STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (J.J. ABRAMS, 2015) -TRAILER 2-


Visto el último trailer de Star Wars: El despertar de la Fuerza (2015) todo indica que J.J. Abrams lo ha hecho bien. Pero también pensamos eso del trailer de Star Wars: La amenaza Fantasma (George Lucas, 1999) ¿O no? En mi opinión este último avance de la película consigue tres cosas. La primera, muy importante, que los personajes nuevos ya nos son familiares, aunque no sabemos demasiado de ellos. La segunda, que apela a la nostalgia -los actores clásicos- en su justa medida. Y tercero, que esto parece nuevo, pero también parece Star Wars. Cuando Rey (Daisy Ridley) dice "no soy nadie" deja claro que el primer misterio a desentrañar es su identidad ¿Es la hija de Leia Skywalker y Han Solo? Lo siguiente que vemos son las tropas de la Primera Orden que, si el Imperio estaba inspirado en los nazis, estos son el equivalente a unos neonazis, fanáticos de un legado maligno y su parafernalia. Todo muy coherente. Ahora bien ¿Quién es Finn (John Boyega)? ¿Por qué se disfraza de soldado de asalto? -me dice @malascuernas que es un soldado que cambia de bando-. La referencia nos hace pensar en Han Solo (Harrison Ford) haciéndose pasar por Stormtrooper para colarse en la Estrella de la Muerte ¿Es su hijo? El único otro personaje de raza negra de Star Wars es Lando Calrissian (Billy Dee Williams). Pero sería racista relacionarlos ¿O no? Finn aparece blandiendo una espada láser, pero eso no quiere decir que la sepa utilizar como un Jedi. ¿El único personaje no-Jedi que ha cogido una espada láser en una película de Star Wars? De nuevo Han Solo: en El Imperio Contraataca (Irving Kershner, 1980) para cortar las tripas de un tauntaun. La última pista: en el número 6 del cómic de Marvel de Star Wars se revela que Han Solo tuvo una exmujer... de raza negra. No digo más. Y luego está el tema de Kylo Ren (Adam Driver), obsesionado con Darth Vader... ¿Y si Anakin fuera su abuelo?


Volviendo al trailer, en cuanto nos hacemos estas preguntas, nos distraen con un montón de acción, que, con los mejorados efectos especiales actuales, promete ser espectacular. Justo entonces aparece Han Solo para decir -a Rey y a Finn ¿Hermanos? ¿Novios?-que "las historias que se cuentan" son reales. Está hablando de los Jedi, del Lado Oscuro, que, suponemos se han convertido en leyendas, en cuentos de hadas. Esto, sumado a que Luke (Mark Hammill) aparece, pero no da la cara -se ve su mano robótica apoyándose en R2D2- puede darnos una pista de por dónde van a ir los tiros. ¿Lo mejor? El plano de Leia (Carrie Fisher) -es la primera vez que la vemos en la película- abrazando emocionada a Han. Y esto es lo mejor del avance porque cuando ella aparece vemos a Leia, al personaje, no a la actriz. Ese plano es emocionante y demuestra que Abrams sabe dónde está el corazón de la saga. La enigmática frase "déjala entrar" cierra un avance que cumple con su misión de crear expectativas. Pero oye, tampoco es difícil considerando que esto es Star Wars. En todo caso, yo ya he comprado mis entradas.

HOMELAND -TEMPORADA 5- SEPARATION ANXIETY


SEPARATION ANXIETY (8 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

La imagen de Carrie Mathison (Claire Danes) con la mirada perdida, en una iglesia, me hace temer lo peor de esta nueva -quinta- temporada de Homeland. Lo que más miedo me da de esta serie son sus personajes melodramáticamente atormentados; esos impostados intentos de trascendencia. Probablemente, los guionistas han elegido esta imagen para enseñarnos por primera vez a su protagonista, porque Carrie sufre una crisis de fe. Vive en Berlín, ha dejado de trabajar para la CIA, tiene pareja estable, cuida de su hija y trabaja para una ONG. Parece que todo ha cambiado, pero este episodio revela que no es así. Carrie se mete en los mismos problemas de siempre y pone en riesgo su vida tomando parte en la lucha contra el terrorismo. La cabra -nunca mejor dicho- tira al monte.


