PSICOANÁLISIS STAR WARS


Star Wars y yo. Lo que viene a continuación intenta demostrar que mi vida puede ser interpretada utilizando como herramienta las películas de La Guerra de las Galaxias.


Todo comenzó con los muñequitos. Nací un 25 de Mayo de 1975, y Star Wars fue estrenada dos años después, un 25 de Mayo de 1977. Obviamente, a tan corta edad, no me iban a llevar a un cine, por lo que mi introducción a La Guerra de las Galaxias fue a través de las figuritas de Kenner. De niño, el único juguete que pedía eran los muñequitos de Star Wars. Eso me convirtió en un coleccionista compulsivo que necesita controlarlo todo, tenerlo todo. Una verdadera obsesión que me ha costado mucho superar: todavía hoy si comienzo un libro o una serie de televisión tengo que acabarlos, aunque no me gusten.


Pero las figuritas tuvieron otro efecto en mí, mucho más positivo. Cada figura era un personaje, pero como no había visto las películas, yo tenía que inventarme su historia ¿Quién era bueno y quién era malo? Luke y Darth Vader, eran fáciles, pero... ¿Y Boba Fett? ¿Quién era ese? Inventarme las historias de todos esos personajes desconocidos disparó mi imaginación. Eso me convirtió en un mentiroso compulsivo, y me dio herramientas para lo que ahora es mi profesión. 


Mi primera experiencia con Star Wars, la película, fue una bobina de Súper 8 que mi padre proyectaba en la pared. Era maravillosa, pero no estaba completa: faltaba la batalla final en la Estrella de la Muerte. Eso convirtió a mi padre, al que sólo veía los fines de semana, en el ser-mágico-que-hace-aparecer-star-wars-en-la-pared. Siendo ya más mayor, mi madre me llevó a ver un reestreno de Star Wars, por fin completa, y en un cine de verdad. Ya me la sabía de memoria, pero por primera vez pude ver la batalla final, que no estaba en Súper 8, y que conectó directamente con otra pasión infantil: los videojuegos. La Guerra de las Galaxias tenía todo lo que un niño podía desear: aventura, fantasía, y un final feliz. Yo era Luke.


Casi enseguida llegó El Imperio Contraataca (1980) con un montón de emociones nuevas. Pero nada superaba a la frase "Yo soy tu padre". Era el sueño de todo hijo de padres divorciados. Que tu padre se hubiese ido de casa para ser el malo más malo de la galaxia... molaba. La identificación con Luke daba un paso más allá: él sufría lo mismo que yo.


El Regreso del Jedi (1983) tiene mala fama ahora, pero en su momento fue simplemente perfecta. La secuencia de las motos en los bosques de Endor era suficiente para cualquier niño. La mala prensa es culpa de Kevin Smith: todos vimos Clerks (1994), y todos queremos hacernos los listos haciendo chistes sobre los ewoks. Pero para un niño, Jedi es una película genial. Además, mi identificación con Luke fue completa: era un chaval que intentaba NO ser su padre... y al final lo conseguía. A pesar de ese logro, la película acaba con regusto amargo: en la celebración final, Luke se queda solo y algo triste (su soledad siempre me recordó a la de Frodo al final de El Señor de los Anillos). Aquello era el final de la infancia. No más Star Wars.


Pero al llegar a los complicados 30, en mayo de 2005, Star Wars volvía para acompañarme. Fielmente fui al estreno del Episodio III de Star Wars. Era el final de las odiadas -pero compradas en dvd y bluray- precuelas. La nueva trilogía representa los sueños de la infancia que no se cumplieron, y una tremenda decepción vital (y cinematográfica). El héroe que sustituye a Luke, Anakin Skywalker, me hizo ver que, destruidas mis falsas esperanzas infantiles, me había dejado llevar por el lado oscuro: me había convertido en un adulto. La frase ahora sería: Yo soy mi padre.


¿Y el futuro? Ahora que George Lucas se ha ido, J.J. Abrams será el director de la siguiente trilogía. Yo confío plenamente en él. Y el Episodio VII de Star Wars se estrenará en 2015... justo a tiempo para mi crisis de los 40.

CONTENIDO EXTRA 1
Se critica mucho la gran cantidad de personajes que aparecen en cada película de Star Wars. Se ha dicho hasta la saciedad que es una estrategia de George Lucas para vender figuras. Pero los muñequitos son la demostración de lo mejor de Star Wars: que es un Universo de ficción profundo, verosímil, y muy atractivo. Algo que no ha logrado ninguna otra saga. Sólo el Universo Marvel había conseguido algo similar (curiosamente, Marvel y Star Wars son ahora propiedad de Disney).