AMERICAN HORROR STORY: ROANOKE -CHAPTER 5


CHAPTER 5 (12 DE OCTUBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Lo más sorprendente de este quinto episodio de AHS es que la historia concluye. O al menos eso parece. Obviamente no es así, quedan todavía 5 capítulos, pero el final de esta entrega cierra el relato como lo haría la mayoría de las películas de terror, con la restauración de la normalidad. La familia, pilar fundamental de la sociedad según la visión más conservadora, ha resistido. La pareja protagonista ha sobrevivido y su relación también. La niña en peligro, acaba sana y salva. El sueño recurrente al que hace referencia Shelby Miller (Sarah Paulson y Lily Rabe) es simplemente la evidencia de que los protagonistas de la historia han cambiado, han tenido contacto con otro mundo, maligno, y ya nunca serán los mismos. La genialidad es que, el que la narración concluya aquí, es un cliffhanger perfecto. Los guionistas juegan a la metaficción, aprovechándose de que sabemos que habrá un episodio la semana que viene, por lo que se abren infinitas posibilidades sobre lo que nos podrían contar en la próxima entrega. ¿Una nueva historia? ¿Un flashback sobre la comunidad Roanoke? ¿Nuevos inquilinos en la casa maldita? ¿O los protagonistas serán tan estúpidos como para volver? El teaser que se puede ver en Internet da pocas pistas. Por lo demás, la historia de este quinto capítulo sigue girando alrededor de la Carnicera (Kathy Bates) y su comunidad de espectros. Descubrimos que los paletos que habitaban las tierras malditas son una familia de caníbales, liderada por Mama Polk, interpretada por la habitual Frances Conroy -al estilo de La Matanza de Texas (1974)- que actúa bajo el mando de la propia Carnicera. Aquí volvemos a ver al doctor Elias Cunningham (Denis O´Hare) al que descubrimos con vida solo para verle morir de nuevo por un contundente y explícito martillazo que hunde su rostro. Muy gore. Hay también una extraña aparición de una mujer-araña -supongo de la familia de asiáticos que habitó la casa- todo un guiño al terror japonés y a El exorcista (1973). Inquietante. Por último, el estupendo prólogo nos devuelve a otro fijo de la serie, Evan Peters, como un acaudalado misántropo. La secuencia reincide en otro tema recurrente de la serie, los prejuicios sociales contra la homosexualidad. ¿Creéis que los sirvientes que contemplan incómodos a Edward Phillipe Mott besar a su guapo sirviente, Guinness (Henderson Wade), son diferentes a los espectadores de la serie?

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