Este primer episodio sirve para mostrarnos cómo se encuentran los personajes principales tras el final de la temporada anterior. No hay ningún cambio. Los guionistas, por cierto, no necesitan demasiadas excusas para reunirlos a todos de nuevo en Berlín. Saul Berenson (Mandy Patinkin) sigue siendo un jefe de la CIA, pero ahora odia a Carrie (nosotros también). Mientras tanto, Peter Quinn (Rupert Friend) está muy quemado y se cree el único que sabe cómo resolver el problema en Oriente Medio: más fuerza militar para proteger a los civiles... o arrasarlo todo. Da miedo. Conocemos además a un personaje nuevo, Allison Carr (Miranda Otto), que básicamente hace lo que hacía Carrie en la agencia. Creo.


Luego están los hechos que nos van a contar esta temporada en la serie que, como siempre en Homeland, están sacados de la realidad más inmediata para conseguir la máxima sensación de credibilidad. Los asuntos que preocupan a los personajes parecen sacados de los titulares de los periódicos: los refugiados de Siria; una fuga de datos tipo Wikileaks -se menciona explícitamente a Edward Snowden-; la polémica vigilancia de nuestros datos personales en Europa por parte de Estados Unidos. Todo esto sirve para crear una base "realista" sobre la que desarrollar una ficción protagonizada por personajes que representan la actitud más "cowboy", más "Rambo", más "George W. Bush" del gobierno estadounidense. Por ejemplo, Saul critica a su colega de la inteligencia alemana por estar "atado por sus leyes", esas que le impiden espiar a los ciudadanos para coger a los yihadistas. Precisamente, tras una reunión infructuosa con el alemán, Saul le da una señal a Quinn -¡Coloca un pañuelo rojo en su solapa!- para que actúe. Eso significa matar a un supuesto terrorista -sin juicio de por medio- simulando un atentado con los materiales de sus propias bombas caseras. Y esto es lo mejor del episodio. Por si fuera poco, la propia Carrie da por sentado que el imán de la comunidad musulmana de Berlín tiene contactos con los extremistas. ¡Y encima tiene razón! A esto hay que sumar el retrato de los terroristas. El que secuestra a Carrie manifiesta un odio a Occidente que justifica por el asesinato de su hijo en Beirut. Por otro lado, una mujer se convierte en el objetivo a matar por Quinn, porque recluta quinceañeras para entrenarlas en Siria para atentados suicidas. Malísima. Por último, tenemos a la periodista idealista, Laura Sutton (Sarah Sokolovic), que quiere publicar los secretos filtrados de la CIA, por lo que es considerada una irresponsable que no tiene en cuenta la Seguridad Nacional. Con estos mimbres, habrá que ver qué historia desarrolla Homeland a partir de aquí. 

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THE KNICK -TEMPORADA 2- TEN KNOTS


TEN KNOTS (16  DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Hay en The Knick la voluntad de encontrar belleza en lo sórdido. Luz en la oscuridad. La carta de amor de la enfermera Lucy Elkens (Eve Hewson), su voz, nos acompaña durante el camino hacia el hospital que da título a la serie, enseñándonos su día a día en el Nueva York de 1901. Los sentimientos de la enfermera son de una belleza profunda. Pero la siguiente imagen que vemos es tremendamente desagradable. El objeto de su amor, el doctor John Thackery (Clive Owen), retira la piel de la nariz de una mujer. Thackery se ha convertido en un cirujano clandestino y sigue siendo un adicto a las drogas. Sigue sumido en la oscuridad.


