11 MUESTRA SYFY DE CINE FANTÁSTICO (1)


MANIAC (FRANCK KHALFOUN, 2012)
Si les resulta difícil creerse a Elijah Wood, por su eterna cara de niño bueno, en el papel de un asesino en serie, no se preocupen, se le ve más bien poco. Maniac, un remake, se aparta de la película original de William Lustig al estar contada literalmente desde el punto de vista del asesino: en cámara subjetiva. Esto nos obliga a ponernos en la piel del monstruo: un sujeto que no puede evitar sentirse muy solo, y que cuando intenta conectar con alguna de esas chicas guapas de Los Ángeles, acaba haciéndoles (mucho) daño. Un sujeto torturado porque esas mujeres no son objetos como los maniquíes de los que se rodea: ellas también son sujetos que no responden nunca por completo a sus deseos. Maniac no tiene miedo de ser desagradable y enfermiza. Tampoco esconde sus muchos referentes: El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920), Frankenstein (James Whale, 1931), Los crímenes del museo de cera (André de Toth, 1953), El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960) y en general, el giallo. También es inevitable pensar en el Archibaldo de la Cruz de Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955). Pero quizás el referente más obvio sea necesariamente Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960): la traumática relación con la madre es el origen de la conducta asesina; y la famosa escena de la ducha -hay una referencia directa en Maniac- también estaba contada en cámara subjetiva.


FRANKENSTEIN´S ARMY (RICHAR RAAPHORST, 2013)
El ejército de Frankenstein: con tan sugerente título, cualquier película estaría condenada a no cumplir, del todo, las expectativas. La historia está protagonizada por soldados rusos que durante la Segunda Guerra Mundial descubren un experimento nazi para crear supersoldados fusionando hombres y máquinas. La historia está contada según el (gastado) modelo del found footage, que no ofrece nada nuevo, pero tampoco molesta. El argumento es casi necesariamente lineal, con algunos giros sorpresa... que no lo son tanto. La mayor virtud de Frankenstein´s Army, lo que la hace muy simpática, es su tono decididamente pulp, y su divertido catálogo de criaturas steampunk. En alguna secuencia, incluso consigue elevar la intensidad del relato con algún momento terrorífico: cuando por error los soldados rusos reviven al primer monstruo de Frankenstein que encuentran.


WE ARE WHAT WE ARE (JIM MICKLE, 2013)
Somos lo que nuestro entorno ha hecho de nosotros. Cada grupo tiene sus pequeñas idiosincrasias, y la familia de We are what we are resulta que son caníbales. Una práctica tabú que lleva consigo un castigo bíblico-biológico:  el famoso prión del mal de las vacas locas. Como lo oyen. La película tiene alguna idea sugerente, como la inundación que devuelve los huesos de las víctimas de la familia a la superficie -cuando el río suena, huesos trae- pero se empeña en convertir La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) en un drama familiar. Y eso no es bueno.


SNOWPIERCER (BONG JON-HOO,2013)
En el futuro todo el planeta se ha congelado y los pocos supervivientes que quedan habitan en un tren que realiza un recorrido sin fin. Snowpiercer es una distopía extrañísima, una película pasillo que es prácticamente un travelling de 126 minutos en el que su protagonista (Chris Evans) realiza el más lineal de los trayectos posibles. En el tren de Snowpiercer hay dos extremos, y de un lado está la clase oprimida, que decide hacer la revolución y abrirse paso, literalmente, a hachazos hasta llegar a las clases sociales más altas, y al mismísimo jefe de todo: una especie de Mago de Oz llamado Wilford. En el final del viaje está el motor de la locomotora, que en el mundo de Snowpiercer equivale a Dios.