TRANSFORMERS: LA ERA DE LA EXTINCIÓN (MICHAEL BAY, 2014)


-AVISO SPOILERS-

Steven Spielberg le dijo a Michael Bay que Transformers (2007) debería ser la historia de un chico y su primer coche. Dos secuelas más tarde, la nueva película de los personajes basados en juguetes de los ochenta parece ser un padre soltero -de clase obrera- que encuentra un camión.


La cuarta entrega de Transformers ofrece, básicamente, una mezcla de lo ya visto en las tres películas anteriores. Hay un interés renovado en los personajes humanos -como en la primera- trepidantes aventuras internacionales -como en la segunda- secuencias de acción cada vez más espectaculares -como en la tercera- y el número de robots que se pegan en pantalla sigue creciendo. El único problema es que meter todo eso en una sola película resulta agotador. Transformers: la era de la extinción dura 165 minutos, quizás demasiado para un producto veraniego que en el fondo debería ser de consumo rápido.


La fórmula del director, Michael Bay, sigue siendo la misma: largos movimientos de cámara al estilo publicitario, mucha banderita de Estados Unidos, chicas guapas, coches rápidos, y escenas de acción de escala colosal. Por el camino se ha dejado -afortunadamente- esa propaganda militar que tanto le gusta; ese montaje que impedía parpadear si queríamos seguir las escenas de acción; y el humor chorra que en esta entrega desaparece casi por completo: aunque ahí está esa parodia de Steve Jobs -ya anticuada- que es el personaje interpretado por Stanley Tucci, y que sirve de contrapunto para ese padre de clase obrera que interpreta Mark Wahlberg.


Lo mejor de Transformers: la era de la extinción son los dinosaurios robots -Dinobots, para los que crecimos en los ochenta- que sirven de prólogo y epílogo a la película. Lo peor de la cinta, que haya que esperar 120 minutos para verlos en acción.