Luz contra tinieblas. La segunda temporada de The Knick mantiene intacto el pesimismo de la primera. El gran tema de la serie es el progreso contra la barbarie. Dos momentos análogos lo demuestran. En San Francisco, Cornelia Robertson (Juliet Rylance), se enfrenta a la ignorancia que provoca el miedo contra una epidemia. Por otro lado, en una oscura prisión, la hermana Harriet (Cara Seymour), sufre la dura reprimenda de otra monja por haber practicado abortos clandestinos. Son dos mujeres de mentalidad progresista -humanista- que se enfrentan a prejuicios y dogmas. Lo mismo ocurre con el doctor Algernon Edwards (André Holland), que sigue frustrado por el racismo de la época que le ha tocado vivir. Su vía de escape, pelearse en bares, le ha ocasionado un desprendimiento de retina que pone en peligro su profesión. A pesar de sus méritos y del apoyo de su "hermano", Henry Robertson (Charles Aitken), Algernon no consigue el puesto de cirujano jefe por culpa del color de su piel. Su "hermana" -y amante- Cornelia sufre una discriminación similar. Por ser mujer no tiene ningún control sobre su destino: su marido y su suegro deciden sobre su vida. Otra mujer, Eleonor (Maya Kazan), rota por la pérdida de su bebé, ha sido sometida a un tratamiento bárbaro en un manicomio: le han arrancado todos los dientes. Las piezas dentales que pretenden implantarle para sustituirlos parecen pequeños rayos de luz hasta que descubrimos su tenebroso origen, la morgue. Hay otra imagen del progreso en la escena en la que el pragmático Tom Cleary (Chris Sullivan) muestra a Herman Barrow (Jeremy Bobb) el coche eléctrico que ha comprado para convertirlo en ambulancia y así prescindir de los caballos... y de sus excrementos.


La lucha entre la oscuridad y la luz se sustenta sobre otro tema capital en The Knick, la ambición material. Todo es un negocio, desde el prostíbulo de Ping Wu (Perry Yung), hasta el hospital que da nombre a esta ficción. Herman Barrow es la personificación del lado inhumano de ese capitalismo todavía incipiente; él y esos hombres ricos a los que intenta convencer para que inviertan en el nuevo edificio hospitalario. La otra cara de ese capitalismo caníbal es Tom Cleary, cuyos negocios -estupenda la secuencia del combate de lucha libre- siempre rozando lo ilegal, también producen ganancias, pero que serán invertidas en causas más nobles, como contratar a un abogado para la hermana Harriet. Estos son los destellos de luz en The Knick que evitan que todo sea oscuridad. Como la pequeña lámpara que ayuda al doctor Bertie Chickering Jr. (Michael Angarano) a ver mejor dentro del cuerpo de su paciente para poder operar. Bertie era, por cierto, la opción sentimental "luminosa" para la enfermera Lucy Elkens, que prefirió las tinieblas de Thackery.


La oscuridad y la luz luchan en ese Nueva York de 1901, pero también en el interior de Thackery. Aquí vemos cómo es secuestrado -¿rescatado?- de la siniestra clínica que intentaba curar su adicción a la cocaína -¡Con heroína!- por el doctor Gallinger (Eric Johnson). Aunque las intenciones de éste no son puras -quiere evitar el ascenso de Algernon- Gallinger consigue que Thackery vea la luz a bordo de un velero blanco rodeado de mar. Haciendo 10 nudos marineros, "Thack" descubre que su lado oscuro es una enfermedad que puede ser tratada con medicina -con luz-. Así emprende el regreso, deshaciéndose del siniestro recuerdo de la niña que no pudo salvar.

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THE MARTIAN (RIDLEY SCOTT, 2015)


"Curb your enthusiasm" diría el cómico Larry David al salir de una de las últimas películas de Ridley Scott. Es normal entusiasmarse con un director tiene en su haber nada menos que dos clásicos indiscutibles de la ciencia ficción -te gusten o no- como son Alien (1979) y Blade Runner (1982). La primera era una película de terror gótico en el espacio que se podía leer como una metáfora de la maternidad. La segunda tenía connotaciones sobre la conciencia humana, la mortalidad y la existencia. ¿Qué pasa con The Martian? Pues que no tiene demasiadas lecturas más allá de un mensaje directo sobre la capacidad de supervivencia del ser humano. La otra diferencia entre The Martian y los clásicos de Scott es que su ciencia ficción tiene demasiada "ciencia".


