300: EL ORIGEN DE UN IMPERIO (NOAM MURRO, 2014)


La película 300 (2006) basada en el cómic de Frank Miller, y dirigida por Zack Snyder, era un divertido pastiche que aglutinaba todo lo que molaba en el cine comercial de los últimos años: seguía la moda del peplum de Gladiator (Ridley Scott, 2000), tomaba algo de las batallas de El Señor de los Anillos: Las Dos Torres (Peter Jackson, 2002), el bullet time de The Matrix (Los Hermanos Wachowski, 1999), y los cromas de Sin City (Robert Rodríguez y Frank Miller, 2005). La película tuvo un éxito enorme, y propició su propia progenie bastarda en las series Espartacus (2010) producidas por Sam Raimi, y también en Furia de Titanes (Louis Leterrier, 2010) e Inmortals (Tarsem Singh, 2011).

300: El Origen de un Imperio es al mismo tiempo precuela, secuela y spinoff de 300. O algo parecido. Si la primera 300 es una película compacta por la casi total unidad de espacio y tiempo -la mayor parte de la historia narra cómo los espartanos resisten apostados en el paso de las Termópilas para repeler a los persas- El origen de un Imperio se esmera en moverse mucho y en variar los escenarios: la gran novedad son las batallas navales.

La película se sostiene sobre una sola cara conocida, Eva Green, que parece prolongar su papel de la miniserie Camelot (2011), y que aprovecha las tres dimensiones para "sacar pecho". Ella es el principal atractivo de una película muy entretenida... cuando no se toma en serio a sí misma.

300: El Origen de un Imperio utiliza -demasiado- la voz en off para contar mucho en poco tiempo, tiene demasiadas soflamas sobre la importancia de luchar por la libertad, pero cumple las expectativas de los que esperábamos una explotación más desenfadada de la película original: destaca la secuencia en la que Temístocles (Sullivan Stapleton) cabalga sobre barcos durante la batalla naval.