DALLAS BUYERS CLUB (JEAN MARC VALLÉE, 2013)



Apoyándose en sus dos actores principales, Matthew McConaughey y Jared Leto -no hace falta decir que cada uno se ha llevado el Óscar- Dallas Buyers Club, basada en hechos reales, es un relato que se centra casi exclusivamente en el arco de  transformación del personaje protagonista, Ron Woodroof. De paleto homófobo a defensor de los derechos de los enfermos de SIDA, eso sí, empezando por los suyos propios.

Ron es presentado como un tío sin rumbo, machista, de vida sexual ajetreada, y adicto a las drogas. Un irresponsable que vive como si fuera inmortal. El descubrir que ha sido contagiado con el virus del VIH le enfrenta cara a cara con la muerte y con el absurdo de la existencia. Cuando comienza a vivir como si no hubiera mañana, cuando cobra conciencia de su mortalidad, es cuando encuentra -o se inventa- un sentido para su vida.

Hasta ese momento, Ron había sido parte de un grupo, el de los paletos texanos, con una moral y una idiosincrasia excecrables. Ron compartía la ignorancia de un grupo social que necesita tener muy claro que el homosexual es "el malo" que les permite reafirmar su hombría. Pura hipocresía por el temor a ser gay, Como suele ocurrir, cuando el paleto de Ron se ve obligado a conocer a esos "otros", descubre su error. Sólo consigue ver "la verdad" cuando rompe con el grupo que le protegía, pero limitaba su visión del mundo.

Las principales virtudes de Dallas Buyers Club son el compromiso total de sus actores, su voluntad feísta, y su esfuerzo anticlimático: la transformación de Ron de homófobo a defensor de su amigo gay Rayon (Jared Leto) ocurre en un supermercado; su victoria -moral- contra las farmacéuticas se nos cuenta en un simple rótulo; se nos escatima la escena de su contagio, y la de su muerte ocurre mucho después de lo que nos cuentan en el film...