The Martian es una película sobre el espacio que no necesita ser vista en una pantalla grande. Hay un esfuerzo tremendo en su guión para que lo que ocurre resulte verosímil. Eso está muy bien, pero tiene una pega: resulta aburrido. No es una afirmación subjetiva. Todo en la película está muy bien explicado, pero eso significa que son necesarios una gran cantidad de escenas de diálogos, bien escritos e interpretados por estupendos actores, sí, pero que le roban tiempo a esos planos que quitan el hipo de las áridas planicies rojas marcianas -que recuerdan al Monument Valley de John Ford- o a los planos secuencias de astronautas flotando en el espacio. ¿Os acordáis de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)? Pues esto no tiene nada que ver, en el sentido de que la película del mexicano estaba pensada para una pantalla enorme y para las 3D. El esfuerzo de Scott por hacer esta película creíble influye lamentablemente en su realización -con el buen ojo que tiene este señor- lo que significa que utiliza un montón de recursos documentales, webcams, y todas las imágenes de pésima calidad que hayamos visto alguna vez de la NASA. Volviendo al tema del guión, hay una coartada científica para absolutamente todo, lo que contentará a los incrédulos, sí, pero ¿Sabéis qué? No sirven para nada porque, mis conocimientos de física, botánica, y del espacio exterior son más bien limitados. Vamos, que cualquier actor con una bata de laboratorio me podría haber contado básicamente cualquier cosa y yo me la habría creído. Sobre todo si lo dice un Jeff Daniels -que repite aquí su "tono" de Newsroom (2012-2014)- o una tía tan guapa como Jessica Chastain. Lo peor es que toda esa verosimilitud se esfuma -AVISO SPOILER- en el clímax de la película, que sí recuerda -demasiado- a Gravity. Y eso que probablemente el momento "Iron Man" es mi favorito. FIN DEL SPOILER


Así que The Martian es, básicamente, Matt Damon con una webcam. O no. El guión de Drew Goddard -Cabin in the Woods (2011), Daredevil (2015)- es impecable, quizás demasiado. Al multiplicar los puntos de vista, Goddard consigue -probablemente respetando la novela original- que todos los actores se luzcan y tengan peso dramático, pero, en algunos momentos, nos olvidamos del bueno de Matt perdido en Marte. Desaprovecha aquí la película la oportunidad de contar una historia sobre la soledad, el aislamiento, la necesidad del otro. En ese sentido, el film podría haber sido algo similar a Náufrago (Robert Zemeckis, 2000) pero aquí se evitan las largas secuencias de narrativa visual en silencio de aquella en favor monólogos que utilizan como excusa la grabación de un diario personal delante, ya lo he dicho, de una webcam.


The Martian es Náufrago + Gravity, pero todavía hay algo peor: su banda sonora. AVISO SPOILER. El personaje de Jessica Chastain tiene un pésimo gusto musical -este es un running gag de la película- y deja a Mark Watney (Matt Damon) abandonado con su asqueroso repertorio de música disco. ¿Y qué queréis que os diga? Para escuchar a ABBA ya tengo a mi novia. La jugada pretende ser graciosa, pero recuerda a la cinta de cassette setentera del protagonista de otra película espacial, Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014). No por casualidad, el único tema que se salva de la quema es el Starman de David Bowie. Supongo que haber utilizado el Life on Mars? era demasiado evidente. FIN DEL SPOILER. 


Ahora bien. Dicho todo esto, puede parecer que The Martian me ha horrorizado. No es así. Ni mucho menos. Ridley Scott es uno de los mejores directores en activo y sus películas consiguen ser tremendamente absorbentes durante -casi- todo su metraje. Cuenta el británico aquí, además, con intérpretes solventes que harán que los momentos emocionantes de su película lo sean de verdad. Es al salir de la sala cuando la última película de Scott me ha abandonado rápidamente.

