty Simpkins) en la primera, su padre Josh Lambert (Patrick Wilson) en la segunda y ahora Quinn. Pero visualmente, gracias a la cámara de James Wan, el Insidious original sí que es una -magnífica- película de casas encantadas. Por eso, su auténtica continuación es Expediente Warren (2013) en la que el director alcanza la perfección contándonos -otra vez- la pesadilla de una familia en una casa poseída.