NEBRASKA (ALEXANDER PAYNE, 2013)


-AVISO SPOILERS-

Cabría pensar que el protagonista de Nebraska, David Grant (Will Forte), toma una decisión al final de la historia que podría haber tomado en el primer minuto de la película. Una decisión meramente material, que habría resuelto desde el principio el conflicto que plantea la trama: eso que obsesiona a su padre (Bruce Dern).

Pero no es así.

David necesita hacer el viaje, acompañar a su anciano padre hasta sus raíces, ayudarle a encarar las deudas pendientes en su pueblo natal, para, al final de todo, adquirir la madurez suficiente para hacer algo tan sencillo como vender su coche, sacar su tarjeta de crédito, y gastarse más dinero del que seguramente tiene.

Muchas veces despreciamos ideas por ser descabelladas, o simplemente estúpidas. Demasiadas veces nos negamos a hacer algo porque va en contra del sentido común. Escatimamos alegrías sobre todo si se trata de dinero. Pero a veces, de vez en cuando, obedecer esas ideas obsesivas y delirantes puede ser suficiente para resolver lo que parecía un problema existencial.

David compra el camión y el compresor a su padre, y con ese acto estúpido, consigue hacer felices a dos personas.