GOTHAM -TEMPORADA 2- STRIKE FORCE


STRIKE FORCE (12 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Estamos ante otro episodio de Gotham muy poco interesante. El principal defecto de esta serie es que no consigue hacer a sus personajes verdaderamente atractivos. La historia comienza con dos discursos muy similares. En el primero, Oswald Cobblepot (Robin Lord Taylor) quiere que sus hombres le digan quién está detrás de los Maniax, un grupo de asesinos dementes. En el segundo, el capitán Barnes (Michael Chiklis) se presenta como el nuevo jefe de la policía, dispuesto a limpiar el cuerpo de corrupción. Las dos escenas son muy similares en sus intenciones, pero también en sus defectos. Los dos personajes no hacen más que hablar y, a pesar de la fuerza de sus intérpretes, no enganchan. El resto del episodio tiene muy poca acción, por lo que la cosa no mejora demasiado. Barnes dará un par de discursos más durante el capítulo.


Otro que habla mucho es Theo Galavan (James Frain), que ha aparecido en Gotham para enfocar la trama. Todo lo que ocurre en la serie tiene ahora relación con el nuevo villano cuyo plan es convertirse en un héroe -¡Incluso para Bruce Wayne (David Mazouz)!-. Galavan quiere ser un símbolo para los gothamitas y así conseguir hacerse con el poder político de la ciudad. El tema no es nuevo en el universo de Batman, estaba muy presente en la trilogía de Christopher Nolan. Ahora bien, el nuevo personaje que se introduce aquí, el capitán Barnes, se convierte en la principal oposición para Galavan. La ciudad se divide así en dos bandos claramente definidos.


Oswald Cobblepot, el Pingüino, es forzado a apuntarse al bando de Galavan cuando éste secuestra a su madre (Carol Kane). En el otro bando, James Gordon (Ben McKenzie) es reclutado por Barnes para su nueva fuerza de choque. El problema de esta dinámica es que el héroe y el villano de la primera temporada pierden protagonismo. Se convierten en títeres de otros personajes todavía menos interesantes (aunque el Pingüino amenaza ya con rebelarse). A la relación entre Gordon y Cobblepot se añade, eso sí, el interés del pacto secreto que mancha la reputación del policía. Habrá que ver cómo la nueva dinámica de fuerzas entre los personajes de Gotham se desarrolla en el futuro.

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THE FLASH -TEMPORADA 2- FLASH OF TWO WORLDS


FLASH OF TWO WORLDS (13 DE OCTUBRE DE 2015)

En 1940, Gardner Fox y Harry Lampert crearon a Flash, un nuevo superhéroe que nacía aprovechando el éxito de Superman (1938). Jay Garrick era súper veloz y luchaba contra el mal ataviado con un casco de metal adornado con alas. Los tebeos de superhéroes fueron un éxito rotundo hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, tras la que estos coloridos personajes perdieron fuerza hasta desaparecer. Era el final de la Edad de Oro del cómic book. Pero a mediados de los años 50 volvieron. DC Comics decidió reintroducir a sus personajes clásicos con apariencias renovadas y un aire Sci-Fi. Flash regresó en 1956, con un nuevo traje rojo y una personalidad diferente, la de Barry Allen. El nuevo velocista, creado por los artistas Robert Kanigher y Carmine Infantino, fue un éxito. Comenzaba la Edad de Plata.


Ahora bien, en 1961 alguien -¿el editor Julius Schawrtz?- se preguntó sobre el por qué de la existencia de dos superhéroes con nombre y poderes idénticos, pero diferentes personalidades. ¿Qué había pasado con el Flash de los años 40? La respuesta llegó en el número 123 de The Flash, en una historia escrita por Gardner Fox en la que Barry Allen descubría una Tierra paralela -Tierra 2- en la que vive Jay Garrick, el Flash original. El tebeo es un hito en la historia del cómic de superhéroes y lo que más me gusta es que intenta explicar con ciencia ficción una decisión editorial del mundo real: el remake de un personaje antiguo para hacerlo más atractivo a un público nuevo. ¿El título de aquella historia? El Flash de dos mundos, exactamente como este episodio de la serie de televisión.


