BORGMAN (ALEX VAN WARMERDAM,2013)


-AVISO SPOILERS-

Tras el final de Perdidos (2004-2010) millones de fans se quejaron hasta echar de twitter a Damon Lindelof por no responder a varias incógnitas ¿Qué era el humo negro? ¿Quién construyó la gigantesca estatua de cuatro dedos? y ¿Qué era la isla? Lo que los desagradecidos frikis no tuvieron en cuenta es que habían estado enganchados y pasándoselo bien durante 121 capítulos. Perdidos dejó de emitirse sin revelar sus secretos. Y eso está bien. En Borgman -¿es un spoiler?- tampoco sabremos de qué iba la cosa al salir de la sala de cine. Pero si aceptamos eso, podremos disfrutar de un relato fascinante, abierto a múltiples interpretaciones.


Borgman es un hombre de traje que se infiltra como un mal sueño en una familia de clase media alta para destruirla desde dentro. Pero nunca sabremos realmente quién es, ni quiénes son los hombres -también de traje- que le acompañan, ni qué significan las cicatrices en la espalda, ni de dónde salen esos fantasmales galgos con los que Borgman parece poder comunicarse. Lo mejor de la película es precisamente que, al no aclarar esos enigmas -y otros muchos- nos da la oportunidad de ser espectadores activos -esto no es televisión- y nos permite interpretar lo que hemos visto: dejar volar nuestra imaginación (espero que tengáis de eso).


¿Qué es Borgman y su grupo? ¿Es el mal? ¿Es la lucha de clases? ¿Es el aburrimiento de un matrimonio que lo tiene todo? ¿La insatisfacción inherente al ser humano? Borgman emerge de debajo de la tierra -¿es el subconsciente?- y enseguida le persigue un cura armado con una escopeta. Su irrupción en la vida del matrimonio que le abre su puerta despierta la violencia en el marido, y el deseo en la mujer ¿Por qué exactamente? No lo sabremos. Pero la pregunta es ¿Necesitamos saberlo? ¿Necesitamos respuestas?


Imaginar el pasado de Lobezno antes de que nos lo contaran; crear mentalmente la imagen de Cthulhu antes de que hubiera incluso peluches; o anticipar lo que hizo Marty McFly en el futuro antes de ver la secuela: todo eso es lo divertido de la ficción. La necesidad de que nos cuenten absolutamente todo es la muerte de la fantasía. Y es falso, porque la vida real también está llena de enigmas que nunca resolveremos: ¿Por qué el helado de chocolate y no otro? ¿Por qué no creo en algo superior? ¿Por qué has dejado de quererme otra vez?