CAPITÁN PHILLIPS (PAUL GREENGRASS, 2013)


-AVISO SPOILERS-

Capitán Phillips enfrenta a dos héroes en una misma historia. Dos capitanes rivales, con objetivos excluyentes. Muse (Barkhad Abdi) quiere lo que tiene Richard Phillips (Tom Hanks): su barco, y su propia vida.

El primero es presentado hablando con su mujer de las perspectivas de futuro de sus hijos. Phillips teme que su hijo tenga que enfrentarse a un mundo demasiado hostil en la Universidad. Muse no tiene futuro, ni esperanza: duerme abrazado a su fusil automático. 

Muse arriesga su vida casi cada día como pirata. Pero no es el dueño del botín que consigue. Trabaja para una mafia mayor, que le explota de manera inhumana. Richard Phillips se supone libre, pero ha abrazado una ética de trabajo que le lleva a exponerse a todo tipo de peligros para que la mercancía llegue lo más rápido posible a su destino.

El director, Paul Greengrass, maneja a la perfección la tensión de las escenas de persecución, abordaje y secuestro. Pero los piratas no nos hacen temer por la vida del Capitán Phillips y su tripulación. Desnutridos, mal armados, y poco organizados, los somalíes dan más pena que otra cosa. Hay que temer mucho más la eficacia asesina de la marina estadounidense, y la frialdad con la que la psicólogo de emergencias atiende a Richard Phillips cuando todo ha terminado. 

Lo que realmente nos da miedo de esos piratas es que tienen razón en odiarnos. Tienen razón en querer quitarnos lo que tenemos. Porque no lo merecemos. Porque somos felices cada día, y ellos no.