Pero esto no es todo. Aquel cómic de 1961 fue el comienzo del "multiverso", término que utiliza el doctor Martin Stein (Victor Garber) en este capítulo televisivo. Los superhéroes de DC Comics de la Edad de Plata -Superman, Batman, Flash, Green Arrow- viven todos en un universo de ficción compartido: en Tierra 1. Pero a partir de aquel tebeo deliciosamente inocente, los héroes de la Edad de Oro comenzaron a vivir en Tierra 2. Había allí, por ejemplo, otro Superman, pero con canas ¡Y casado con Lois Lane! Poco a poco, las tierras alternativas se fueron multiplicando con versiones cada vez más locas de los héroes clásicos. También aparecían nuevas tierras atendiendo a decisiones editoriales: si DC compraba los derechos del Capitán Marvel -Shazam- colocaba a esos personajes en la Tierra S. Si compraban a los héroes de la desaparecida editorial Charlton -Blue Beetle, Captain Atom, The Question- los metían en Tierra 4 (por cierto, estos fueron los personajes que Alan Moore quería utilizar para su Watchmen -1986- y que tuvo que recrear como Nite Owl, Dr. Manhattan y Rorschach). Ahora bien, desde un punto de vista argumental, esto era un lío. Llegó un momento en el que los autores no se enteraban de si el origen de Wonder Woman era el de la Tierra 1, 2, o de dónde había salido Wonder Girl. En 1985, la editorial decidió resolver esto con una historia que es otro clásico del cómic: Crisis en Tierras Infinitas (en las que, por cierto, muere Barry Allen). La ambiciosa historia mezclaba a todos los personajes habidos y por haber para luego acabar con el concepto de mundos paralelos en una especie de Big Bang. Tras las Crisis se nos volvería a contar el origen de cada personaje (modernizado), solo habría una versión de cada uno y todos vivirían en la misma Tierra. Los personajes de la Edad de Oro, como el Flash original, pasaban a ser más mayores que los de la Edad de Plata. Esto se mantuvo hasta el año 2005, cuando la serie Crisis Infinita -escrita por Geoff Johns, productor ejecutivo de The Flash- recuperaba el concepto de las tierras paralelas, nada menos que 52: por eso el doctor Stein y Cisco Ramon (Carlos Valdes) descubren en este capítulo 52 singularidades -portales a otro mundo- en Central City.


¿Qué significa todo esto? Pues que la segunda temporada de The Flash promete frikismo absoluto. Si antes los villanos que aparecían eran el resultado de la explosión del acelerador de partículas que también le dio sus poderes a Flash, ahora los metahumanos vienen de Tierra 2, al igual que Jay Garrick (Teddy Sears). El enemigo a batir de la primera temporada, que venía del futuro, Harrison Wells/Eobard Thawne/el Flash Reverso (Tom Cavanagh) es sustituido ahora por Zoom, otro velocista de Tierra 2, cuya identidad, en principio, también parece un secreto. En este episodio vemos a Sand Demon, Eddie Slick (Kett Turton) -cuya traslación a la pantalla recuerda más bien al Sandman, Flint Marko, enemigo de Spiderman- que tiene su doble -su doppelganger- en Tierra 1.


Resulta coherente que The Flash utilice el tema de las realidades paralelas, no solo por todo lo que acabo de explicar, sino porque esta idea está en "el aire". Así lo percibe el filósofo Slavoj Zizek en su libro Lacrimae Rerum (2006): "Una nueva experiencia vital está en el aire, una percepción de la vida que rompe los límites formales de la narración lineal y convierte la vida en un flujo multiforme: el carácter azaroso de la vida y las versiones alternativas de la realidad parecen imponerse incluso en el dominio de las ciencias "duras" (la física cuántica y su interpretación de la Realidad Múltiple, el proceso enteramente contingente que ha impulsado la evolución de la vida en la Tierra: tal como expuso Stephen Jay Gould en La vida maravillosa, los fósiles de Burgess Shale prueban que la evolución podría haber tomado un camino totalmente distinto). Experimentamos la vida o bien como una serie de destinos múltiples y paralelos que interactúan a través de encuentros contingentes pero de importancia crucial, puntos de intersección en los que una serie influye sobre otra (véase Vidas Cruzadas de Robert Altman) o bien como diferentes versiones/resultados de una misma trama que se repite una y otra vez (los "universos paralelos" o los "mundos alternativos" posibles: véase El azar de Kieslowski, La doble vida de Verónica y Rojo)". Resulta evidente ahora mismo una corriente de la ficción reciente que experimenta con una narrativa no-lineal como Perdidos (2004-2010), con personajes que se multiplican como en Los Cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007) o con extrañas variaciones de la propia historia, como el epílogo de A propósito de Llewyn Davis (Hermanos Coen, 2013). Pero también tenemos que hablar de una (ciencia) ficción que se ocupa explícitamente de los universos paralelos, como Fringe (2008-2013), Star Trek (J.J. Abrams, 2009), Otra Tierra (Mike Cahill, 2011) la estupenda Coherence (James Ward Byrkit, 2013) o Interstellar (Christopher Nolan, 2014). En The Flash, este ilusionante capítulo se cierra con la reaparición de Harrison Wells ¿Es el de Tierra 2? ¿Es del futuro? Queremos saber más.

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FARGO -TEMPORADA 2- WAITING FOR DUTCH


WAITING FOR DUTCH (12 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

No decepciona el primer capítulo de la segunda temporada de la estupenda Fargo, que nos cuenta una historia diferente pero que conserva las constantes de la película de los hermanos Coen. Se mantiene la sensación de tiempo detenido y de vacío existencial de esos pequeños pueblos de Minnesota separados por solitarias carreteras nevadas. Una vez más, las monótonas vidas de unos personajes se interrumpen por sangrientos estallidos de violencia. Crímenes chapuceros perpetrados por pringados como Rye Gerdhart (Kieran Culkin), heredero del Carl Showalter (Steve Buscemi) de la película original. También se repite aquí un momento puramente "Fargo": un policía investiga la escena de un crimen que previamente hemos presenciado. Hipnotizados, escuchamos atentamente al investigador para comprobar si acierta en sus deducciones. Y una vez más, el azar es un elemento esencial. Recordemos los numerosos cruces fortuitos entre Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) y Gus Grimly (Colin Hanks) en la primera temporada. Aquí, Peggy -una irreconocible Kirsten Dunst- atropella a Rye y eso cambiará completamente su vida y la de su marido, Ed Blomquist (Jesse Plemons). Este personaje es de nuevo el hombre común que comete un crimen, en la línea de Lester Nygaard (Martin Freeman) y de Jerry Lundegaard (William H. Macy). Y otra vez un sangriento asesinato múltiple desencadena la historia, desvelando el submundo del crimen organizado. El horror de una existencia sin sentido. Estamos ante algo más que una precuela. La historia de esta segunda temporada es diferente pero conecta con la primera recuperando a un personaje, Lou Solverson -aquí Patrick Wilson, antes Keith Carradine- policía y padre de Molly (Allison Tolman) que es apenas una niña. 


A pesar de estas lógicas semejanzas, lo nuevo de Fargo se aleja levemente de lo anterior. Los personajes no parecen tan caricaturescos -tan idiotas- aunque siguen siendo excéntricos: Karl Weathers (Nick Offerman) es un conspiranoico -como el Walter Sobchak (John Goodman) de El gran Lebowski (1998)- y la ya mencionada Peggy padece una completa desconexión de la realidad. Y sobre todo, no hay aquí un catalizador como el Lorne Malvo de la primera temporada para modificar las vidas de los personajes con los que se cruza. Al menos de momento.


Hay en este primer capítulo una mayor ambición visual -el episodio lo firman dos directores- que se traduce en una imagen más cuidada, una fotografía fantasmagórica y  el uso frecuente de pantallas divididas que acompañan al cambio estético de situar la historia a finales de los años setenta. El guión de Noah Hawley contiene, además, diálogos ingeniosos como el uso del "OK Then" y fugas narrativas hacia momentos tan excéntricos como lo que parece el avistamiento de un OVNI. O el hallazgo de un zapato colgando de un árbol. O el prólogo en blanco y negro que hace referencia a un falso western sobre el genocidio de los indios americanos, protagonizado por Ronald Reagan. Por cierto, el actor y presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989, era apodado "Dutch". El título de este episodio hace referencia a ese apodo: Esperando a Dutch se refiere a una pausa durante el falso rodaje para caracterizar a Reagan, pero también al clima político de 1979.

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